FREDDY MOROS: FLORES PARA UNA DAMA


FLORES PARA UNA DAMA

Anoche tuve un sueño en el que viajé en el tiempo. Fui al estado Táchira, tierra de grandes guerreros. Llegué a Capacho donde nació el ex presidente Cipriano Castro. Disfruté de la fresca brisa que movía mi cabello y que despejaba mis pensamientos, me sentí como en un paraíso donde la paz se apoderó de mi alma al ver aquella gente cordial, amistosa, inocente y piadosa, llena de tradiciones y esperanzas.

Debido a que siempre me han gustado los niños sentí curiosidad de conocer la maternidad Ana Cleotilde G. de Díaz y estando allí me encontré con un señor llamado José Fernando Moros Rodríguez quien esperaba con su esposa María Ana Ilde Delgado el nacimiento de su nuevo hijo. Estando con ellos me sentí protegido y una emoción indescriptible se apoderó de mi cuerpo haciéndome olvidar del lugar en que me encontraba. La dicha que había en la mirada de aquel hombre me cautivó tanto que decidí quedarme a su lado.

A sus sesenta y siete años José Fernando ya tenía junto a su esposa diez hijos y la llegada del nuevo miembro de la familia era tan importante como la de su primogénito, amaba a su familia con locura, a ella se entregó por completo, así aquel tres de septiembre del año mil novecientos sesenta y cinco cuando por primera vez tuvo a su pequeño entre sus brazos lo llamó con gran orgullo Freddy Antonio. Luego, me enteraría que el segundo nombre fue en honor a su tío Pablo Antonio quien sería el abuelo de un hombre que la historia recordaría como Nicolás Maduro Moros.

Debido a la magia de los sueños luego me encontré en una habitación donde José Fernando dormía con un niño como de ocho años, al principio dudé, pero cuando abrió los ojos supe que se trataba de Freddy Antonio, estaba tan feliz al lado de su padre a pesar de la ausencia de su mamá quien se había ido a la ciudad de Caracas para trabajar como interna tres meses después de su nacimiento.

Cuando María Ana Ilda reunió suficiente dinero volvió a Capacho para cuidar de sus hijos y de su esposo quien viejo y cansado se había consagrado a sus retoños. María Ana Ilda compró una finca en San Cristóbal e invitó a varios de sus primos colombianos a trabajar la tierra, ellos quienes la conocían como Barbara Orjuela Puentes por ser este el nombre que le dieron sus padres al nacer, pero que fue cambiado por la familia venezolana que la adoptó cuando llegó con su prima huyendo de las continuas guerras internas que agobiaban al vecino país, comenzaron a llamarla doña Barbara por su fortaleza al dominar aquella cantidad de hombres quienes trabajaban para ella.

A la finca los esposos Moros se llevaron a sus tres hijos menores Gerso, Freddy e Ildemar, la última niña nacida dos años después de Freddy Antonio. En aquel lugar los críos disfrutaron de la naturaleza, aprendieron como se siembra el maíz, la yuca y como se producía el carbón vegetal, pero la Escuela Básica Juvenal Carrero, en la que estudiaban estaba a una hora de larga caminata por lo que María Ana y José Fernando preocupados por la educación de sus hijos decidieron que lo mejor era que José Fernando volviera a Capacho con ellos mientras que María Ana se ocupaba del manejo de la finca.

Freddy Antonio era feliz en cualquier lugar que se encontrara con su padre pues desde su nacimiento se habían vuelvo inseparables, por eso aquel día en que se vieron obligados a separarse por el estado de salud de don José, Freddy Antonio perdió su sonrisa cautivadora e infantil que hacía derretir hasta al más tosco del pueblo.

El cuatro de julio de mil novecientos setenta y cuatro a eso de las diez y treinta José Fernando murió de un infarto. Los hijos fueron repartidos entre los familiares y a Freddy Antonio lo llevaron a estudiar en un internado en Rubio llamado Escuela Granja Nacional el Rodeo. Sentí mucha rabia, miedo y ganas de proteger a ese niño al que vi nacer rodeado de tanto amor y quien ahora se encontraba abandonado sin el calor de sus padres.

María Ana Ilda Delgado viuda de Moros vendió su propiedad y se fue a Bucaramanga llevándose solamente a su hija menor. Esa decisión terminó de hundir en la soledad al pequeño Freddy Antonio quien desde entonces, sin su padre, era cuando más necesitaba de una madre con quien no había compartido mucho pero quien no dejaba de ser la mujer que le dio la vida y por tanto a quien le correspondía limpiar sus lágrimas de niño huérfano de padre. Al ver aquello intenté despertarme pero no podía abrir los ojos ¡Me sentí en una pesadilla! Me revolqué en la cama de un lado al otro sintiendo un gran dolor en el pecho con ganas de abrazar y proteger aquel frágil ángel quien suplicaba por cariño.

Respiré hondo y aun dormido vi que pasó el tiempo, Freddy Antonio ya era un hombre, estudiaba en la universidad cuando su madre llegó con una fibrosis en el estómago, sus hijos la llevaron a una clínica en que se contaminó sin que nadie lo supiera, luego de la operación la dieron de alta y al quejarse por el dolor creyeron que era propio de la cirugía que había tenido por lo que no pidieron ayuda a tiempo muriendo en agosto del año mil novecientos ochenta y cuatro. De nuevo sentí un dolor en el pecho, el joven Freddy Antonio lloraba por su madre a pesar de no haberla disfrutado como hubiera deseado, a la final por ella estaba en este mundo y nadie podía dudar que sus lágrimas eran de sincero duelo.

Pausa…dormido escuché la voz del silencio, hubo oscuridad y luego vi a un profesor, algunas voces me decían que era algo mujeriego, sin embargo; a temprana edad se enamoró perdidamente de una joven blanca de ojos azules, hermosísima, de su pueblo. Freddy Antonio ya era padre de dos hermosos niños a quien orgulloso como el viejo José Fernando llamó Freddy Alejandro y Rafael Mauricio. Sentí que aquel hombre por fin volvía a ser feliz durmiendo con sus hijos en la ciudad de Caracas como él junto a su padre   lo hizo en aquel Capacho de anteaños resguardado en su memoria.

Volví a sentir paz. Quise seguir soñando para quedarme en un momento tan especial pero el tiempo pasa e incluso en los sueños tenemos que enfrentarnos con acontecimientos no muy agradables y así llegaron las elecciones de mil novecientos noventa y ocho. Freddy Antonio harto de los políticos gobernantes votó por el militar popular de aquellos tiempos y luego le reafirmó el poder apostando por el referéndum. ¡Quise evitarlo!, le grité desde lo más profundo de mi ser para que no cometiera ese error. Le supliqué que no callera en la torpeza de tantos ciudadanos quienes por rabia, ceguedad o euforia, decidieron entregarle nuestro país a un vengador para que condujera el barco a un puerto seguro o lo terminara de hundir.

¡No me escuchó! Por más que lo intenté no pude evitar que confiara en ese monstruo, ese bandido disfrazado de corderito quien con mucha audacia convenció a millones para que apoyaran su plan comunista. Por primera vez me sentí avergonzado de aquel a quien había visto nacer, crecer y convertirse en hombre y quien ahora teniendo el poder de votar por un civil lo hacía por un militar. Quise despertar y olvidarme de ese absurdo sueño que en un instante se había vuelto pesadilla.

Me volteé y abrace mi almohada muy fuertemente, respiré profundo y me volví a encontrar con otro Freddy Antonio desdichado a causa de que su hogar perfecto se había terminado. No soporté la curiosidad y seguí durmiendo para descubrir por qué un matrimonio tan bello se había acabado, se conocían desde muy jóvenes, se amaban con locura, tenían dos hijos hermosos, por lo que me pregunté mil veces: ¿Qué había pasado?  Si una relación tan mágica llegaba a su fin cualquier otra también podría terminar. Lo que me causó profunda tristeza.

Freddy Antonio abatido y desesperado viajó a Estados Unidos para estudiar, cambiar de ambiente y apaciguar su dolor. Sus hijos tenían siete y cuatro años, y el amor de padre le oprimía el pecho por sentir que les había fallado, que por mucho que había deseado brindarle el hogar perfecto la relación con su esposa se había hecho intolerable teniendo que divorciarse. La liga de sentimientos me estresó. De nuevo quise despertarme, me sentía asfixiado, la cabeza me daba vueltas y me sentí débil, muy débil…

Volví a voltearme en la cama y al hacerlo vi a Freddy Antonio cargando a una hermosa niña a quien había llamado Elizabeth Star y quien vino a iluminar su vida. Nunca había sentido tanto amor por un ser del sexo opuesto, para él, cada facción de aquella bebé era tierna y perfecta. Se sintió de nuevo muy agradecido por la vida y por ese Dios que nuevamente le había dado el milagro de ser padre y entendió a José Fernando quien tuvo doce hijos y a todos los amó con todo su corazón.

Con aquella niña, Freddy Antonio aprendió que a todos los hijos se amaban con la misma fuerza porque no existe un lazo más sublime, misterioso y eterno que aquel que une a los padres con su descendencia. Se sintió grande y amado porque sabía que aunque seamos millones en el corazón de Dios siempre existe un lugar para todos por igual.

Sin embargo, a pesar de tanta dicha, Freddy Antonio no fue ajeno al caos en que Venezuela se había transformado, vio el sufrimiento que el Comandante había causado. Sintió remordimiento por haber apoyado y creído en aquel quien para colmo al sentir la muerte dejó al mando a su primo por lo que desesperado al ver tanto desastre e justicias, perdió el apetito, dejó de dormir y el estrés le originó dos infartos. Al verlo en el hospital, me senté a su lado y escuché hablar su corazón, mientras le pedía perdón a Dios por todos sus pecados entre los que contaba el haber castigado a Venezuela con sus votos desesperados.

En ese momento, me desperté y me encontré en la soledad de mi cuarto, pensando en mis viejos ya desaparecidos hace muchos años, en mis hijos quienes están tan lejos y en mi niña quien es la estrella de mis ojos, en las ironías de la vida que me han enseñado tanto desde que nací en aquel pueblo tachirense para abrirme paso hasta la capital caraqueña y llegar a esta ciudad de la florida en un mes de marzo.

Me veo en el espejo y ya no veo al joven aquel que se vino de aventurero a matar su despecho, sino más bien a un adulto lleno de canas criado en una época de machistas donde los hombres no debían llorar ni mostrar sus debilidades. Al reflexionar, desearía poder viajar en el tiempo como en aquel sueño para tener la valentía de decirle a mi madre: ¡No me dejes, te necesito!… porque sin darme cuenta repetí el mismo error al alejarme físicamente de mis hijos con quienes me hubiera gustado pasar más tiempo durante esos años de niñez que volaron ante mi asombro.

De igual forma, me gustaría poder estar presente en los momentos en que mi sobrina y mis amigas más allegadas fueron víctimas de sus maridos para sorprenderlos y poner en su sitio a esos cobardes quienes las maltrataron física, psicológica y emocionalmente haciéndolas vivir unas películas de terror en las que temblaron, lloraron y gritaron despavoridas.

Por ello, hoy les quiero pedir perdón a mi hija, a mis sobrinas, a mis ex esposas, a mis ex amantes, amigas y mujeres en general a quienes yo, u otro hombre, las hemos herido con nuestras torpezas, arrogancia o ignorancia al abandonarlas cuando quizás más nos han necesitado. Por lo general, nuestra naturaleza nos lleva al facilismo de suponer que ellas son tan valientes, fuertes y extraordinarias que no hay nada que pueda derrumbarlas.

Admito que esta posición suena muy cómoda, de verdad lo siento, pero es esta fe que tengo en la obra más perfecta de Dios: las mujeres, cuya magnum opus ha sido nuestra amadísima virgen María; lo que me da la garantía de que mi patria saldrá adelante, muy a pesar de las torpezas de aquel primo y su combo de enchufados, porque siendo ella, Venezuela, una dama tiene todo el potencial para superar este caos y es a quien he decidido obsequiarle las flores más hermosas brotadas en mi recordado Capacho.

Nasbly Kalinina.

Una respuesta a FREDDY MOROS: FLORES PARA UNA DAMA

  1. Gladys dice:

    Muy linda triste y conmovedora tu historia me alegro q estas saliendo de esa depresión eres joven y saldrás adelante en esta vida todos o casi todos tenemos algo q nos oprime tu has sido muy valiente y noble en contarnos tu historia siempre pregunte por ti deseándote lo mejor y q algún día nos dieras la alegría de regresar al chat q no es lo mismo sin ti . Un fuerte abrazo Gladys

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