Docenario Deontológico del Abogado, por Alfonso María de Liguori


1) No hay que aceptar jamás causas injustas, porque son perniciosas para la conciencia y la reputación.

2) No se debe defender una causa con medios ilícitos e injustos.

3) No se debe gravar al cliente con gastos superfluos; de otro modo queda al abogado la obligación de restituir.

4) Las causas del cliente se deben tratar con aquel cuidado con que se tratan las causas propias.

5) Es necesario el estudio de los procesos parar deducir de ellos los argumentos válidos en la defensa de la causa.

6) La dilación y negligencia en los abogados, con frecuencia, perjudican al cliente, y se deben reparar los daños; de otra suerte, hay injusticia.

7) El abogado debe implorar la ayuda de Dios en la defensa, porque Dios es el primer protector de la justicia.

8) No es laudable el abogado que acepta causas superiores a sus talentos, a sus fuerzas y al tiempo que con frecuencia la faltará para preparar la defensa.

9) La justicia y la probidad no deben separarse jamás de los abogados católicos, por lo que hay que cuidarlas como a la niña de los ojos.

10) Un abogado que pierde una causa por su negligencia incurre en la obligación de reparar todos los daños hechos a su cliente.

11) En la defensa de una causa hay que decir la verdad y ser sincero, respetuoso y razonable.

12) Finalmente, los requisitos de un abogado son la ciencia, la diligencia, la verdad, la fidelidad y la justicia.

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