Luis Alejandro Mogollón: El Mártir de Ramo Verde

diciembre 9, 2018

IMG-20181125-WA0096

Por Nasbly Kalinina
“No te dejes vencer por el mal antes bien, vence al mal con el bien” Juan Pablo II

No puedo dormir, el dolor que tengo en todo mi cuerpo es muy intenso, me he desmayado varias veces y la última vez fue cuando me trasladaron a los tribunales por falta de tratamiento. Intento entender por qué no termino de morirme en esta fría celda, es lo mejor que me podría pasar, algunos de mis compañeros han tratado de suicidarse mientras yo simplemente espero una muerte que no llega.
La cabeza me va a estallar, lo sé, esta presión que siento no es nada normal. Créanme porque a los cinco años tuve cáncer y ni esos malestares fueron tan agudos como el de ahora. La gente dice que con la caída que me llevé y los tres paros generales que me han dado sin haber recibido la atención adecuada es un milagro que siga vivo. Aquí hay muchos enfermos, entre las torturas y las condiciones en las que vivimos, es fácil que a cualquier persona se le deteriore la salud.
Me siento tan desesperado que lo único que me da calma son los recuerdos con mi familia allá en Barquisimeto tierra en que nací el 2 de octubre de 1986. Soy el segundo de los cuatro hijos del matrimonio Mogollón-Velázquez. La mayor murió de cáncer a los 12 años de edad y desde entonces me he sentido con la responsabilidad de darles un buen ejemplo a mis hermanos menores sobre todo para apoyar a mis padres quienes han sufrido tanto con nosotros.
Desde muy joven quise ser militar al igual que mi papá, mis tíos y mis primos, y luego de cuatro años de intentar entrar en la escuela por fin lo logré. Mi promoción fue la última que graduó el presidente Chávez. La mirada de orgullo de mis padres fue la mayor recompensa. Me mandaron a la frontera y recibí diferentes condecoraciones por lo bien que hice mi trabajo. Claro, había nacido para proteger a mis compatriotas y con mi uniforme lo estaba haciendo.
Aunque reconozco que nada me da más felicidad que estar con mi familia no solo terrenal si no también espiritual. Soy católico y cuando nací mis padres me llevaron al templo de Santa Rosa para presentarme ante la Divina Pastora mi otra madre y quizás la principal porque es a ella a quien veo todos los días a mi lado consolándome y dándome fuerzas como lo ha hecho desde que era un niño. De allí que todos los 14 de enero participaba en el maratón en su honor, le llevaba flores y junto a todos los demás feligreses le rezaba el rosario.
A pesar de ello, siempre he sido muy torpe en recitar oraciones largas por eso me limito a decirle en todo momento que la amo y me imagino también a mi mamá Luris quien me dio la vida y a quien le agradezco tanto. Mamá Luris, mi vieja, cuanto extraño su olor, su voz, sus cuidados. A su lado ya hubiera sanado.
Por cierto, creo que no me he presentado soy el Primer Teniente Luis Alejandro Mogollón Velázquez y desde hace más de un año formo parte de la larga lista de los presos políticos en mi país. Vivo en la cárcel de Ramo Verde por un delito que no cometí, me han torturado y aunque estoy enfermo de gravedad no me han otorgado una medida humanitaria para ser atendido en libertad.

#QueSeHagaJusticia #LiberenAMogollón #LiberenATodosLosPresosPolíticos
Sígueme en las redes: @nasbly

Anuncios

IVAN SIMONOVIS: UN HÉROE LLAMADO PRESO POLÍTICO

diciembre 2, 2018

Por Nasbly Kalinina

Iván-Simonovis

“No te dejes vencer por el mal antes bien, vence al mal con el bien” Juan Pablo II

Hace algunos años, creo que por allá en el 2005, leí en la Internet que una niña decía que su papá era un héroe llamado preso político, lo cual me pareció un poco exagerado e infantil, pues con seguridad, pensé, la pequeña Ivana Simonovis quien apenas tenía como 8 años de edad no sabía lo que estaba diciendo. Nunca voté por Chávez, nunca me gustó porque desde las intentonas le había agarrado miedo. Sabía que era un dictador en potencia pero era demasiado pronto para empezar a secuestrar a sus oponentes con bases legales manipuladas o inexistentes así que eso de preso político lo desestimé porque no estuve en Venezuela durante el paro petrolero ni en los acontecimientos del 11 de abril.
Leí al respecto, traté de entender pero viviendo mi sueño británico y estudiando inglés, un idioma que me costó mucho aprender pero que pronto olvidé, no me ocupé seriamente en los sucesos de mi país. Sabía que era cuestión de tiempo para que aquel gobierno se transformara en dictadura y no quería volver. No sé si por miedo o inmadurez, lo cierto, es que hay hechos que aún me cuentan trabajo comprender.
Así la figura de Simonovis y la de aquella niña que lloraba por su padre pasó a ser una más de las historias trágicas de mi país. ¿Y cómo no? Tuve que volver a Venezuela y a enfrentar mis propios problemas: la readaptación a una sociedad que luego de cuatro años me pareció que se había quedado en el pasado y un hogar destruido porque a mi madre le había dado un infarto y necesitaba de mucho cuidado cuando mi padre la había dejado.
Luego Chávez, en un día de los inocentes, amenazó con cerrar a RCTV por los hechos del 11 de abril, el apellido Simonovis y el del resto de los PM comenzaron a resurgir y yo seguía sin entender. Salí a las calles, me uní a las protestas y en adelante fui más activa en los eventos políticos como forma de drenar el miedo que tenía de morir ahogada en aquellas aguas cubanas que se acercaban como un Tsunami sin poderlo impedir.
Murió Chávez, las protestas se incrementaron, los muertos, heridos, torturados y el nombre de preso político tuvo como rostro principal a Leopoldo López al cual pronto se sumaron el de Ledezma, Ceballos, Saleh y cientos de otros más. Venezuela, había empezado a despertar y con ella, la mayoría de nosotros entendió lo que Simonovis y su familia llevaban años gritando sin desmayar: Los presos políticos son héroes que están tras las rejas por haber vencido sus miedos y haberse enfrentado al mal.
Hoy, que tengo menos tiempo, pero sí una gran pasión por conocer la verdad, he estudiado la vida de Simonovis plenamente, he entendido que es un hombre de principios y valores, un hombre de hogar que merece su libertad porque es inocente y ha pagado con creces el no haber sido un títere en las manos de quienes por alguna razón odian nuestra nación.
Lo que me ha llevado a sentir vergüenza de mí misma al preguntarme ¿Dónde estaba yo cuando pasó todo eso? Y aun peor, ¿Dónde están tantos venezolanos hoy en día en que las cifras de presos políticos, los perseguidos y exiliados son tan elevadas? Por qué no actué a tiempo, por qué no actuamos, por qué no alzamos juntos nuestras voces hasta que seamos escuchados.
Por más que quiera no puedo volver al pasado, no puedo consolar a Ivana, aquella niña que a pesar de haber crecido con tantos miedos y dudas se llenó de coraje para gritarle a un mundo de sordos que su padre había sido injustamente encarcelado y condenado a 30 años de prisión en el juicio más largo de la historia de un país secuestrado.
No puedo volver al pasado ni reanimarla cuando tanto ella como su papá Iván, su mamá Bony y toda su familia estaban viviendo un calvario sin nadie que les brindara una sonrisa o un cálido abrazo en medio de sus llantos; pero si unirme a ellos, al igual que todo aquel que así lo quiera y decir que también es Simonovis y luchar hasta que él y el resto de los presos políticos sean liberados.

#QueSeHagaJusticia #LiberenASimonovis #LiberenATodosLosPresosPolíticos
Sígueme en las redes: @nasbly


ARAMINTA: LA SOBREVIVIENTE DEL RÉGIMEN DE MADURO

septiembre 24, 2018

Por Nasbly Kalinina

IMG-20180921-WA0013

Hace un par de años recibí una historia aterradora por WhatsApp sobre una muchacha que se había ganado la lotería del régimen al ser, entre sus tantos desertores, capturada, enviada a la cárcel y posteriormente a un psiquiátrico. El autor de aquello, José Domingo Blanco, decía que si Andrés Eloy Blanco estuviera vivo le hubiera dedicado un poema lo cual no me queda la menor duda.
Nunca me imaginé que con el tiempo tendría el gusto de conocer a la protagonista de aquel relato que se hizo viral entre venezolanos dentro y fuera del país. Traté de tener guantes de seda a la hora de hablarle pues sabía que era un milagro que hubiera superado aquella pesadilla. Para mi tan poco era fácil tratar con alguien que de alguna manera me hacía revivir mis recuerdos más horribles. Sin embargo, me llené de fortaleza para escribir sobre ella.
De nuestras conversaciones aprendí que Araminta González es una joven caraqueña quien había perdido a sus padres a muy temprana edad, logró superarse con la ayuda de sus dos hermanas, ir a la universidad y destacarse en la química trabajando para importantes firmas de laboratorios farmacéuticos. Vivía cómodamente y disfrutaba de una relación amorosa con quien había sido su mejor amigo por muchos años, a pesar de ello, sabía que su realidad era opuesta a la de millones de venezolanos condenados a la miseria por un régimen opresor liderado por un tirano que dormía como un bebé.
Le gustaba subir al Ávila y un día en el año 2014 mientras disfrutaba de la imponente vista en la cima, respiró hondo, cerró los ojos y en su mente pudo escuchar los gritos de sus compatriotas desesperados porque no les alcanzaba el salario para comer, madres que se peleaban por un pote de leche luego de pasar días haciendo colas para comprarla a precio regulado, jóvenes asesinados por la delincuencia en un mar de impunidad. “Venezuela, mi Venezuela: ¿En qué momento el demonio se apoderó de ti?, ¿Acaso no hay nadie que pueda protegerte?” Se cuestionó a sí misma mientras las lágrimas mojaban sus mejillas y las siguientes preguntas venían de la nada: “¿Seré lo suficientemente valiente?, ¿Cómo pedirle a otros lo que yo misma no soy capaz de hacer?” La decisión ya estaba tomada. Araminta se uniría formalmente a la resistencia sin importar lo que le pasara. “El miedo no podrá detenerme, soy un instrumento de Dios y con su ayuda atravesaré cualquier desierto lleno de serpientes. Su amor será mi guía y la libertad de mi país mi razón para sobrevivir.” Sentenció sin tener idea de lo que le esperaba.
En julio de ese mismo año fue detenida y llevada al Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF) donde la golpearon y la torturaron tanto que la hicieron delatar a dos de sus compañeros Vasco Da Costa y José Luis Santamría. La culpa de la desgracia de sus amigos no la dejaba en paz. Día y noche lloraba por ellos. No tenía fuerzas para seguir viviendo con aquel remordimiento y menos en un hacinamiento en donde el agua potable era inexistente, los malos olores penetraban los pulmones hasta no sentirlos, las ratas paseaban como mascotas y el rígido adoctrinamiento comunista en el que se le obligaba a los presos políticos, a fuerzas de malos tratos, a gritar que amaban al difunto presidente hacedor de todo aquella podredumbre infernal.
Dos veces, su mente fracturada ante aquella infinita agonía, buscó en el suicidio la salida por lo que fue internada en un hospital psiquiátrico en el que convivió con enfermos mentales no medicados a quienes vio como un grupo de niños indefensos en comparación con los crueles guardines que la acompañaban sin tregua por haber sido señalada por el régimen como una terrorista. Así los días se transformaron en semanas y los meses en años hasta que un día como un milagro de Dios la enviaron a su casa para que terminara de curarse y pagara su condena.
Sus hermanas desde España nunca dejaron de velar por ella. Apenas supieron que había salido de aquel lugar se las ingeniaron para ayudarla a escapar y cuidarla en la madre patria. Desde allá sigue en terapias, tomando antidepresivos, denunciando al mundo entero su tragedia al tiempo que aboga por el resto de los presos políticos.
Para mí se ha convertido en una heroína al luchar no solo por nuestro país si no por haber dejado atrás aquellos demonios que la incitaron al suicidio. Una inspiración que merece un libro en el que se cuente su historia con detalle, una condecoración por su gran valentía y sobre todo el poder volver a una Venezuela libre con la satisfacción de que ella fue parte de esa valiosa conquista.
#QueSeHagaJusticia #LiberenATODOSlosPresosPolíticos
@nasbly


¿EMIGRAR O NO EMIGRAR?

septiembre 2, 2018

Por Nasbly Kalinina
Cada día son más las personas que se preguntan a sí mismas si es hora de irse o no del país, mis amigos me escriben, me llaman buscando un consejo y mi respuesta es siempre la misma: “la decisión es muy personal”.
El quedarse luchando en nuestro país o el aventurarse a otro tiene sus pros y sus contras pero, los que prefieren irse tienen que entender que no pueden contar con nada ni con nadie más que con sí mismos pues a pesar de que los venezolanos nos hemos ido organizando, conociendo y ayudando por medio de las redes sociales cada día son más las personas que llegan y los que estamos dispuestos a brindarles una mano no nos damos abasto para tanto.
Cuando estaba recién llegada creía que cinco dólares que le diera a cada una de las causas que me llegaban, una más grave que la otra, no era nada. Que mientras la tarjeta lo aguantara, era mi deber ayudar a todo el que pudiera. Hoy en día, los intereses me están ahorcando y no encuentro como salir de las deudas por no haber entendido a tiempo que no se puede socorrer a todo el mundo y menos si uno mismo no está bien con inmigración y trabajo.
Nuestro humilde salario al cambio es una fortuna pero en nuestra realidad eso apenas nos sirve para cubrir nuestras modestas cuentas.
Desde Venezuela, muchos se molestan con cualquier foto que publicamos porque según nos estamos dando la buena vida mientras ellos tienen que sufrir todas las penurias a las que el régimen se le ocurra olvidando que justamente si hoy en día muchos estamos lejos de casa es por luchar en contra de un tirano mientras otros dormían plácidamente.
“Cada quien es dueño de su propio destino”, dicen algunos, otros que se debe a la “suerte” y a pesar de ello siempre estamos inconformes y muy pocos damos gracias por las bendiciones recibidas por lo que si quieres emigrar, se consciente de que a donde vayas, a menos de que salgas con dinero suficiente como para montar tu propio negocio o tengas una oferta de trabajo segura, tendrás que ser humilde para hacer aquellas ocupaciones en las cuales nunca pensaste y por muy poco dinero.
Por lo que invito a reflexionar a todo aquel que sienta que ya no puede más con la situación del país y tomar en cuenta lo siguiente:
1.- El estado inmigratorio que se va a tener en el lugar al que se llega, para mí, el estar legal es lo más importante. En Miami les puedo recomendar al abogado John R De la Vega de quien les dejare la información de contacto al final del artículo.
2.- Vivienda, comida y transporte. En el país en el que vivo las normas hay que cumplirlas y cuando rentamos para una, dos, o tres personas no podemos tener “invitados” permanentes sin el riesgo de que nos corran. En Miami la renta y la comida son muy costosas, las distancias muy largas y el transporte público es terrible por ello anduve en bicicleta por tres años y medio.
3.- Trabajo. En Estados Unidos se necesita permiso para trabajar y aunque si bien hay quienes recomiendan diferentes artimañas como el hecho de usar papeles falsos yo les aconsejo que ni se les ocurra escuchar a esas personas porque con ello están arriesgando su estatus legal.
Finalmente, al momento de meditar, no olvides que Venezuela es nuestro verdadero hogar, un país lleno de gracia por el que vale la pena seguir luchando desde cualquier lugar donde nos encontremos, bien sea, por medio de organizaciones no gubernamentales como el Foro Penal que hoy en día tiene capítulos en diferentes ciudades del mundo, o de manera independiente; sin olvidar que unidos somos más.
@nasbly
John R De la Vega
@johndelavegalaw
8768 S.W 8th St. Suite 10
Miami, Florida, 33174
Cel: +1-786-815-6193


NO QUIERO MORIR SOLA

agosto 12, 2018

Por Nasbly Kalinina
300515_2448859777761_1669996987_n
El 27 de Julio murió mi abuelo Ciro Barrera y con él van tres familiares de parte de padre que pierdo desde la distancia y sin poder despedir. Hace un par de días me enteré que Carolina, mi abuela sentimental, quien el 6 de agosto cumplió 98 años, está en cama esperando que Dios la llame.
Al recordar a mi abuelo viene a mi mente aquel viejo que vivió en mi casa cuando era una niña y por quien todas las tardes salía corriendo para recibirlo. Se me hace un nudo en la garganta ante aquellas escenas tan remotas que evocan un periodo de felicidad familiar. Con su muerte perdí al único abuelo sanguíneo que me quedaba.
Cuando pienso en Carolina las lágrimas afloran sin darme tiempo de detenerlas porque aquella viejita vino a llenar el gran vacío que dejaron mis abuelas al morir cuando yo estaba muy pequeña. Fue ella quien me enseñó a tomar té antes de irme a Inglaterra, disfruté las navidades, me tomé las fotos al graduarme de abogada y lingüista y a quien le dedique mis primeros versos de principiante:
Su nombre es Carolina,
su apellido Soto
Y juntos dibujan
el más bello rostro.

Al pensar en la muerte me lleno de espanto al saberme sola en un país lejano al igual que millones de compatriotas que hoy están esparcidos por el mundo entero por un mal gobierno que nos condenó al exilio al perseguirnos, negarnos la comida, las medicinas y un porvenir mejor en nuestro hogar.

Busco en las redes sociales y me encuentro con casos de venezolanos asesinados, muertos en situaciones atroces o incluso de forma natural pero al no tener quien reclame sus cuerpos se hacen campañas preguntando por algún familiar.

Recuerdo aquellas madres quienes perdieron a sus hijos en el asfalto luchando por la libertad que nunca conocieron, mientras la mirada angelical de Neomar Lander se contrapone contra la de aquel que nos dejó sumidos en la catástrofe más grande de nuestra historia.

Pienso en los viejitos de los que me habla mi mamá quienes han muerto por depresión ante la ausencia de los seres queridos que se han ido tratando de sobrevivir en libertad.

Miro a mi alrededor y al encontrarme sola me dan ganas de llorar porque no quiero correr con la misma suerte de morir lejos de casa como tantos compatriotas quienes como yo se han visto obligados a dejar de lado sus amores. Me niego a creer que esta pesadilla continúe por mucho más tiempo y prefiero confiar en los magistrados del TSJ en el exilio, en esa diáspora que lucha por volver, en ONGs como el Foro Penal y en esos jóvenes que a pesar de las circunstancias se mantienen firme en nuestro país.

Poco a poco he ido presentando a cada una de esas personas más allá de lo que simbolizan a través de sus instituciones para que sigamos su ejemplo sin perder la fe porque indistintamente de nuestra propia realidad todos tenemos la misma madre que nos vio nacer y que nos recuerda lo mucho que nos necesita.

A pesar de nuestras diferencias, de las ganas de sobresalir de algunos y la arrogancia de otros, lo único seguro que existe es que algún día dejaremos este mundo y dependerá de cada quien el nivel de fraternidad, solidaridad y patriotismo que heredarán las nuevas generaciones. No quiero morir sola, pero si es mi destino entonces que Dios se apiade de mi alma y muestre su misericordia con Venezuela para que renazca mucho más hermosa.
@nasbly


EL PAÍS DE LAS MUJERES BELLAS

agosto 5, 2018

Por Nasbly Kalinina
Maritza Sayalero 1979
(Tomada de la Web)

Nací en San Fernando de Apure el 3 de octubre de 1979 año en que Maritza Sayalero Fernández ganó por primera vez el Miss Universo lo cual marcó los sueños de las jóvenes de mi generación pues, altas o no, nos daba ilusión participar en el Miss Venezuela y seguir los pasos de Cristal Montañez, Irene Sáez, Maite Delgado, Viviana Gibelli, entre muchas otras.
Así a temprana edad hice que mis padres me inscribieran en un curso de modelaje y a pesar de que muchos me decían que sería modelo de radio tomé las clases muy en serio al igual que mis compañeras. Con el tiempo entendí que no todas habíamos nacido para participar en un certamen de belleza pero no por eso dejábamos de ser hermosas. Que lo importante era lo que teníamos que ofrecer más allá de unas medidas perfectas porque un saludo con una sonrisa cálida vale más que una corona.
Sin duda, muchas de las adolescentes de mi época sufrimos por no ser lo suficientemente altas y no ir al Miss Venezuela o por esperar el primer beso de nuestro príncipe azul sin imaginarnos que pronto llegaría el lobo a robarle su color a Caperucita. Así nos espantamos con el Caracazo y nos horrorizamos en las dos intentonas de golpe, pero jamás pensamos que el terror vendría a quedarse por largos años y secuestraría a tantas personas como a Rosa Virginia González quien se encuentra en el Sebin de Aragua sufriendo torturas y apartada de su niña.
Por más que Luis Herrara Campins dijo en su discurso inaugural que había recibido un país hipotecado y que en toda nuestra historia democrática haya habido corrupción, los jóvenes tenían futuro, nuestro país era un ejemplo a seguir y era receptor de inversionistas extranjeros que apostaban a una Venezuela próspera y brillante.
Y es que con tanto tiempo sin ver a mi familia comienzo a reflexionar sobre nuestra historia para tratar de entender en que momento perdimos nuestros sueños y pasamos a ser perseguidos por querer tener una vida digna gracias a nuestro trabajo y esfuerzo.
Me pongo melancólica y deseo volver, reírme de esta pesadilla, abrazar a mis padres, hermanos, vecinos y compañeros; conocer a Rosa y a su hija en una Venezuela en la que los presos políticos no existan, distinguir en los extraños aquella alegría que nos caracterizó pero que la inseguridad, la escasez y la desesperanza nos han robado.
Sueño con nuestra libertad, poder escoger donde quiero estar y que al viajar los agentes de inmigración no me pregunten si he ido a quedarme sino más bien que me den la bienvenida y me vuelvan a decir lo mismo que la primera vez que salí de casa: ¡Venezuela, el país de las mujeres bellas!
@nasbly


DOMINGO SALGADO: UN DEVOTO DE LA DIVINA PASTORA EN EL TSJ

julio 29, 2018

Domingo

“No hay que hacer justicia por propia mano, pero está en nuestras manos que se haga justicia”
Alfredo Romero

El 20 de julio de 2017 Domingo Javier Salgado Rodríguez fue al Santuario de la Divina Pastora en Santa Rosa para agradecerle el haber sido seleccionado como magistrado de la Sala Electoral del TSJ. Al ver la imagen de la Virgen tan bella e imponente se sintió como un humilde servidor quien estaba convencido que las leyes eran vitales en la conquista de la democracia.
Madre: hoy vengo ante ti como un niño a darte las gracias por todas tus bendiciones y a pedirte que me acompañes en este camino incierto en el cual sé que estoy poniendo en riesgo tanto mi vida como la de mi familia. Hasta ahora hemos logrado disfrutar de los frutos de mi trabajo pero, no puedo hacerme el sordo ante el sufrimiento de mis compatriotas, personas trabajadoras y soñadoras que tienen derecho a un mejor futuro.
¡Son tantos los inocentes que han caído! Necesito actuar y estoy seguro que desde lo más alto de nuestro sistema jurídico podré contribuir en que se realicen los cambios obligatorios para que se haga justicia.
Mañana será la juramentación y te ruego que no me desampares porque contigo a mi lado nunca me apartaré del camino de Dios y de su único hijo Jesucristo, nuestro Señor.

De esa forma Domingo Salgado, abogado con especialización en Derecho Laboral, maestría en Derecho Procesal Civil, una vasta experiencia en el ejercicio profesional en la administración pública y privada, docente universitario, escritor de libros y artículos jurídicos, esposo y padre de familia; dejó su hogar en la ciudad de Barquisimeto para dirigirse a la capital, lugar que lo vio nacer en una hermosa noche del 28 de junio en la década del pop.
Lleno de valentía, inspirado en el legado de justicia social heredado de su madre y el patriotismo de su padre, el 21 de julio de 2017, junto a otros treinta y dos abogados; juró que le serviría a la nación desde el lugar que Dios le había designado. Sin embargo, al verse perseguido huyó del país para no ser víctima de las terribles crueldades a las que son sometidos los presos políticos del régimen.
Estando en los Estados Unidos se reunió con sus compañeros quienes al igual que él no dudaron en seguir adelante con su deber y desde el exilio constituyeron el primer Tribunal Supremo de Justicia fuera de su país de origen para trabajar y luchar hasta restablecer el hilo constitucional perdido desde que el difunto tomó posesión ante la “moribunda”.
Desde entonces se ha mantenido firme en la lucha para lograr la democracia en nuestro país, con una esperanza inquebrantable, porque se siente honrado de pertenecer a ese grupo de hombres y mujeres quienes tienen en sus manos no solo la posibilidad de poder reconstruir una nación sino también de devolver la institucionalidad perdida. Una oportunidad, que admite, ha tenido un costo emocional, físico y patrimonial tanto para él como para su familia pero que sin duda ha valido la pena para la llegada de una nueva y bendecida Venezuela.
#QueSeHagaJusticia
Sigue al Dr. Salgado: @enfoquejuridico