EL INFIERNO DE DYLAN CANACHE Y EL RESTO DE LOS MENORES EN EL HELICOIDE


 

@nasbly

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    El 13 de enero del 2018 fue un día totalmente normal y corriente en la casa de la familia Canache, Ana como siempre se despertó bien temprano para limpiar la casa y hacer el desayuno. A eso de las ocho llamó a Dylan para que fuera a comer. Unos minutos más tardes se sentó a la mesa aún con cara de sueño y al ver la arepa con mantequilla protestó: “¡¿Solo esto mamá?!”. “Sí, hijo. Ya sabe que la cosa esta dura y no se consigue mucho por ahí, pero vamos, coma y dele gracias a Dios porque en estos días hay muchos que hasta se acuestan sin nada en el estómago”.

    Eso no era noticia nueva para Dylan, en su liceo ya era normal que sus compañeros dejaran de ir porque no tenían que comer y algunos hasta se habían desmayado del hambre. Nacido y criado en la era de la llamada revolución desde muy joven entendió que solo se podía estar a favor o en contra del régimen. De allí que por medio de las redes sociales comenzó desde los 14 años a seguir a todos los grupos de la resistencia que iban en contra del régimen de Maduro, quien para él, era el único causante de todos los males de la sociedad.

   En su mente inocente el salir a protestar y conocer a los líderes de la oposición era como protagonizar una película en la que pertenecía al bando de los héroes que enfrentaban a los villanos. Así que cada vez que alguien mencionaba la palabra “protesta” él comenzaba a invitar a sus amigos del Facebook a salir y unirse a la “batalla” como sucedía en sus comiquitas favoritas.

   “Su arma”, una patineta, con la que paseaba por toda Altamira alardeando de su valentía al brincar sobre obstáculos y desde paredes muy altas; pero aquel sábado no había protesta, ni bandidos a quienes gritarles consignas en contra del régimen por lo que decidió irse a rumbear con sus amigos y pasarla bien pues, a la final, los héroes también necesitaban distraerse, pensó sintiéndose muy orgulloso de sí mismo. Sin embargo, los partidarios de Maduro tenían otros planes para aquel joven con espíritu luchador y rebelde.    

    En la madrugada del domingo una amiga de Dylan fue detenida en una fiesta y obligada a llamarlo para que la fuera a buscar en la estación de Antímano del metro de Caracas donde una comisión de funcionarios de la Dirección de Investigaciones del SEBIN lo detuvieron como si aquel menor de edad con su patineta realmente tuviera súper poderes capaces de derrocar al régimen por sí mismo.

    Por su parte, Ana, la abnegada madre; casi se enloquece al ver que su hijo no llegaba a casa y no fue hasta que contactó al Foro Penal y por medio de su coordinadora Mariela Suárez que logró saber que Dylan se encontraba detenido en el Helicoide. Ese mismo día por la tarde fue presentado ante el Tribunal 4to de Control de Menores del Área Metropolitana de Caracas, presuntamente por el delito de instigación pública, sin la presencia de sus padres y con un defensor público que le fue asignado, por lo que hasta ese momento el joven aún seguía sin entender nada de lo que estaba sucediendo y gracias a su ávida imaginación mantuvo la calma como si todo fuera parte de una película.

    Le fue otorgada una medida de libertad bajo fianza en la que se requería presentar unos fiadores que no se hicieron esperar para ayudar al adolescente de 16 años. Desafortunadamente, los planes del régimen eran detener al menor bajo cualquier circunstancia y no le permitieron volver a casa si no que al contrario lo enviaron a una celda del Helicoide en donde lo han mantenido detenido desde entonces sin ver a sus padres.

    El calabozo en el que se encuentra lo llaman “Preventiva 1” que mide 10 metros cuadrados aproximadamente. Cuando entró a aquel lugar sintió el mal olor proveniente principalmente del baño que tiene filtraciones y problemas de desagüe; además del sudor del resto de los reclusos, quince en total, trece de los cuales son detenidos comunes y otro menor llamado Andi de 17 años.  

    Notó las paredes grasosas, húmedas y llenas de moho, unas colchonetas tiradas en el piso sobre las que cucarachas se paseaban alegremente y en donde entendió tendría que dormir mientras estuviera en aquel infierno propio de una escena de terror. “Todo es parte de la película”, se seguía diciendo así mismo mentalmente para tratar de controlar el pánico que empezaba a sentir, “ahora es la parte de suspenso y pronto llegarán mis padres a rescatarme”.

    De un momento a otro, la alegría en sus ojos se fue apagando, la sonrisa transformando en amargura producto de los maltratos físicos y psicológicos. Su único aliado es Andi quien también es víctima de los otros reclusos por su inocencia casi infantil y por cuya razón el ángel de los presos políticos los ha puesto en las manos de los abogados del Foro Penal quienes no descansaran hasta verlos libres.

    Cuando les llevan las comidas insípidas recuerda aquella arepa con mantequilla que su mamá le había preparado con tanto amor, recuerda las veces que lo abrazaba y le decía cuanto lo amaba, recuerda lo feliz que era en su hogar protegido por todos sus familiares e intenta entender por qué ahora se encuentra en aquel infierno, porque por más que se lo pregunta la explicación no llega, la imaginación ya no le da respuesta, los héroes ya no existen y sus miedos lo están enloqueciendo.   

#QueSeHagaJusticia #LibertadAlosMenores.

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