Luis Alejandro Mogollón: El Mártir de Ramo Verde

diciembre 9, 2018

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Por Nasbly Kalinina
“No te dejes vencer por el mal antes bien, vence al mal con el bien” Juan Pablo II

No puedo dormir, el dolor que tengo en todo mi cuerpo es muy intenso, me he desmayado varias veces y la última vez fue cuando me trasladaron a los tribunales por falta de tratamiento. Intento entender por qué no termino de morirme en esta fría celda, es lo mejor que me podría pasar, algunos de mis compañeros han tratado de suicidarse mientras yo simplemente espero una muerte que no llega.
La cabeza me va a estallar, lo sé, esta presión que siento no es nada normal. Créanme porque a los cinco años tuve cáncer y ni esos malestares fueron tan agudos como el de ahora. La gente dice que con la caída que me llevé y los tres paros generales que me han dado sin haber recibido la atención adecuada es un milagro que siga vivo. Aquí hay muchos enfermos, entre las torturas y las condiciones en las que vivimos, es fácil que a cualquier persona se le deteriore la salud.
Me siento tan desesperado que lo único que me da calma son los recuerdos con mi familia allá en Barquisimeto tierra en que nací el 2 de octubre de 1986. Soy el segundo de los cuatro hijos del matrimonio Mogollón-Velázquez. La mayor murió de cáncer a los 12 años de edad y desde entonces me he sentido con la responsabilidad de darles un buen ejemplo a mis hermanos menores sobre todo para apoyar a mis padres quienes han sufrido tanto con nosotros.
Desde muy joven quise ser militar al igual que mi papá, mis tíos y mis primos, y luego de cuatro años de intentar entrar en la escuela por fin lo logré. Mi promoción fue la última que graduó el presidente Chávez. La mirada de orgullo de mis padres fue la mayor recompensa. Me mandaron a la frontera y recibí diferentes condecoraciones por lo bien que hice mi trabajo. Claro, había nacido para proteger a mis compatriotas y con mi uniforme lo estaba haciendo.
Aunque reconozco que nada me da más felicidad que estar con mi familia no solo terrenal si no también espiritual. Soy católico y cuando nací mis padres me llevaron al templo de Santa Rosa para presentarme ante la Divina Pastora mi otra madre y quizás la principal porque es a ella a quien veo todos los días a mi lado consolándome y dándome fuerzas como lo ha hecho desde que era un niño. De allí que todos los 14 de enero participaba en el maratón en su honor, le llevaba flores y junto a todos los demás feligreses le rezaba el rosario.
A pesar de ello, siempre he sido muy torpe en recitar oraciones largas por eso me limito a decirle en todo momento que la amo y me imagino también a mi mamá Luris quien me dio la vida y a quien le agradezco tanto. Mamá Luris, mi vieja, cuanto extraño su olor, su voz, sus cuidados. A su lado ya hubiera sanado.
Por cierto, creo que no me he presentado soy el Primer Teniente Luis Alejandro Mogollón Velázquez y desde hace más de un año formo parte de la larga lista de los presos políticos en mi país. Vivo en la cárcel de Ramo Verde por un delito que no cometí, me han torturado y aunque estoy enfermo de gravedad no me han otorgado una medida humanitaria para ser atendido en libertad.

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IVAN SIMONOVIS: UN HÉROE LLAMADO PRESO POLÍTICO

diciembre 2, 2018

Por Nasbly Kalinina

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“No te dejes vencer por el mal antes bien, vence al mal con el bien” Juan Pablo II

Hace algunos años, creo que por allá en el 2005, leí en la Internet que una niña decía que su papá era un héroe llamado preso político, lo cual me pareció un poco exagerado e infantil, pues con seguridad, pensé, la pequeña Ivana Simonovis quien apenas tenía como 8 años de edad no sabía lo que estaba diciendo. Nunca voté por Chávez, nunca me gustó porque desde las intentonas le había agarrado miedo. Sabía que era un dictador en potencia pero era demasiado pronto para empezar a secuestrar a sus oponentes con bases legales manipuladas o inexistentes así que eso de preso político lo desestimé porque no estuve en Venezuela durante el paro petrolero ni en los acontecimientos del 11 de abril.
Leí al respecto, traté de entender pero viviendo mi sueño británico y estudiando inglés, un idioma que me costó mucho aprender pero que pronto olvidé, no me ocupé seriamente en los sucesos de mi país. Sabía que era cuestión de tiempo para que aquel gobierno se transformara en dictadura y no quería volver. No sé si por miedo o inmadurez, lo cierto, es que hay hechos que aún me cuentan trabajo comprender.
Así la figura de Simonovis y la de aquella niña que lloraba por su padre pasó a ser una más de las historias trágicas de mi país. ¿Y cómo no? Tuve que volver a Venezuela y a enfrentar mis propios problemas: la readaptación a una sociedad que luego de cuatro años me pareció que se había quedado en el pasado y un hogar destruido porque a mi madre le había dado un infarto y necesitaba de mucho cuidado cuando mi padre la había dejado.
Luego Chávez, en un día de los inocentes, amenazó con cerrar a RCTV por los hechos del 11 de abril, el apellido Simonovis y el del resto de los PM comenzaron a resurgir y yo seguía sin entender. Salí a las calles, me uní a las protestas y en adelante fui más activa en los eventos políticos como forma de drenar el miedo que tenía de morir ahogada en aquellas aguas cubanas que se acercaban como un Tsunami sin poderlo impedir.
Murió Chávez, las protestas se incrementaron, los muertos, heridos, torturados y el nombre de preso político tuvo como rostro principal a Leopoldo López al cual pronto se sumaron el de Ledezma, Ceballos, Saleh y cientos de otros más. Venezuela, había empezado a despertar y con ella, la mayoría de nosotros entendió lo que Simonovis y su familia llevaban años gritando sin desmayar: Los presos políticos son héroes que están tras las rejas por haber vencido sus miedos y haberse enfrentado al mal.
Hoy, que tengo menos tiempo, pero sí una gran pasión por conocer la verdad, he estudiado la vida de Simonovis plenamente, he entendido que es un hombre de principios y valores, un hombre de hogar que merece su libertad porque es inocente y ha pagado con creces el no haber sido un títere en las manos de quienes por alguna razón odian nuestra nación.
Lo que me ha llevado a sentir vergüenza de mí misma al preguntarme ¿Dónde estaba yo cuando pasó todo eso? Y aun peor, ¿Dónde están tantos venezolanos hoy en día en que las cifras de presos políticos, los perseguidos y exiliados son tan elevadas? Por qué no actué a tiempo, por qué no actuamos, por qué no alzamos juntos nuestras voces hasta que seamos escuchados.
Por más que quiera no puedo volver al pasado, no puedo consolar a Ivana, aquella niña que a pesar de haber crecido con tantos miedos y dudas se llenó de coraje para gritarle a un mundo de sordos que su padre había sido injustamente encarcelado y condenado a 30 años de prisión en el juicio más largo de la historia de un país secuestrado.
No puedo volver al pasado ni reanimarla cuando tanto ella como su papá Iván, su mamá Bony y toda su familia estaban viviendo un calvario sin nadie que les brindara una sonrisa o un cálido abrazo en medio de sus llantos; pero si unirme a ellos, al igual que todo aquel que así lo quiera y decir que también es Simonovis y luchar hasta que él y el resto de los presos políticos sean liberados.

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ARAMINTA: LA SOBREVIVIENTE DEL RÉGIMEN DE MADURO

septiembre 24, 2018

Por Nasbly Kalinina

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Hace un par de años recibí una historia aterradora por WhatsApp sobre una muchacha que se había ganado la lotería del régimen al ser, entre sus tantos desertores, capturada, enviada a la cárcel y posteriormente a un psiquiátrico. El autor de aquello, José Domingo Blanco, decía que si Andrés Eloy Blanco estuviera vivo le hubiera dedicado un poema lo cual no me queda la menor duda.
Nunca me imaginé que con el tiempo tendría el gusto de conocer a la protagonista de aquel relato que se hizo viral entre venezolanos dentro y fuera del país. Traté de tener guantes de seda a la hora de hablarle pues sabía que era un milagro que hubiera superado aquella pesadilla. Para mi tan poco era fácil tratar con alguien que de alguna manera me hacía revivir mis recuerdos más horribles. Sin embargo, me llené de fortaleza para escribir sobre ella.
De nuestras conversaciones aprendí que Araminta González es una joven caraqueña quien había perdido a sus padres a muy temprana edad, logró superarse con la ayuda de sus dos hermanas, ir a la universidad y destacarse en la química trabajando para importantes firmas de laboratorios farmacéuticos. Vivía cómodamente y disfrutaba de una relación amorosa con quien había sido su mejor amigo por muchos años, a pesar de ello, sabía que su realidad era opuesta a la de millones de venezolanos condenados a la miseria por un régimen opresor liderado por un tirano que dormía como un bebé.
Le gustaba subir al Ávila y un día en el año 2014 mientras disfrutaba de la imponente vista en la cima, respiró hondo, cerró los ojos y en su mente pudo escuchar los gritos de sus compatriotas desesperados porque no les alcanzaba el salario para comer, madres que se peleaban por un pote de leche luego de pasar días haciendo colas para comprarla a precio regulado, jóvenes asesinados por la delincuencia en un mar de impunidad. “Venezuela, mi Venezuela: ¿En qué momento el demonio se apoderó de ti?, ¿Acaso no hay nadie que pueda protegerte?” Se cuestionó a sí misma mientras las lágrimas mojaban sus mejillas y las siguientes preguntas venían de la nada: “¿Seré lo suficientemente valiente?, ¿Cómo pedirle a otros lo que yo misma no soy capaz de hacer?” La decisión ya estaba tomada. Araminta se uniría formalmente a la resistencia sin importar lo que le pasara. “El miedo no podrá detenerme, soy un instrumento de Dios y con su ayuda atravesaré cualquier desierto lleno de serpientes. Su amor será mi guía y la libertad de mi país mi razón para sobrevivir.” Sentenció sin tener idea de lo que le esperaba.
En julio de ese mismo año fue detenida y llevada al Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF) donde la golpearon y la torturaron tanto que la hicieron delatar a dos de sus compañeros Vasco Da Costa y José Luis Santamría. La culpa de la desgracia de sus amigos no la dejaba en paz. Día y noche lloraba por ellos. No tenía fuerzas para seguir viviendo con aquel remordimiento y menos en un hacinamiento en donde el agua potable era inexistente, los malos olores penetraban los pulmones hasta no sentirlos, las ratas paseaban como mascotas y el rígido adoctrinamiento comunista en el que se le obligaba a los presos políticos, a fuerzas de malos tratos, a gritar que amaban al difunto presidente hacedor de todo aquella podredumbre infernal.
Dos veces, su mente fracturada ante aquella infinita agonía, buscó en el suicidio la salida por lo que fue internada en un hospital psiquiátrico en el que convivió con enfermos mentales no medicados a quienes vio como un grupo de niños indefensos en comparación con los crueles guardines que la acompañaban sin tregua por haber sido señalada por el régimen como una terrorista. Así los días se transformaron en semanas y los meses en años hasta que un día como un milagro de Dios la enviaron a su casa para que terminara de curarse y pagara su condena.
Sus hermanas desde España nunca dejaron de velar por ella. Apenas supieron que había salido de aquel lugar se las ingeniaron para ayudarla a escapar y cuidarla en la madre patria. Desde allá sigue en terapias, tomando antidepresivos, denunciando al mundo entero su tragedia al tiempo que aboga por el resto de los presos políticos.
Para mí se ha convertido en una heroína al luchar no solo por nuestro país si no por haber dejado atrás aquellos demonios que la incitaron al suicidio. Una inspiración que merece un libro en el que se cuente su historia con detalle, una condecoración por su gran valentía y sobre todo el poder volver a una Venezuela libre con la satisfacción de que ella fue parte de esa valiosa conquista.
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GONZALO HIMIOB SANTOMÉ: EL INTELECTUAL DEL FORO PENAL

julio 15, 2018

Gonzalo Himiob Santomé
Luego de haber escrito sobre Alfredo Romero, me sentí en deuda con Himiob quien también es director del Foro Penal. Al decidirme, la distancia y el tiempo limitado para entrevistar aquel colega, tan entregado a la defensa de los Derechos Humanos, serían nuevamente mi mayor reto en mi proyecto, pero no una limitante, así que empecé a investigar en las redes sociales sobre él y lo que encontré fue muy interesante pues fue como hallar a un hermano mayor con el que se tienen muchas cosas en común.
Nacido en Caracas el 5 de octubre de 1969, me lleva exactamente 10 años, aunque en experiencia profesional parecen treinta. Abogado egresado de la Universidad Católica Andrés Bello, se especializó en Ciencias Penales y Criminológicas. Es socio fundador del Escritorio Jurídico Himiob, Romero y Asociados; miembro fundador del Foro Penal desde el 2004, profesor universitario, escritor y músico. Ha recibido múltiples reconocimientos a nivel nacional y recientemente a nivel internacional el premio IABA/FIA Lexis-Nexis por la Defensa del Estado de Derecho en América Latina otorgado por la Federación Interamericana de Abogados.
A nivel personal está casado con Wen Dugarte, quien despierta al hombre romántico y soñador oculto detrás de la rigidez de las leyes y los fríos edificios de los tribunales. Tiene dos hermosos hijos, Sofía y Luis Gonzalo, quienes son su mayor motor de vida e iluminación en la lucha por una Venezuela en la que se haga justicia y en la que todos podamos vivir en libertad. Es un apasionado al país en el que nació, creyente en Dios, admirador de la naturaleza y en especial de aquel cerro llamado Guaraira Repano, mejor conocido como el Ávila, que inspiró su primera novela “Ausencias deja la Noche”, en la cual combinó de manera exquisita la magia, el mito y la realidad social de nuestra época.
Un hombre de principios solidos que ejerce valientemente el Derecho en un país donde las leyes son el adorno de un Estado donde reina la impunidad y la opresión es el castigo para quienes se oponen abiertamente a los actos ilegales y crueles. Un pensador que ama tanto al prójimo que ha creado un lema que se ha grabado en nuestros corazones.
Así cuando escuchamos decir que “No hay peor castigo para un preso político que el olvido” se nos hace imposible desligar aquellas palabras de aquel humilde señor de lentes que nos guía y orienta con su persistencia, paciencia e inteligencia el camino en la defensa de los derechos humanos de quienes no son simplemente parte de una estadística sino de quienes tienen un nombre y apellido, una familia que los espera porque son inocentes y su único delito es pensar diferente.
Gracias a esa prestigiosa fama de hombre luchador y honesto en el 2009 Miguel Henrique Otero, presidente editor del diario El Nacional, uno de los periódicos más importantes del estado y de marcada línea opositora al régimen, le pidió que escribiera un libro sobre la persecución y discriminación por motivos políticos en el país lo que originó una reseña de la historia actual de los casos más emblemáticas que hasta ese año se habían cometido, lo que hizo de “El Gobierno de la Intolerancia” una obra de lectura indispensable para todos los estudiosos de la realidad de Venezuela en la era de Chávez.
Su creatividad literaria ha sido su refugio y modo de expresar su sensibilidad lo cual se evidencia en su otra novela llamada “Sentir la Sed” y sus tres poemarios que desnudan al hombre refinado y caballeroso quien ve a su mujer no como aquella que deba de estar detrás como una sombra sino más bien a su lado como su compañera en las buenos y malas.
Un buen amigo quien no se restringe al reconocer públicamente que sus premios son compartidos con su socio y compadre Alfredo Romero por su ejercicio mutuo del derecho en un país donde muchos se preguntan si vale la pena seguir estudiando las leyes cuando ven perdida toda posibilidad de ganar un caso de forma honesta e inteligentemente y a lo que él les responde que “Nunca son tan importantes las luces de la razón, del conocimiento y de la ley como cuando se camina en la más absoluta oscuridad.”
Un hermano que en definitiva nos llena de orgullo que haya nacido en nuestra amada Venezuela y que esté allá luchando por ella, dejando el miedo aún lado, para salir cada día a abogar por los más necesitados y recordándonos que mientras existan hombres como él, inteligentes y bien formados, capaces de dar lo mejor de sí para el rescate de nuestra tierra el milagro llegará tarde o temprano porque como bien dice la carrera “no es de velocidad sino de resistencia”.
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LA DEPRESIÓN EN LOS PRESOS POLÍTICOS

julio 7, 2018

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“No hay peor castigo para un preso político que el olvido”
Gonzalo Himiob

Son las 3 de la mañana, me he despertado con muchas ganas de llorar sin razón aparente, la soledad en estás cuatro paredes se hace más profunda cuando me siento enferma y el deseo de ver a mi familia me envuelve. Escucho unas gotas de lluvia a través de la ventana y el olor a tierra mojada penetra mi cuerpo como recordándome que soy libre a pesar de la distancia y de que desde hace cuatro años no he podido volver a casa. “Soy libre”, repito en mi mente, mientras mi corazón se siente preso al no poder estar con los seres que más amo.
Hace algunos años sufrí una depresión severa producto de un estrés emocional. En aquel entonces me explicaron los diferentes tipos de depresiones existentes y al parecer la mía se debía a un desequilibrio en los químicos cerebrales y necesitaría tomar una pequeña dosis de antidepresivos para dejar de sentirme triste, lo cual no sonaba del todo mal hasta que me dijeron que sería de por vida.
No podía creerlo, luego de todo lo que había estudiado y de las veces que me había ido de casa cómo era posible que me dijeran que algo estaba mal en mi cerebro. Tenía que ser un error, un gigantesco y macabro error. Para mí, la doctora era una paranoica a quien debía de complacer para la tranquilidad de mi mamá, así que por un tiempo me tomé mi pastilla diaria hasta que me sentí mejor y las dejé. Desafortunadamente, las ganas de llorar volvieron una y otra vez que trataba de abandonarlas, por lo que terminé resignándome a no poder vivir sin ellas.
En el 2014 me vi obligada a emigrar a los Estados Unidos y en los primeros años me tocó vivir varios eventos traumáticos que me hicieron desear la muerte un par de veces al sentir que era la única forma de salir de aquella pesadilla. Por suerte y con la bendición de Dios logré recibir la ayuda médica necesaria y cuando me sentí emocional y psicológicamente estable comencé a estudiar todo lo referente a la depresión hasta dar con una fórmula para dejar los antidepresivos para siempre.
Para la fecha, llevo casi un año sin ellos, aunque no niego que en varias oportunidades me he sentido tentada por el estrés de estar lejos de mi familia y sola en un país donde cada quien vive su vida sin importarle lo que pase con el otro. Me he juramentado como Defensora Activa de los Derechos Humanos de la mano del Foro Penal y desde entonces me he ido involucrando con diferentes presos y familiares de ellos quienes han tocado mi corazón como nadie.
El ayudar a mis semejantes ha estado en mí, creo que desde que nací, y aunque siempre he estado envuelta directa o indirectamente en diferentes organizaciones no gubernamentales ninguna otra me había llenado tanto como el de abogar por los presos políticos. Cuando escuché que Boris Quiñones, un joven médico intentó quitarse la vida, sentí como si una lanza cruzaba mi alma y en un acto de total desesperación al identificarme con el dolor de aquel hermano me uní a la campaña mediática por su liberación del Foro Penal y todo su equipo.
Desde aquello han pasado varios meses y con gran gratitud hacia el Foro Penal, sus directores y a todas las personas que se abocaron en este caso celebro que Boris hoy esté excarcelado. Sin embargo, al reflexionar sobre la depresión y los presos políticos, vienen a mi mente personas como Lorent Saleh, José Alberto Marulanda, Rosa González y el resto de los inocentes que permanecen secuestrados por el régimen únicamente por pensar diferente.
En la soledad de mi habitación y el frío de la noche mi corazón vuela hacia ellos, se posa en sus camas y cuida sus sueños para protegerlos de la depresión que llega a atacarlos sorpresivamente como una fiera salvaje para robarles toda esperanza al sentirse olvidados. A ellos mi mensaje de amor y por ellos revelo mi historia para que entiendan que aun estando libres podemos ser presa de aquella alimaña.
No hay nada de qué avergonzarnos, somos hijos de Dios, frágiles y sensibles quienes en su momento hemos vivido diferentes grados de sufrimiento que nos han quebrado pero que no nos han vencido, ni lo harán mientras que estemos atentos y listos para defendernos.
En nuestra sociedad la depresión es un tabú y aún en países tan desarrollados como en el que vivo existe un nivel muy alto de personas que luchan día a día contra ella sin decirlo por miedo al desprecio público y así es cuando se ven casos de famosos como Robín Williams y Anthony Bourdain quienes a pesar de tener fama, dinero y amigos en un momento de desolación optaron por el suicidio.
Ni ustedes en esas rejas, ni nadie quien esté haciendo atacado por la depresión, están totalmente solos. Dios siempre está con nosotros y basta con que creamos de verdad para que nos mande un ángel a salvarnos, bien sea a través de la forma de un amigo, un ser querido o hasta un desconocido. Dios nos cuida pero es nuestra decisión aferrarnos a él, mientras los Defensores Activos seguimos unidos y apoyando a sus abogados hasta verlos en libertad, pues como dice el doctor Romero: “No hay que hacer justicia con propia mano, pero está en nuestras manos que se haga justicia”

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ROSA VIRGINIA GONZÁLEZ: UNA FLOR EN CAUTIVERIO

junio 30, 2018

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“No hay que hacer justicia con propia mano,
pero está en nuestras manos que se haga justicia” Alfredo Romero

Anoche salí a caminar por el lugar donde vivo y con la mirada pérdida en mis recuerdos no me di cuenta del carro que venía cuando fui a cruzar la calle. Ante mi cara de espanto el señor me dijo sonriente: “Tranquila, mi camioneta no atropella flores”, lo cual le agradecí enrojecida y apenada por mi imprudencia.
Seguí mi recorrido, reflexionando en que aún existen caballeros y que no todos los hombres nos quieren encerrar por pensar distinto. Ello por las memorias que vinieron a mi mente de las mujeres quienes están presas por haber alzado sus voces en miras de un mejor futuro tanto para ellas como para sus hijos y cuya razón hoy abogo por mis hermanas; sí, mis hermanas porque aunque ni siquiera nos conocemos somos hijas de la misma madre patria y están allí por defenderla.
Desde la distancia me encuentro con Antonieta, madre sentimental de Rosa González quien fue detenida el 13 de enero del 2018 en el centro de Cagua, mientras compraba comida, y llevada al SEBIN de Aragua. Escuché su historia con detenimiento tratando de no llorar cuando me dijo que siendo Rosa inocente fue apartada de su niña de seis años quien no entiende porqué su mamá no está a su lado.
Intento conocerla mejor y Antonieta llena de amor me cuenta que Rosa es una humilde luchadora social, estudiante de Derecho, a quien le gusta disfrazarse de payasita para alegrar a los niños de bajos recursos y que se ha ganado varios reconocimientos en su pueblo por ser un ejemplo a seguir.
La señora Antonieta me muestra las cartas de Rosa hacia Camila, su hija, y al leerlas mi corazón explota ante una mamá desesperada quien le suplica a su pequeña que no la olvide, que entienda que es el amor más grande de su vida y que es precisamente ese sentimiento lo que le da fuerzas para soportar su cautiverio en esas cuatro paredes donde lleva meses sin poder cumplir con sus deberes de madre.
Vuelvo a repasar sus escritos y denoto que una de las cosas que más extraña de su niña es lo mucho que la hace reír con sus ocurrencias infantiles.
Veo la hermosa sonrisa de Rosa en sus fotos en la Web y no logro imaginarme su rostro apagado por el sufrimiento de estar separada de su hija en una cárcel en la que no puede salir a tomar sol, ni ir al baño cuando lo necesita por lo que ha tenido fiebres muy altas y perdido mucho peso.
Antonieta me envía unas fotos de Camila en la que su mirada decaída y triste refleja lo mucho que extraña a su mami a quien no ha podido ver ni abrazar en varios meses. Los llantos de la niña quiebran a sus familiares que ya no encuentran como consolarla mientras les piden clemencia a unos jueces que se han hecho los sordos ante el sufrimiento de otra familia que paga con creces el pensar diferente.
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KAMEL SALAME: UN PADRE EJEMPLAR SECUESTRADO POR EL RÉGIMEN

junio 15, 2018

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Pronto será el día del padre y nuevamente Kamel lo pasará en una fría cárcel venezolana siendo inocente, mientras sus hijas siguen llorando su ausencia y clamando por su libertad.
El 28 de noviembre de 2008, Nati y Titi, quienes para la fecha tenían apenas siete años fueron traumatizadas ante la injusta detención de su papá. Su hogar fue violentado vilmente, por unos agentes quienes les arrebataron a su héroe y las condenaron a visitar cualquier cárcel del país, por muy peligrosa que sea, para lograr ver aquel hombre a quien consideran su amigo, confidente y compañero de vida; pues a pesar de ese encierro, en donde ha sido torturado física y psicológicamente, les levanta el ánimo y hasta las hace reír.
Sin duda, la personalidad risueña y jovial de Kamel fueron, entre muchos otros, factores que le hicieron ganar la simpatía de los yaracuyanos quienes cansados de tantos politiqueros le pidieron que se lanzara para la alcaldía, lo cual, luego de un profundo análisis junto a sus familiares y amigos decidió aceptar para así seguir ayudando a su gente.
Kamel nació en San Felipe, Estado Yaracuy el once de abril de 1966, es descendiente de una familia de libaneses y muy trabajadora con quienes desde muy temprana edad aprendió a ganarse el sustento, por lo que desde muy joven se independizó económicamente y con su propio dinero pudo socorrer a muchas personas que acudían a él en momentos de necesidad y con la certeza de que serían atendidos.
Al aceptar el compromiso de lanzarse como candidato a la alcaldía en las elecciones del 2008 dedicó todo su tiempo y esfuerzo en realizar una campaña cargada de labores sociales en la que junto a los vecinos salía a limpiar las calles, recuperar las canchas, las plazas y demás lugares públicos olvidado por el gobierno.
El día de las votaciones logró hacerse con la mayoría de los votos pero inexplicablemente luego de un bajón de luz los resultados cambiaron. A los tres días Kamel denunció fraude y veinte cuatro horas después tanto él como su grupo político fueron detenidos y expropiados de todos sus bienes.
Kamel fue despojado incluso de su vivienda principal en donde habitaban sus niñas quienes fueron arrojadas a la calle entre llantos de espanto. “¡¿Dónde está papá?!”, preguntaron las gemelas desesperadas en medio de aquel caos que marcó sus vidas para siempre.
A diez años de aquella tragedia, sus familiares, amigos, vecinos y defensores de los Derechos Humanos nos unimos al grito de esas jóvenes que hoy siguen preguntando por su padre y quienes anhelan tener la libertad de dormir entre sus brazos, ir al cine, al parque y recorrer esas tierras yaracuyanas e intentar recuperar el tiempo robado por unos desalmados.

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