Lágrimas ©Nasbly Kalinina

octubre 20, 2016

lagrimas

Lágrimas: ¿Cómo detenerlas?

lágrimas que afloran

para limpiar nuestra alma

sumergida en tinieblas.

 

De niños lloramos, sin miedo,

esperando un abrazo.

De adultos, somos juzgados,

si rompemos en llanto.

 

Lágrimas que aparecen solas

sin ser llamadas ni bienvenidas.

Son aquellas despreciadas

por una sociedad falsa y destructiva.

 

Lágrimas de libertad,

en esta prisión de soledad

en que los guardianes

nos abandonan sin piedad.

 

Lágrimas de lamento,

por los que sufren

más allá de nuestro entendimiento.

 

Lágrimas de sangre,

las de Jesucristo,

una noche antes de su tormento.

 

Lágrimas de un corazón roto

por tu indiferencia

ante aquella niña

que llora tu ausencia.

 

Lágrimas por un mundo

que necesita unirse y amarse

para ser salvado de las tinieblas.


Gritos ©Nasbly Kalinina

octubre 18, 2016

gritos-silenciosos

Gritos del silencio,

gritos desesperados,

ahogados y olvidados.

 

Gritos oprimidos

por quienes amamos

y nos hacen daño.

 

Gritos del alma

que se desesperan

ante tanta espera.

 

Gritos de ausencia,

de lamentos y resignación

ante todo aquello

que no se puede cambiar

por más que oremos de rodillas

pidiendo perdón.

 

Gritos ante injusticias,

desprecios y ofensas

al abogar por los débiles

víctimas de tanta indolencia.

 

Gritos solitarios,

ahogados y asfixiados.

 

Gritos de dolor y desesperación

en un mundo sordo,

inclemente e inhumano

que desprecia y olvida

a los más necesitados.


LILIAN TINTORI: ¿TE CASAS CON VENEZUELA?

agosto 30, 2016

Nasbly Kalinina

Preámbulo

Esta es la primera vez que me atrevo a publicar una historia biográfica sin la autorización previa de mi protagonista y la razón por la que me permito hacerlo es por el momento histórico que nuestro país está viviendo. Este jueves 1° de septiembre Venezuela necesita a todos los demócratas del mundo entero para alzar la voz por la libertad, la unión, la paz y sobre todo por la reconciliación de nuestro pueblo.

Vamos Venezuela que Dios y la Santísima Virgen nos han dado su bendición enviándonos sus ángeles para protegernos y desterrar al demonio de los corazones de nuestros opresores.

…..

lilian-tintori-610x378Era el 19 de septiembre del año 2024, Lilian Adriana Tintori de López se despertó antes de que salieran los primeros rayos del sol matutino, su corazón brincaba de emoción porque ese día su primogénita, Manuela Rafaela, cumplía quince años. Deseaba ser la primera en felicitarla por lo que se acercó a la puerta de la habitación de su hija para verla mientras dormía. Al mirarla en su cama, inocente y hermosa no podía creer que ya su niña era una señorita. Tenía una liga de sentimientos encontrados: por un lado estaba feliz por su cumpleaños pero por el otro se daba cuenta que los años habían volado y su pequeña pronto dejaría el nido en búsqueda de sus propios sueños. A su memoria comenzaron a llegar recuerdos del pasado y por unos minutos se perdió en ellos.

El rostro de Lilian reflejaba la madurez de sus 46 años y la sombra de tanto sufrimiento soportado en aquella ciudad de Caracas que representó una dicotomía en su vida. En ella nació el 5 de mayo de 1978, se graduó como licenciada en Educación Preescolar, sacó una maestría en Comunicación Política, trabajó como presentadora de radio y televisión, se consagró como deportista, se casó con su eterno amor Leopoldo López con quien tuvo a sus hijos Manuela y Leopoldo Santiago; pero también fue allí donde le arrancaron el corazón al separarla de su esposo quien fue encarcelado injustamente en Ramo Verde.

Viendo a su hija, Lilian sonrió al recordar sus propios años de soltería en los que su motor era el vivir cada día al máximo estudiando y haciendo deportes. Su padre oriundo de Buenos Aires se llenaba de orgullo al verla destacarse como toda una deportista mientras que su madre venezolana, católica y más tradicional oraba para que su hija fuera más femenina, se enamorara y formara su propia familia.

Para sorpresa de sus padres justamente el haberse destacado en el deporte como campeona nacional de kitesurf fue la razón por la que un día en el año 2003 le presentaron a Leopoldo Eduardo López Mendoza igualmente caraqueño, político, economista, quien le llevaba siete años de edad y era en aquel entonces el alcalde de Chacao con la necesidad de un asesor en deportes. Esa noche Leopoldo le habló de sus proyectos de vida, de su amor por Venezuela, de su carrera política y de cómo estaba siendo perseguido políticamente mientras que Lilian se sentía fascinada ante aquel hombre tan brillante, apasionado por la justicia social, además de apuesto y soltero.

Al recordar aquel momento tan maravilloso Lilian sintió la misma emoción de aquella noche cuando conoció a su alma gemela. Una combinación de torpeza con timidez, deseo por conocer más sobre él, ansiedad por el futuro a su lado, ganas de congelar aquel instante para seguir mirándolo con unos ojos brillantes de admiración, escuchar aquella voz que aumentaba los latidos de su corazón y contemplar aquella sonrisa que la hicieron ruborizar como niña.

Otro recuerdo la invade y esta vez fue en el año 2006 en que Leopoldo se arrodilló ante ella y le hizo dos preguntas: Lilian, ¿Te quieres casar conmigo?, ¿Te quieres casar con Venezuela? En aquel momento lloró de felicidad sin saber la magnitud del compromiso que estaba adquiriendo con aquella segunda interrogante. La boda se llevó a cabo el 19 de abril de 2007. Fue un evento maravilloso en el que el novio llegó con un liqui liqui blanco, la novia con un largo vestido que le destacaba la cintura y con un toque de orquídeas amarillas en el cabello, los niños del cortejo también se vistieron con los típicos trajes llaneros creando de esa manera una ceremonia totalmente venezolana. A las afueras de la iglesia la multitud los esperó para felicitarlos y llenarlos de bendiciones.

“Dos años después de la boda, llegaste tu mi hija adorada. Es increíble que luego de tenerte entre mis brazos tan frágil y pequeña ya seas toda una damita, una quinceañera” Le dijo Lilian a Manuela en su pensamiento, para no despertarla. “Luego llegó tu hermano, Leopoldo Santiago, en el 2013 para completar nuestra familia. Realmente nunca me imaginé que se podría amar tanto” y diciendo esto también en su mente recordó los sucesos del 2014 los cuales empañaron su felicidad al igual que a la de tantos otros venezolanos.

Lilian cerró los ojos, respiró hondo mientras sentía su cuerpo rígido y pesado ante las memorias que veía como escenas de una terrible pesadilla. Desde el 2013 Nicolás Maduro, el entonces ilegítimo presidente de Venezuela, había hecho público su deseo de encarcelar a Leopoldo por sus opiniones en contra del gobierno llenando de inquietud a Lilian  quien comenzó a orar todos los días por su esposo, con dos hijos pequeños pensar en algo así le aterraba. Leopoldo por su parte, siempre le levantaba el ánimo diciéndole que eso no sucedería. Que él estaba cumpliendo con su deber de líder político al expresar las molestias del pueblo venezolano el cual se sentía desamparado ante un nivel de delincuencia espeluznante.

Con ese argumento, Leopoldo López junto a María Corina Machado y Antonio Ledezma, también líderes opositores al régimen de Maduro, llamaron a tomar las calles en todo el país de forma pacífica para protestar por el alto nivel de inflación, la inseguridad y la escasez de los productos básicos. Ese llamado dio pie a que miles de personas, en su mayoría estudiantes, a nivel nacional comenzaran a manifestar su descontento al sentir que no tenían un futuro próspero y libre. Lastimosamente, la Guardia Nacional los reprimió fuertemente causando por lo menos 43 muertes razón de la que se valió el régimen de Nicolás Maduro para emitir una orden de captura en contra de Leopoldo acusándolo entre otras cosas de instigación pública, daños a la propiedad pública y asociación para delinquir.

Por varios días Leopoldo se escondió para tomar la decisión más importante de su vida: Huir con su familia y dejar a tras a su amada Venezuela, quedarse en la clandestinidad o entregarse para arrancarle la máscara al dictador ante el mundo entero. Durante ese período de meditación pasó el mayor tiempo con su esposa y sus hijos. Lilian se desvivió por complacerlo con un nudo en su garganta, con unas ganas reprimidas de llorar porque sabía que la decisión ya estaba tomada. Leopoldo era un hombre muy valiente y nada ni nadie le haría doblegar sus principios. Ella lo entendía, lo admiraba y apoyaba pero no por ello dejaba de sentir miedo ante aquella inminente entrega de su marido a un régimen déspota y egoísta.

Así el 18 de febrero de 2014 ante una enorme multitud rodeado de familiares, amigos y seguidores se entregó a las autoridades afirmando que Lilian le había dado mucha fuerza siendo su pilar para estar allí, que todo aquello era por todo el pueblo venezolano que estaba sufriendo, por los jóvenes y si su encarcelamiento valía para que Venezuela despertara definitivamente, bien valdría la pena. Pidió que siguieran en la calle pero de forma pacífica y que no perdieran la fe jurándoles, en nombre de todos los niños de Venezuela, que vencerían y que muy pronto tendrían una Venezuela libre y democrática.

Mientras hablaba Lilian estaba allí, a su lado, en silencio, sin darle credibilidad a lo que estaba sucediendo. Su esposo, su mejor amigo, el padre de sus hijos realmente se entregaba ante unos verdugos que podían matarlo dejando huérfanos a sus niños: Manuela de cuatro años y Leopoldo Santiago de uno. Sentía como si una espada cruzaba su corazón pero siguió firme, llenándolo de fuerza con todo el poder del amor que había crecido en ambos desde la misma noche que fueron presentados.

Aquella escena fue inolvidable no solo para Lilian sino para miles de venezolanos quienes lloraron de rabia y frustración por semejante injusticia. “¡No te entregues!” gritaban los presentes mientras toda Venezuela seguía de cerca aquel momento en que una familia que había sido inspiración para tantos era separada. Unos años a tras habían protagonizado un cuento de hadas cuando el alcalde más popular se casó con una famosa rubia, dulce y querida por todo el país. “Todos somos Leopoldo” gritaban una vez más las masas mientras Lilian sostenía con fuerza su rosario para no desmayar.

A partir de ese día, Lilian se transformó, pisó su dolor y se convirtió en una verdadera luchadora. Su fe en Dios, la disciplina aprendida en los deportes y el amor a su familia hizo que el Espíritu Santo la llenara de fuerza. Así comenzó su más dura batalla para rescatar a su príncipe azul, devolverle el padre a sus hijos quienes lloraron a su lado y sufrieron humillaciones por querer verlo en la cárcel de Ramo Verde. Ese dolor de esposa y madre la hizo transmutar en una heroína desafiando el régimen más cruel en la historia de Venezuela, cruzó las fronteras del país para abogar por todos los presos políticos. Gritó hasta que el mundo entero la escuchó ganándose la admiración de todos los demócratas y ayudó a miles por medio del programa Rescate Venezuela llevando al país  medicinas y comida en medio de una escasez alarmante de insumos médicos y alimentos.

Aquella nueva Lilian inspiró a muchas personas y la hizo ganar diferentes reconocimientos por su lucha por la paz, los derechos humanos y la democracia. Premios que recibió con una sonrisa en nombre de Leopoldo pero con el alma en casa añorando a sus hijos y deseando ser nuevamente la esposa y madre abnegada en su hogar apoyando la carrera de su marido y saliendo a nadar en el Orinoco en cada aniversario, prepararles la comida y ver a sus niños crecer al lado de su padre.

Las circunstancias hicieron a Lilian una guerrera, el apoyo de su familia y de todo un país le permitieron continuar en medio de las tensiones y las amenazas, las oraciones y bendiciones de millones de personas alrededor del mundo, principalmente de venezolanos en el exilio que deseaban regresar a su tierra, la llenaron de esperanza; pero fue su auténtico amor por la libertad no solo por los presos políticos sino de toda una nación la que hicieron de aquella mujer un ejemplo a seguir por las siguientes generaciones.

Leopoldo por su parte desde la soledad de su celda no solo la admiraba sino que cada día se enamoraba más de ella. Así un día durante aquellas visitas conyugales en las cuales solo podían susurrarse al oído para tener un poco de privacidad ante la presencia de un guardia que silbaba durante todo el rato le dijo: “Lilian, hace unos años al pedirte que te casaras conmigo te pregunté si te casabas con Venezuela y con los años entendí que esa interrogante fue equivocada porque al casarme contigo era yo el que se casaba con nuestro país. Eres valiente, soñadora, romántica, hermosa y valiosa como estas tierras que nos parieron por lo que TU ERES VENEZUELA al igual que todas las mujeres quienes aman y luchan con pasión por una patria libre y próspera por ello apenas salga de aquí lo primero que quiero hacer es volver a casarme contigo. Eres el amor de mi vida, sin rivalidades entre tú y el país porque ustedes dos son un mismo ser, Venezuela vive en ti y tu vives en ella, una no puede separarse de la otra y seré el hombre más afortunado del mundo si me aceptaras nuevamente como tu compañero por el resto de la eternidad”.

Esas palabras la hicieron volar en una nube convirtiendo aquella sucia celda con un colchón mal oliente y llena de cucarachas en un jardín de flores. Sus penas fueron olvidadas y con un beso sellaron nuevamente su amor inmortal. Una escena que en diferente circunstancia hubiera causado la envidia de muchas personas quienes nunca han encontrado esa alma gemela que les haga temblar hasta la última célula de su cuerpo.

Ante aquella memoria, Lilian abrió los ojos, sintiéndose muy dichosa y sobretodo muy bendecida. Su hija se despertaba y corrió a felicitarla. Manuela se sintió la quinceañera más feliz del planeta porque aquella noche no solo iría con toda su familia a darle gracias a Dios por su cumpleaños sino que también bailaría el vals con sus abuelos, su hermano y con el hombre más importante en su vida: su papá, Leopoldo López, quien hacía años estaba en libertad reorganizando el país junto a todos los venezolanos demócratas: Ledezma, Capriles, Machado, Allup…

En medio de toda esa felicidad, Lilian no dejó a un lado su trabajo social, por suerte ya no tenía que viajar con tanta frecuencia al exterior y cada domingo salía a correr con miles de personas que llegaban desde todo el país para compartir un rato con ella, Leopoldo y sus hijos quienes ya eran todos una atletas al igual que sus padres. Subían hasta el Cerro el Ávila desde donde contemplaban aquella Caracas soñada que aun demostraba las heridas causadas por un hombre quien llegó al poder para dividir a un pueblo y quien al morir dejó como heredero a un tirano.

En la cúspide, Lilian pedía orar por los abatidos tanto de la oposición como del oficialismo durante aquellos años de represión, por la unión de las familias y la reconciliación plena del país dejando atrás todo aquello que distinguió a unos venezolanos de otros…mientras, los ángeles caídos susurraban sonriendo: Fuerza y Fe.


PATRICIA ANDRADE: ALGO MÁS QUE MISERICORDIA

abril 24, 2016
Madre:
 Porque me pariste te amo,
Porque me acogiste te aclamo.
Hoy tengo dos madres:
Una que está agonizando,
Y otra que me ha adoptado.

      12931027_10154794612829899_5340607029699089182_nAna María Montilla e Inés Gabriela Araujo Dickens se conocieron durante el tour de quinceañeras que hicieron en el año mil novecientos noventa y cuatro. Siendo la primera colombiana y la segunda venezolana se sintieron sumamente identificadas a nivel cultural y desde entonces se hicieron muy amigas manteniéndose en contacto, en principio a través de cartas, y más adelante por medio de las redes sociales. Así un día durante el mes de febrero del año dos mil dieciséis Ana María le envió el siguiente correo electrónico a Inés Gabriela:

“Querida Inés Gabriela: Te tengo una historia maravillosa para tu nuevo libro. Una amiga mía llamada Patricia Andrade es una mujer increíble que debes de incluir en tus biografías de venezolanos en el exilio. Ella es la creadora de la fundación Venezuela Awareness cuyo principal propósito es promover la democracia y los derechos humanos por lo que cada año viajo a Miami un par de semanas para ayudarla y apoyar a tu pueblo por medio de este grupo de compatriotas tuyos que están organizadas en Estados Unidos. El trabajo de Patricia es extraordinario pero antes te explicarte más a fondo sobre lo que hace te voy a contar sobre cómo nos conocimos.

     Resulta ser que en el año mil novecientos noventa y nueve cuando regresaba a Bogotá desde Miami me tocó parar en Caracas. Recuerdo que el vuelo estaba un poco vacío y con el cansancio del trabajo realizado en Estados Unidos traté de dormir pero unos niños que estaban sentados a mi lado no me lo permitieron. Estaban tan contentos porque iban a visitar a sus abuelos en Venezuela que no dejaban de cantar teniendo que resignarme a escucharlos. Sus padres muy apenados al ver mi cara de cansancio trataron de calmarlos sin éxito. Pedí un café y les dije que no se preocuparan. Nos presentamos y les hablé sobre mi voluntariado en ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados). Patricia quedó fascinada con mi labor social por lo que intercambiamos nuestros datos para mantenernos en contacto.

     Ese viaje fue divertidísimo porque sus hijos eran bien alegres, de hecho, cuando ya estábamos por aterrizar en Venezuela Patricia les dijo a sus niños que esas montañas que veían eran La Guaira a los que ellos contestaron felizmente Hawái. Patricia al pensar que no le habían escuchado bien les repitió que era La Guaira pero ellos insistieron a coro que era Haaaaaaawái. Lo que al resto de la tripulación nos causó mucha gracia.

     Durante ese viaje aprendí que Patricia nació en Puerto Ordaz, estado Bolívar, ciudad sureña venezolana en donde se encuentran los parques naturales de La Llovizna y el de Cachamay en el que se pueden disfrutar las caídas de agua del río Caroní. Ella proviene de una familia católica amplia y muy unida. Sin embargo, al casarse se fue a los Estados Unidos para acompañar a su esposo quien realizó su formación universitaria en Georgia.

     Desde que se mudó a Miami sus viajes a Venezuela para reunirse con sus abuelos, tíos, primos y amigos de siempre habían sido frecuentes. De tal manera que ese vuelo en que la conocí fue uno más de los que continuamente realizaba mientras que para mí fue un simple paso para volver a mi casa en Bogotá. En ese momento no tenía idea que estaba conociendo a una de las mujeres que más he admirado en mi vida. Y es que Patricia es así, natural, solidaria, amistosa, cordial, luchadora y sobre todo con un espíritu misericordioso que le ha permitido ganarse el respeto de quienes, como yo, hemos tenido el gusto de conocerla.

    Un par de meses después de ese viaje la llamé a su celular. Imagínate en ese tiempo aun matando fiebre con esos teléfonos que hoy en día son tan indispensables como nuestras tarjetas de crédito. En esa conversación, Patricia me contó que al partir de Puerto Ordaz le entraron unas ganas de llorar incontrolables a lo que su esposo tuvo que consolarla recordándole que pronto volverían porque siempre iban una o dos veces al año. No le dije nada, pero me pareció que eso fue un mal presentimiento y en efecto, el tiempo me dio la razón, porque en el año 2003 Nicolás Maduro quien entonces era el presidente de la Asamblea Nacional la acusó como miembro de la CIA por lo que no pudo volver a Venezuela; empezando así su autoexilio.

     A pesar de que ya era ciudadana americana, luego de aquellas declaraciones de Maduro junto a Cilia Flores, y posteriormente reafirmadas por Chávez y Diosdado Cabello en sus respectivos programas televisivos, entendió que nada ni nadie le garantizarían su libertad e integridad física en el territorio venezolano.

   Y es que en la era de Chávez el protestar dentro y fuera de Venezuela era un delito, así los espías del régimen fueron reseñando a las personas que se manifestaban abiertamente como opositores. Inocentemente, Patricia se empeñó en darse a conocer entre los venezolanos porque en aquellos años esa comunidad que residía en Miami era muy pequeña y la mayoría de las personas provenían de Caracas. En cada protesta estaba ella, dando la cara por el país y organizándose con otros venezolanos anónimos entre los que se ligaron simpatizantes y agentes encubiertos.

    Desde que entendió que a Venezuela no podría volver se sintió huérfana de madre porque a pesar de que Estados Unidos la había adoptado abrigándola dentro de un sistema de instituciones sociales que sí funcionan como la educación, seguridad, salud…; no era igual, la felicidad jamás volvió a ser completa porque ya no podría volver a los brazos de la madre que le había dado la vida, sentimiento que se agudizó en el año dos mil catorce en que murió la viejita que la había traído al mundo y a quien no pudo visitar para darle el último adiós.

     A pesar de que es una víctima más del exilio, Patricia no descansa en su lucha por conseguir la libertad de los presos políticos y de ayudar a los venezolanos que han llegado a Estados Unidos huyendo de las violaciones a los derechos humanos que se han incrementado con Nicolás Maduro, quien para mi pesar y las de muchos de mis compatriotas, se dice que es colombiano.

     Patricia ve con gran preocupación que Venezuela vive una guerra espiritual en la que se ha sustituido a Dios y a la Virgen por el dios poder y el dios dinero por lo que no descansa en demostrar su misericordia ante los que sufren persecución, carecen de comida y trabajo. Para ella el regreso de los principios y valores es fundamental en la construcción de un mejor país y la solidaridad no es una palabra es un acto que se contagia a través del ejemplo.

     En cuanto a los venezolanos que llegan a Estados Unidos, que hoy en día les toca dormir hasta en el piso, les recuerda que tienen que adaptarse y ser agradecidos sin olvidar a la patria que se ha dejado atrás y con la esperanza de que sus hijos luchen para devolverle la salud perdida por aquella enfermedad llamada comunismo.

     Así que mijita si usted no escribe la historia de Patricia Andrade su libro sobre los exiliados va a quedar muy soso porque el trabajo realizado por esta mujer ha servido principalmente para arrancarle la careta al difunto Chávez y posteriormente a sus herederos quienes han violado los derechos humanos en un sistema no democrático. Le recomiendo además que vaya a la página web de la fundación Venezuela Awareness para que se documente mejor sobre su trabajo en que también se mantiene viva la memoria de las personas que han perdido la vida por oponerse al régimen de Nicolás Maduro.  

     Bueno, con este abrebocas sobre la vida de Patricia me despido para que lo vayas pensando, cualquier cosa me avisas y te pongo en contacto con ella.

     Besitos, Ana María”

 

Luego de leer ese correo, Inés Gabriela, le agradeció a su amiga colombiana por haberle introducido a Patricia Andrade y desde ese momento comenzó a investigar sobre las actividades  de aquella venezolana quien se había ganado la admiración y respeto de Ana María.  Al buscar información en internet descubrió que en el año dos mil diez Andrade había sido escogida como uno de los cien latinos más influyentes en Estados Unidos y en el dos mil doce recibió una distinción de parte del Congreso de los Estados Unidos de América por su defensa de la democracia y los derechos humanos en Venezuela.

Ante aquel hallazgo, Inés Gabriela se apresuró en llamar a su paisana para contactar una cita y conocerla en persona. El encuentro entre ambas se dio una tarde en un restaurante en el Doral cercano al depósito donde almacenaba las donaciones de Venezuela Awareness Foundation (VAF) y que luego eran distribuidos entre las familias venezolanas que recién llegaban al país. Al encuentro Patricia asistió con una de sus mejores amigas llamada Carol Quintero quien también era una activista venezolana-americana quien representaba a los Venezolanos Voluntarios Anónimos en Miami (VEVAM).

Ambas mujeres cautivaron a Inés Gabriela con su sencillez y amabilidad, contestando todas las preguntas que tenía para Patricia y que luego fueron incluyendo también a Carol.

—Patricia: ¿Por qué reconocieron su trabajo en el Congreso de los Estados Unidos?              —Inquirió Inés Gabriela quien ya sabía la respuesta porque la había leído en la Internet pero quien deseaba escucharla directamente de la boca de su nueva muza.

—La distinción me la dieron de la mano del Congresista Republicano por la Florida, Mario Diaz-Balart, por la defensa de los Derecho Humanos en Venezuela y constante lucha en contra de los abusos del régimen del ya fallecido Hugo Chávez lo cual ha servido para quitarle la careta a ese sistema político que le ha destruido las esperanzas a los venezolanos de tener un futuro de libertad y prosperidad.

—¿Qué la hizo emprender esa labor dentro de las comodidades de este país tan lejano siendo ya usted ciudadana americana? —preguntó Inés Gabriela, esta vez, tratando de descubrir las verdaderas intenciones de Patricia: ¿sería que no era solo altruismo lo que movía a esa mujer?,  ¿Dinero?, ¿Poder?, ¿Fama? ¿Qué había detrás de todo aquel trabajo tan desgastante tanto mental como físicamente?

—El amor a mi madre patria porque desde que llegué aquí tengo dos madres: Venezuela porque fue el país que me parió y Estados Unidos porque fue el país que me adoptó. Cuando se emigra, no podemos olvidar nuestras raíces y menos cuando la madre que nos parió está agonizando y tantos hermanos están sufriendo la oscuridad, el frío y soledad de las cárceles por tan solo tratar de protegerla. Hoy en día Leopoldo López es la cara visible de quienes como él han luchado por la libertad de Venezuela. Génesis Carmona, la ex reina de belleza, es apenas unos de los rostros de los tantos caídos por protestar. José Antonio Colina y Gisela Parra son dos de los miles de exiliados que han tenido que huir para no correr con la misma suerte de López o Carmona. Cuando realmente se ama, es imposible tener tranquilidad cuando el objeto de nuestro amor está sufriendo tanto. Cuando se ama ningún sacrificio es suficiente. Pero sobre todo, cuando realmente se cree en Dios y en la Virgen las oraciones se vuelven en acciones y la felicidad es la lucha por la salvación de todas las almas —Sentenció Patricia mirando fijamente a una Inés Gabriela que se sintió apenada por haber dudado de la buena fe de aquella noble mujer luchadora, emprendedora y con una clara escala de valores morales que la han hecho brillar en su carrera de defender a los más necesitados.

—En la larga lista de presos políticos y personas torturadas que maneja la fundación que creé  en el año dos mil cuatro —Continuó Patricia— se encuentran no solo protestantes sino también ciudadanos que alimentaron a los estudiantes que se pronunciaron en contra del régimen y hasta abogados que los asistieron. Un trabajo nada fácil porque hasta hace poco el mundo aseguraba que en Venezuela había democracia cuando en realidad Chávez y posteriormente Maduro han sido más crueles con sus opositores que Marcos Pérez Jiménez lo que se evidencia no solo con los brutales ataques de los policías nacionales, militares y hasta cubanos encubiertos en contra de los manifestantes si no también, con los casos de desaparecidos y ajusticiados que han proliferado especialmente desde las protestas del dos mil catorce; y ni hablar de las constantes llamadas que los estudiantes fichados reciben en las que se les advierte que no sigan protestando pues, esa es la nueva modalidad de persecución y amenaza. Con ese escenario tan sombrío, ¿Cómo callar?, ¿Cómo quedarme con los brazos cruzados? Estudié Derecho no para colgar mi título en la pared sino para defender las causas en las que creo y la libertad de Venezuela es sin duda mi mayor desafío —dijo una Patricia segura de sí misma y esperanzada en que mejores tiempos vendrán para aquella tierra de gracia. Sentimientos que Inés Gabriela compartía plenamente porque la fe había sido la virtud mejor aprendida y heredada de su familia al igual que su amor no solo por sus compatriotas si no por los seres humanos en general.

—A las afueras de este restaurante se encuentra un busto de nuestro Libertador y a su lado Patricia junto a un grupo de voluntarios han puesto unas cruces con el nombre de cada uno de los caídos durante las protestas del dos mil catorce y cada mes le trae flores para mantener vivo el recuerdo de estos valientes e inocentes venezolanos que salieron un día a alzar su voz por una mejor Venezuela, así mismo, ella ha organizado jornadas de asesoría legal para educar a la comunidad venezolana para que no sigan siendo víctima de las constantes estafas de abogados inescrupulosos que se están aprovechando de la desesperación con la que llegan a Estados Unidos por la falta de alimentos, medicamentos, inseguridad y persecución. De igual forma, Patricia siempre ha promovido la ciudadanía entre los residentes latinos porque con ello podemos votar y evitar la deportación —Comentó Carol a la vez que saludaba a una mujer hermosamente vestida con una falda con la bandera venezolana, sombrero típico y un par de corazones en sus mejillas y quien se llamaba Diana Rivaz, mejor conocida por sus amigas como Maraquita, por su flamante vestimenta con la se paseaba por toda la ciudad del Doral o Doralzuela porque es casi como vivir en Venezuela.

Inés Gabriela quedó tan fascinada con este trio de mujeres venezolanas que se tomó varias fotos con ellas para compartirlas en las redes sociales y presentarlas con gran orgullo como sus nuevas amigas aunque sabía que se llevaba un reto entre sus manos pues el resumir la vida de Patricia Andrade en un par de páginas no sería tarea fácil.

 

 

 


JOSÉ ANTONIO COLINA: SOBERANÍA, JUSTICIA Y SOLIDARIDAD

abril 3, 2016

1610004_913761988672343_7975379593468977901_nEra el diecisiete de abril del dos mil catorce y la señora Gisela Pulido se encontraba en la habitación de su hijo José Antonio quitándole el polvo a las fotos que colgaban sobre una de las paredes. En una de ellas se observaba a un subteniente esbelto con su uniforme de gala azul quien posaba orgulloso al lado de sus padres al graduarse de Licenciado en Ciencias y Artes Marciales, en otras se revivían momentos en los que recibió varios de los tantos reconocimientos por su destacada labor como estudiante, no en vano se había graduado Magna Cum Laude en su especialización en Seguridad y recibió muchas condecoraciones durante su ejercicio militar.

Gisela al igual que su esposo Antonio Colina se sentía muy honrada al tener a un hijo tan excepcional, sin embargo, ese día en que su tesoro estaba cumpliendo cuarenta años no pudo evitar llorar en la soledad de aquella fría habitación que se hacía cada año más enorme por la ausencia de aquel con quien Dios le había dado la dicha de ser madre y que por defender sus principios tuvo que huir a Miami para no ser injustamente encarcelado por el gobierno.

—Vieja: ¿Qué hace llorando? Feliz y agradecida es lo que debe de estar porque nuestro hijo está libre por los miamis y no en las manos de unos verdugos que ya hasta nos lo hubieran matado. Vaya y lávese esa cara que ya están por llegar la niña María Eugenia y el joven Víctor Manuel con los regalos que nos mandó nuestro muchacho— Ordenó el señor Antonio disimulando el dolor que él también sentía. Ya eran más de diez años sin ver a José Antonio y por más que quisieran evitarlo su ausencia ya les apretaba el pecho a ambos. Así luego de ver salir a su esposa de aquella helada habitación, no por el frío si no por el vacío que había dejado su pequeño, se permitió bajar la guardia con un profundo suspiro cargado de amor ante aquellos recuerdos que se habían transformado en anhelo de volver a ver y abrazar a su tan extrañado retoño.

A eso del mediodía María Eugenia Escalona les tocó la puerta de su casa. Ella y Víctor Manuel habían conocido a José Antonio Colina durante las protestas en la plaza Altamira y desde entonces se habían hecho muy buenos amigos. En aquella oportunidad iban a visitar a los esposos Colina para entregarles unos regalos que les había enviado su hijo desde Estados Unidos. María Eugenia acababa de pasar un par de semanas en aquel país donde se actualizaron con las noticias del gobierno venezolano.

—¡Buenos tardes, señora Gisela y señor Antonio! ¿Cómo están? Espero que bien, por aquí les traigo los regalitos que les mandó su hijo—. Los saludó María Eugenia con un abrazo y un beso a ambos.

—¡Buenos tardes mi niña! Tú siempre tan encantadora y risueña. Ven, pasa y siéntate por aquí, a mi lado, para que me cuentes cómo viste a mi muchacho— Comentó Gisela mientras combatía con sus lágrimas de emoción ante la mirada controladora e imponente de su marido.

—Con mucho gusto, pues a eso he venido; pero antes les voy agradecer que me den un vasito con agua porque Víctor Manuel me tiene dando vueltas desde esta mañana. Cuando le dije que venía a verlos se empeñó en traerme para aprovechar y correr un rato en el complejo Los Criollitos. Ya sabe que él es fanático del béisbol y aunque no sabe ni como agarrar un bate se llena de orgullo con tan solo pisar el mismo terreno donde se formaron Bob Abreu, Andrés Galarraga y Omar Vizquel. Allá lo dejé y me vine, cuando vi la hora no quise perder ni un minuto más para traerle la encomienda de José Antonio.

—Yo se lo dije a mi vieja. La niña María Eugenia va a llegar a las doce en punto porque ella estudió en ese colegio inglés tan prestigioso llamado San Joaquín y Santa Ana y los que allí se forman salen muy responsables y puntuales— Comentó el señor Antonio para luego ordenarle a su esposa que le trajera el agua a la invitada a lo que esta obedeció con gran emoción trayendo a además unos sánduches de jamón y queso para compartir mientras hablaban.

—Muchas gracias a ambos. Ahora sí, les cuento que José Antonio está más radiante que nunca, ya saben que es un luchador incansable, capaz de levantarse de cada caída por muy dura que sea y de ayudar a otros a hacer lo mismo. Es precisamente por ese afán de auxiliar a sus compatriotas que creó la fundación conocida como VEPPEX que significa Venezolanos Perseguidos en el Exilio el cual tiene como fin principal el reunir a todas las personas perseguidas por este régimen socialista del siglo veinte uno y que se encuentran en el sur de la Florida para trabajar juntos y derrotar este sistema totalitario fracasado. No les niego que duerme poco. Equilibrar su trabajo como jefe de almacén de una compañía para poder subsidiar sus gastos personales mientras lleva las riendas de esta organización requiere de mucho esfuerzo de su parte, pero ya lo conocen; le gusta emprender misiones de carácter transcendental y generalmente peligrosas así que estas actividades las ha ejercido con la responsabilidad y seriedad que lo caracterizan. De hecho, creo que es ese dinamismo el que lo mantienen en forma de cuerpo y mente pues, me parece increíble lo bien que está luego de todo lo que ha tenido que vivir— Enfatizó María Eugenia mientras recordaba que su amigo había sido acusado de terrorista por el gobierno de Hugo Chávez Frías al responsabilizarlo de las explosiones de las bombas en el consulado de Colombia y la Embajada de España en Caracas razón por la que tuvo que huir a Colombia donde permaneció por treinta días en donde los paramilitares le hicieron saber que no estaba a salvo teniendo que irse a pedir asilo a los Estados Unidos.

En efecto, José Antonio Colina fue víctima de la venganza de Chávez por haber sido uno de los militares que en el dos mil dos en la plaza Altamira le exigieron la renuncia a su comandante en jefe. A Colina no le gustaba que el presidente usara a la Guardia Nacional para reprimir a la población cuando habían pequeñas manifestaciones y a pesar de que no lo conoció en persona participó en una conspiración para impedir que ganara las elecciones.

A su llegada a los Estados Unidos fue detenido por los agentes de inmigración y encarcelado por dos años y cuatro meses debido a las acusaciones que pesaban en su contra. Por esa misma razón no le dieron el asilo político pero le dieron una protección de las Naciones Unidas contra la tortura porque el juez a cargo de su caso determinó que su vida corría peligro si lo regresaban a Venezuela. Esa condición es la que le permite vivir en los Estados Unidos hasta que cambie la situación política en Venezuela.

En la prisión del condado de Wakulla en la Florida, donde fue recluido, se ganó el respeto de los otros detenidos gracias a sus habilidades en el baloncesto el cual ha sido siempre su deporte favorito. Mientras jugaba con los reclusos recordaba a sus amigos del barrio con quienes pasó mucho tiempo mejorando sus habilidades en este juego y quienes ya estaban muertos debido a que eran delincuentes o drogadictos. Sabía que la diferencia entre ellos y él era que venía de una familia bien establecida en la que el padre le exigió siempre mucho orden mientras que su madre le inculcó una verdadera fe en Dios. Enseñanzas que no solo lo salvaron de caer en malos pasos durante la adolescencia sino que también lo ayudaron a tener la fuerza para mantener sus principios durante aquellos años de soledad y encierro.

—José Antonio es un digno reflejo de la educación que le dieron sus padres y un ejemplo a seguir para los jóvenes sobre todo para aquellos quienes creen que las personas que provienen de clase baja no tienen otro camino si no la miseria y el vandalismo. Como sociólogo el conocer estos casos reales de personas emprendedoras capaces de renacer desde el agobio de la clandestinidad y de la cárcel es un tema de estudio y en lo personal me llena de mucho orgullo contar con individuos así entre mis amistades pues mi abuela Ana Mercedes siempre decía que más valía tener pocos amigos que con su ejemplo nos mostraran el buen camino a seguir que el estar rodeado de aduladores que nos guiaran hacia la maldad y a nuestra propia destrucción —Comentó Víctor Manuel quien había llegado justo cuando María Eugenia comenzaba a poner al día a sus anfitriones de su único y amado hijo José Antonio Colina.

—Su abuela era una sabia. Definitivamente, es mejor estar solo que mal acompañado. En cuanto a nuestro hijo sabemos que para él, el país está primero, porque sin país no hay familia, no hay nada. Por eso desde aquí cuenta con nuestro apoyo incondicional porque a pesar de lo duro que sabemos que le ha tocado durante su exilio allá puede hacer mucho más que desde aquí donde quizás ya nos lo hubieran matado— Dijo el señor Antonio sin disimular lo mucho que extrañaba a su hijo.

El tiempo pasó volando y la tertulia se extendió hasta eso de las cinco de la tarde cuando María Eugenia le entregó las medicinas y los regalos que José les había enviado. Sin olvidar que el único temor de su amigo era no encontrarlos con vida. De esta manera se despidieron con un fuerte abrazo. Ya montados en el carro, Víctor Manuel le pidió a María Eugenia hacer unos minutos de oración para pedirle a Dios y a la Virgen que el sueño de Colina de que nunca más un venezolano tuviera que irse del país porque otro lo quiera se hiciera realidad muy pronto porque él mismo no se podía imaginar estar lejos de sus seres amados sin tener la posibilidad de volver a verlos hasta que los culpables de su desdicha desaparezcan en la clandestinidad del olvido debido al trauma causado por su incompetencia para regir a un estado al que dividieron para hundirlo en llanto.

Nasbly Kalinina.

 


FREDDY MOROS: FLORES PARA UNA DAMA

marzo 27, 2016

FLORES PARA UNA DAMA

Anoche tuve un sueño en el que viajé en el tiempo. Fui al estado Táchira, tierra de grandes guerreros. Llegué a Capacho donde nació el ex presidente Cipriano Castro. Disfruté de la fresca brisa que movía mi cabello y que despejaba mis pensamientos, me sentí como en un paraíso donde la paz se apoderó de mi alma al ver aquella gente cordial, amistosa, inocente y piadosa, llena de tradiciones y esperanzas.

Debido a que siempre me han gustado los niños sentí curiosidad de conocer la maternidad Ana Cleotilde G. de Díaz y estando allí me encontré con un señor llamado José Fernando Moros Rodríguez quien esperaba con su esposa María Ana Ilde Delgado el nacimiento de su nuevo hijo. Estando con ellos me sentí protegido y una emoción indescriptible se apoderó de mi cuerpo haciéndome olvidar del lugar en que me encontraba. La dicha que había en la mirada de aquel hombre me cautivó tanto que decidí quedarme a su lado.

A sus sesenta y siete años José Fernando ya tenía junto a su esposa diez hijos y la llegada del nuevo miembro de la familia era tan importante como la de su primogénito, amaba a su familia con locura, a ella se entregó por completo, así aquel tres de septiembre del año mil novecientos sesenta y cinco cuando por primera vez tuvo a su pequeño entre sus brazos lo llamó con gran orgullo Freddy Antonio. Luego, me enteraría que el segundo nombre fue en honor a su tío Pablo Antonio quien sería el abuelo de un hombre que la historia recordaría como Nicolás Maduro Moros.

Debido a la magia de los sueños luego me encontré en una habitación donde José Fernando dormía con un niño como de ocho años, al principio dudé, pero cuando abrió los ojos supe que se trataba de Freddy Antonio, estaba tan feliz al lado de su padre a pesar de la ausencia de su mamá quien se había ido a la ciudad de Caracas para trabajar como interna tres meses después de su nacimiento.

Cuando María Ana Ilda reunió suficiente dinero volvió a Capacho para cuidar de sus hijos y de su esposo quien viejo y cansado se había consagrado a sus retoños. María Ana Ilda compró una finca en San Cristóbal e invitó a varios de sus primos colombianos a trabajar la tierra, ellos quienes la conocían como Barbara Orjuela Puentes por ser este el nombre que le dieron sus padres al nacer, pero que fue cambiado por la familia venezolana que la adoptó cuando llegó con su prima huyendo de las continuas guerras internas que agobiaban al vecino país, comenzaron a llamarla doña Barbara por su fortaleza al dominar aquella cantidad de hombres quienes trabajaban para ella.

A la finca los esposos Moros se llevaron a sus tres hijos menores Gerso, Freddy e Ildemar, la última niña nacida dos años después de Freddy Antonio. En aquel lugar los críos disfrutaron de la naturaleza, aprendieron como se siembra el maíz, la yuca y como se producía el carbón vegetal, pero la Escuela Básica Juvenal Carrero, en la que estudiaban estaba a una hora de larga caminata por lo que María Ana y José Fernando preocupados por la educación de sus hijos decidieron que lo mejor era que José Fernando volviera a Capacho con ellos mientras que María Ana se ocupaba del manejo de la finca.

Freddy Antonio era feliz en cualquier lugar que se encontrara con su padre pues desde su nacimiento se habían vuelvo inseparables, por eso aquel día en que se vieron obligados a separarse por el estado de salud de don José, Freddy Antonio perdió su sonrisa cautivadora e infantil que hacía derretir hasta al más tosco del pueblo.

El cuatro de julio de mil novecientos setenta y cuatro a eso de las diez y treinta José Fernando murió de un infarto. Los hijos fueron repartidos entre los familiares y a Freddy Antonio lo llevaron a estudiar en un internado en Rubio llamado Escuela Granja Nacional el Rodeo. Sentí mucha rabia, miedo y ganas de proteger a ese niño al que vi nacer rodeado de tanto amor y quien ahora se encontraba abandonado sin el calor de sus padres.

María Ana Ilda Delgado viuda de Moros vendió su propiedad y se fue a Bucaramanga llevándose solamente a su hija menor. Esa decisión terminó de hundir en la soledad al pequeño Freddy Antonio quien desde entonces, sin su padre, era cuando más necesitaba de una madre con quien no había compartido mucho pero quien no dejaba de ser la mujer que le dio la vida y por tanto a quien le correspondía limpiar sus lágrimas de niño huérfano de padre. Al ver aquello intenté despertarme pero no podía abrir los ojos ¡Me sentí en una pesadilla! Me revolqué en la cama de un lado al otro sintiendo un gran dolor en el pecho con ganas de abrazar y proteger aquel frágil ángel quien suplicaba por cariño.

Respiré hondo y aun dormido vi que pasó el tiempo, Freddy Antonio ya era un hombre, estudiaba en la universidad cuando su madre llegó con una fibrosis en el estómago, sus hijos la llevaron a una clínica en que se contaminó sin que nadie lo supiera, luego de la operación la dieron de alta y al quejarse por el dolor creyeron que era propio de la cirugía que había tenido por lo que no pidieron ayuda a tiempo muriendo en agosto del año mil novecientos ochenta y cuatro. De nuevo sentí un dolor en el pecho, el joven Freddy Antonio lloraba por su madre a pesar de no haberla disfrutado como hubiera deseado, a la final por ella estaba en este mundo y nadie podía dudar que sus lágrimas eran de sincero duelo.

Pausa…dormido escuché la voz del silencio, hubo oscuridad y luego vi a un profesor, algunas voces me decían que era algo mujeriego, sin embargo; a temprana edad se enamoró perdidamente de una joven blanca de ojos azules, hermosísima, de su pueblo. Freddy Antonio ya era padre de dos hermosos niños a quien orgulloso como el viejo José Fernando llamó Freddy Alejandro y Rafael Mauricio. Sentí que aquel hombre por fin volvía a ser feliz durmiendo con sus hijos en la ciudad de Caracas como él junto a su padre   lo hizo en aquel Capacho de anteaños resguardado en su memoria.

Volví a sentir paz. Quise seguir soñando para quedarme en un momento tan especial pero el tiempo pasa e incluso en los sueños tenemos que enfrentarnos con acontecimientos no muy agradables y así llegaron las elecciones de mil novecientos noventa y ocho. Freddy Antonio harto de los políticos gobernantes votó por el militar popular de aquellos tiempos y luego le reafirmó el poder apostando por el referéndum. ¡Quise evitarlo!, le grité desde lo más profundo de mi ser para que no cometiera ese error. Le supliqué que no callera en la torpeza de tantos ciudadanos quienes por rabia, ceguedad o euforia, decidieron entregarle nuestro país a un vengador para que condujera el barco a un puerto seguro o lo terminara de hundir.

¡No me escuchó! Por más que lo intenté no pude evitar que confiara en ese monstruo, ese bandido disfrazado de corderito quien con mucha audacia convenció a millones para que apoyaran su plan comunista. Por primera vez me sentí avergonzado de aquel a quien había visto nacer, crecer y convertirse en hombre y quien ahora teniendo el poder de votar por un civil lo hacía por un militar. Quise despertar y olvidarme de ese absurdo sueño que en un instante se había vuelto pesadilla.

Me volteé y abrace mi almohada muy fuertemente, respiré profundo y me volví a encontrar con otro Freddy Antonio desdichado a causa de que su hogar perfecto se había terminado. No soporté la curiosidad y seguí durmiendo para descubrir por qué un matrimonio tan bello se había acabado, se conocían desde muy jóvenes, se amaban con locura, tenían dos hijos hermosos, por lo que me pregunté mil veces: ¿Qué había pasado?  Si una relación tan mágica llegaba a su fin cualquier otra también podría terminar. Lo que me causó profunda tristeza.

Freddy Antonio abatido y desesperado viajó a Estados Unidos para estudiar, cambiar de ambiente y apaciguar su dolor. Sus hijos tenían siete y cuatro años, y el amor de padre le oprimía el pecho por sentir que les había fallado, que por mucho que había deseado brindarle el hogar perfecto la relación con su esposa se había hecho intolerable teniendo que divorciarse. La liga de sentimientos me estresó. De nuevo quise despertarme, me sentía asfixiado, la cabeza me daba vueltas y me sentí débil, muy débil…

Volví a voltearme en la cama y al hacerlo vi a Freddy Antonio cargando a una hermosa niña a quien había llamado Elizabeth Star y quien vino a iluminar su vida. Nunca había sentido tanto amor por un ser del sexo opuesto, para él, cada facción de aquella bebé era tierna y perfecta. Se sintió de nuevo muy agradecido por la vida y por ese Dios que nuevamente le había dado el milagro de ser padre y entendió a José Fernando quien tuvo doce hijos y a todos los amó con todo su corazón.

Con aquella niña, Freddy Antonio aprendió que a todos los hijos se amaban con la misma fuerza porque no existe un lazo más sublime, misterioso y eterno que aquel que une a los padres con su descendencia. Se sintió grande y amado porque sabía que aunque seamos millones en el corazón de Dios siempre existe un lugar para todos por igual.

Sin embargo, a pesar de tanta dicha, Freddy Antonio no fue ajeno al caos en que Venezuela se había transformado, vio el sufrimiento que el Comandante había causado. Sintió remordimiento por haber apoyado y creído en aquel quien para colmo al sentir la muerte dejó al mando a su primo por lo que desesperado al ver tanto desastre e justicias, perdió el apetito, dejó de dormir y el estrés le originó dos infartos. Al verlo en el hospital, me senté a su lado y escuché hablar su corazón, mientras le pedía perdón a Dios por todos sus pecados entre los que contaba el haber castigado a Venezuela con sus votos desesperados.

En ese momento, me desperté y me encontré en la soledad de mi cuarto, pensando en mis viejos ya desaparecidos hace muchos años, en mis hijos quienes están tan lejos y en mi niña quien es la estrella de mis ojos, en las ironías de la vida que me han enseñado tanto desde que nací en aquel pueblo tachirense para abrirme paso hasta la capital caraqueña y llegar a esta ciudad de la florida en un mes de marzo.

Me veo en el espejo y ya no veo al joven aquel que se vino de aventurero a matar su despecho, sino más bien a un adulto lleno de canas criado en una época de machistas donde los hombres no debían llorar ni mostrar sus debilidades. Al reflexionar, desearía poder viajar en el tiempo como en aquel sueño para tener la valentía de decirle a mi madre: ¡No me dejes, te necesito!… porque sin darme cuenta repetí el mismo error al alejarme físicamente de mis hijos con quienes me hubiera gustado pasar más tiempo durante esos años de niñez que volaron ante mi asombro.

De igual forma, me gustaría poder estar presente en los momentos en que mi sobrina y mis amigas más allegadas fueron víctimas de sus maridos para sorprenderlos y poner en su sitio a esos cobardes quienes las maltrataron física, psicológica y emocionalmente haciéndolas vivir unas películas de terror en las que temblaron, lloraron y gritaron despavoridas.

Por ello, hoy les quiero pedir perdón a mi hija, a mis sobrinas, a mis ex esposas, a mis ex amantes, amigas y mujeres en general a quienes yo, u otro hombre, las hemos herido con nuestras torpezas, arrogancia o ignorancia al abandonarlas cuando quizás más nos han necesitado. Por lo general, nuestra naturaleza nos lleva al facilismo de suponer que ellas son tan valientes, fuertes y extraordinarias que no hay nada que pueda derrumbarlas.

Admito que esta posición suena muy cómoda, de verdad lo siento, pero es esta fe que tengo en la obra más perfecta de Dios: las mujeres, cuya magnum opus ha sido nuestra amadísima virgen María; lo que me da la garantía de que mi patria saldrá adelante, muy a pesar de las torpezas de aquel primo y su combo de enchufados, porque siendo ella, Venezuela, una dama tiene todo el potencial para superar este caos y es a quien he decidido obsequiarle las flores más hermosas brotadas en mi recordado Capacho.

Nasbly Kalinina.


HORACIO MEDINA: EL MEJOR PAÍS DEL MUNDO

marzo 20, 2016

Hijo de inmigrantes: ¿A dónde te llevaron las olas?,

Luego que con un pito te mandaron a la horca.

Llora tu patria, llora nuestra Patrona,

Desde lo lejos porque la dejaste sola.

Era el mes de julio del año dos mil cinco y el país se encontraba muy revuelto, desde ya el principal tema de conversación en las calles eran las elecciones presidenciales del siguiente año en que muchos ciudadanos esperaban salir del régimen de Chávez.

También se hablaba de los perseguidos políticos, de los ex trabajadores de Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA) y en especial de un señor llamado Horacio Medina a quien le habían dictado una medida cautelar privativa de libertad en diciembre y de quien se decía había huido a Estados Unidos.

En medio de ese escenario fue que Paula Brito se graduó de periodista en la Universidad Central de Venezuela y no en vano se había apasionado tanto con la situación política del país. La señora Josefina comenzó a preocuparse por la salud de su hija, pues, día y noche se la pasaba atenta a todas las noticias que en algunos casos sonaban muy alarmistas ante la crítica de los esposos Brito. De allí que la convencieron de pasarse una temporada en Miami para que despejara su mente y decidiera donde quería trabajar.

En Miami, Paula rentó un apartamento cerca de la playa para disfrutar de la brisa marina y bajar todos los días a leer en el café desde el que podía ver el plácido mar. En las tardes iba a degustar la gran variedad culinaria del bulevar para luego recorrer las tiendas y quemar las calorías probándose toda la ropa que podía para complacer a su madre y volver con una docena de maletas con vestuario nuevo.

Luego de una semana se sintió fastidiada y quiso volver a casa por lo que se quedó en el apartamento organizando su viaje de regreso. Llamó a una pizzería para que le llevaran una grande con queso para no tener que salir a perder el tiempo. Cuando sonó el timbre, se acercó a la puerta, verificó por el hoyuelo, vio que en efecto era su tan ansiosa comida pero al abrir la puerta se sorprendió al reconocer al repartidor.

Horacio Medina vestido de jean, camisa y capucha con el logo del restaurant para el que trabajaba, le sonrió, la saludó y le entregó la pizza a una Paula que le tomó varios minutos para reaccionar e invitarlo a pasar. Él se disculpó diciendo que aún le faltaba un par de horas antes de terminar la jornada. Intercambiaron sus números telefónicos y debido a la insistencia de aquella recién graduada periodista quedaron en verse esa misma noche en una librería.

A eso de las nueve de la noche Horacio Medina con una mirada cansada se encontró con una Paula llena de curiosidad. Hablaron hasta casi las once, hora en que cerraron la librería, se despidieron con la promesa de volver a verse con lo que fue el inicio de una hermosa amistad. Paula volvió a casa a desorganizar su viaje pues ahora tenía la oportunidad de conocer una parte crucial de la historia venezolana de mano de uno de los protagonistas más emblemáticos de la época.

En pocas horas, la periodista, había aprendido que Horacio Medina era hijo de inmigrantes de las Islas Canarias quienes llegaron a Venezuela durante el régimen de Pérez Jiménez. Nació en Caracas el veinte de mayo de mil novecientos cincuenta y tres justamente el año en que aquel dictador asumía el poder lo que quizás, irónicamente, marcaría su vida al ser muchos años después víctima de otro tirano militar quien llegó al poder de forma democrática para instalar uno de los peores gobiernos que ha tenido el país sureño.

Al contrario de la idea que tenía Paula de Horacio, él venía de una familia muy humilde, con quien vivió por muchos años en varias de las zonas más modestas de la ciudad capitalina. Su papá quien fue carpintero terminó manejando taxis para mantener el hogar y murió a temprana edad de un infarto. Su mamá fue conserje en un edificio en el que Horacio llegó a ir varias veces para ayudarla limpiando las escaleras y ganar su propio dinero. Posteriormente, también trabajó en una compañía familiar en la que de motorizado cobrador pasó a ser despachador y facturero.

De esa manera, desde temprana edad, Horacio aprendió a combinar su vida laboral, social y estudiantil de forma eficaz hasta graduarse de ingeniero en la Universidad Central de Venezuela  donde fue presidente del Centro de Estudiantes y llegó a tener muchos amigos quienes pertenecían, en su mayoría, a la izquierda dado que durante los años setenta y seis y setenta y siete era la tendencia que predominaba en el ámbito universitario.

Con su título en mano logró entrar a trabajar en PDVSA en donde ascendió continuamente hasta la llegada de Chávez al poder. Dentro de sus cargos más destacados se cuenta la presidencia de la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleos de Venezuela lo que le permitió conocer mucho más personas dentro de las diferentes divisiones de la misma.

Siempre había pensado que los militares tenían el deber de proteger la patria más no de gobernarla y menos alguien que había tratado de dar dos golpes de estado que llenaron de sangre las calles del país. Sin embargo, al ver tanta gente que él admiraba creyendo en el discurso que aquel vendió durante la campaña presidencial dudó sobre su posición y se preguntó a sí mismo si estaba equivocado y si era hora de darle una oportunidad a los militares de asumir la presidencia.

— ¿Cómo es posible que un hombre tan bien formado cómo usted se haya dejado influenciar hasta el punto de poner en tela de juicio su opinión sobre los militares al frente de un país?— Preguntó Paula mientras caminaban a orillas de la playa. Sus continuas entrevistas se habían vuelto mucho más relajadas a medida en que su amistad se iba afianzando.

—Hija, ya te he dicho varias veces que una de las virtudes más difíciles de adquirir es la humildad y ello se pone en evidencia principalmente cuando nos toca ceder ante nuestras posiciones. En ese tiempo yo estaba rodeado de muchas personas altamente calificadas a las que llegué a admirar mucho y cuando uno ve que la gran mayoría de una sociedad cree en una salida uno no puede ser tan terco, tiene que bajar la guardia y evaluar los hechos con ojo crítico. Es decir, ser humilde y eso fue lo que hice aunque el tiempo me demostró que yo y la minoría estábamos en lo correcto.

Paula recordó en ese momento que Horacio era un hombre que había sido humillado públicamente al ser despedido por el mismísimo presidente en cadena nacional con un pito junto a otros seis compañeros. Que fue a él a quien le correspondió anunciar el paro petrolero de abril del dos mil dos ganándose con ello el odio y persecución del regente y apoderado del país teniendo que asilarse en la ciudad de Miami a la que llegó luego de escapar de Venezuela por tierra hasta Colombia desde donde viajó a Aruba y luego a Estados Unidos.

Se imaginó lo terrible que tuvo que haber sido tanto para él como para las otras dos personas que lo ayudaron a llegar a Colombia, el estrés originado por el miedo de ser reconocido y capturado, la rabia y la tristeza de tener que dejar el país que tanto amaba junto a su familia y amigos a quienes quizás jamás podría volver a ver.

Por más que Paula intentaba entender lo que Horacio había vivido para salvarse de la revancha de su poderoso enemigo no pudo imaginarse el sufrimiento que una persona en aquellas circunstancias sentía. Ante sus dudas, Paula se comunicó con su amiga Inés Gabriela para que la ayudara a descifrar aquella situación que para ella era ajena, pedido que aquella le correspondió de la siguiente manera.

 

Vivir en el exilio es:

Como amanecer en oscuridad

Oscuridad interminable e infinita,

Infinita por la soledad en otras tierras,

Tierras ajenas

Que por mucho que uno quiera

Jamás serán las maternas

Porque siempre se será extranjero,

Aun para quienes como uno

Nacieron de otras que no fueron ellas.

Es vivir con una opresión en el pecho,

Con una ausencia,

Ausencia de los amores que se recuerdan

Amores que se llevan en el alma

Y que desde lo lejos se incrementan.

El exilio es estar preso

En una jaula disfrazada de libertad

En la que todo es ajeno

Y en la que nuestros sentidos se entristecen

Al no reconocer los olores y sabores

Con los que fuimos creciendo.

 

Paula le leyó el poema a Horacio quien lo complementó diciendo que el exilio era para él, todo lo que Inés Gabriela había descrito pero además como un ardor que le quemaba el alma, un sentimiento de soledad infinita, un terror al verse sin dinero en un país donde nadie lo esperaba y en el que tuvo que empezar desde cero lo que a los cincuenta y dos años le aterró mucho más.

—A un mes de llegar a Miami me detectaron cáncer en la lengua y me sentí desesperado, sin rumbo, extrañando más que nunca a mi familia, mi casa, mi país, todo lo que por tantos años había sido el eje de mi vida, y que por la soberbia de un hombre había perdido.— Agregó Horacio con lágrimas en los ojos y sin ánimo de ocultarlas, la confianza que ya le tenía a aquella joven que podría ser su hija le permitió demostrar lo frágil que era su alma ante tanto dolor que hasta le había hecho sufrir un infarto.

Paula se quedó sin palabras y le dio un fuerte abrazo porque no solo era un amigo y compatriota si no un ser humano con mucha falta de cariño al estar lejos de su patria sin poder regresar.

Los años pasaron. Hoy, Horacio Medina goza de una mejor situación económica y afectiva porque debido a su constancia y perseverancia ha logrado asesorar diferentes empresas petroleras y su actual esposa le ha brindado el amor que tanto añoraba. Recostado en su sofá favorito reflexiona y se da cuenta de que aún se siente extranjero en USA pero que tristemente también se siente ajeno en Venezuela porque el país que dejó es muy diferente al de estos días. Lamenta que durante sus años en el exilio no ha podido estar con su familia durante momentos de alegría y duelo pero se siente agradecido por los nuevos amigos con quienes ha aprendido a valorar mucho más aquello que llaman: solidaridad.

Hace poco Paula regresó de Caracas y pasó a visitar a la feliz pareja. La señora Medina les ofreció una limonada bien fría para que se refrescaran mientras se ponían al día y es que sabía que cuando ese par se encontraba no dejaban de hablar sino hasta que el cansancio los vencía. La situación del país ocupaba la mayor parte de la tertulia y como siempre Horacio ratificó su confianza en que algún día regresará a una nueva y mejor Venezuela porque cree en la reserva moral heredada de los ancestros y que sigue vive en los jóvenes valientes y guerreros por la que hay que apostar.

Horacio está convencido que Venezuela es el mejor país del mundo y que para salir de las nubes negras, oscurecidas por poner los intereses sobre los principios, hay un camino que es el proceso electoral por lo que en Miami forma parte de la secretaría ejecutiva de la Mesa de la Unidad Democrática –MUD– porque sabe que el secreto del cambio está en la unidad por encima de cualquier interés particular y aunque nunca ha pertenecido a ningún partido político los defiende. Con esas ideas Paula regresó a su apartamento a eso de la media noche llena de optimismo soñando en celebrar junto a su amigo la nueva realidad.

Nasbly Kalinina.