El Foro Penal y A Ripple of Hope

febrero 22, 2018

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“Cada vez que un hombre defiende un ideal, o un acto para mejorar a otro, lucha contra la injusticia, el envía una pequeña onda de esperanza y cruza uno a otro desde diferentes centros de millones de energía  y esas ondas de energía construyen una corriente que puede barrer los muros más poderosos de opresión y resistencia” Robert F. Kennedy

 

Alfredo Romero, director ejecutivo del Foro Penal, y Pamela Mary Schmidt quien es la fundadora de Ripple of Hope Global Youth Advocacy Initiatives tuvieron el gusto de conocerse durante la entrega del premio Robert F. Kennedy 2017, sin embargo no fue hasta enero de 2018 en que lograron verse para crear una campaña de concientización sobre los presos y perseguidos políticos en Venezuela.

Ese trabajo en conjunto floreció con la conferencia de Pamela el 20 de febrero en la Universidad de Miami en la que cautivó a todos los presentes con los fundamentos de su organización y con la cual ha venido dando a conocer a los oprimidos en Nepal, India, Haiti, Nicaragua y ahora Venezuela. Su iniciativa intenta combinar las emociones, la educación sobre los derechos humanos y el apoyo a la potencialidad de los seres humanos a través de los conceptos de coraje, compasión y perseverancia.

El evento fue iniciado por Julio Henríquez coordinador del Foro Penal en Estados Unidos quien nos acompañó vía Skype para actualizarnos en cuanto a la situación de los asilados políticos venezolanos. Luego el abogado caraqueño Santiago Rodríguez colaborador del Foro Penal y estudiante de Derecho en la Universidad de Miami nos conmovió a todos con una historia espeluznante de un ingeniero quien al ser apresado de forma totalmente injusta sufrió de depresiones y se le desarrolló un tumor cerebral.

Al momento de la participación de Pamela, Maru Michelena la acompañó para traducir su exposición, trabajo impecable de nuestra compañera quien nos trasmitió sus sentimientos encontrados al sentirse por un lado, honrada con su aporte a los venezolanos quienes no entendían una sola palabra de la oradora de orden y por el otro, conmovida ante la iniciativa de aquella maestra de escuela americana quien se ha dedicado a la defensa de los Derechos Humanos y que hoy en día asumió el reto de presentarle al mundo los testimonios de un grupo de venezolanos quien han sido acogidos en su país: Estados Unidos.

La exposición de Pamela fue impecable y llena de sorpresas, nos explicó cuando y como conoció a Alfredo Romero y de cómo su fundación podría dar a conocer los testimonios de los presos y perseguidos políticos en Nueva York, la importancia de sus entrevistas con las víctimas y de hacerlos pintar una imagen que para ellos representara la libertad y otra su prisión, mostrándonos una en la que un niño quien había sido explotado desde los 8 años representó a otro quien aún seguía en esas condiciones (prisión) mientras que él se sentía feliz con su nueva familia (libertad).

Luego nos pidió que buscáramos a un desconocido y le diéramos un abrazo. Al hacerlo, vi que en realidad las únicas personas que conocía estaban muy lejos y que era la primera vez que me encontraba con todas las que me rodeaban. Por un momento el vació de soledad con el que he aprendido a vivir, porque aquí solo me acompañan Dios y la Virgen, me embargó; aun así al recibir el fuerte abrazo de mi compañera de mesa, Ana Viloria, y el de todos aquellos compatriotas sonrientes llenos de tanto amor me hizo sentir en casa, sobre todo al poder cargar a la única bebé presente, Isabela Sofía, quien llegó a mis brazos como una bendición del Divino Niño Jesús de quien soy muy devota y a cuya misa había dejado de ir por cumplir con las actividades del FP y apoyar a nuestros presos. Fue como sentir el amor de Dios con aquel ángel en mis brazos y recordé a aquellos menos afortunados quienes viven en esa prisión llamada “La Tumba” donde se encuentran completamente aislados.

Antes de terminar su exposición, Pamela nos pidió que definiéramos lo que para nosotros era la libertad, una joven del panel, le dijo que era básicamente lo que Estados Unidos nos ofrecía con lo cual muchos estuvieron de acuerdo. Cuando finalizó, me acerqué y le dije que para mí la libertad era poder estar en el lugar que deseara pues, a pesar de estar libre en este hermoso país mi corazón estaba preso por no poder volver a casa, abrazar a mis familiares y amigos sin sentir temor de formar parte de ese listado de presos políticos que el Foro Penal actualiza todas las semanas.

Mi concepto sobre la libertad le gustó mucho y me pidió que se lo enviara para escribir un poema, quedando así en deuda con una mujer extraordinaria a quien tuve el privilegio de conocer gracias a que oficialmente pertenezco a los Defensores Activos del FP. Durante los siguientes días se entrevistaría con algunos exiliados venezolanos en Miami quienes han tenido que dejar su país por miedo a las represalias del régimen de Nicolás Maduro. Algunas de ellos ya han estado presos, otros solo fueron amenazados públicamente por haber alzado su voz en contra del tirano pero todos comparten el mismo terror de volver a nuestro país y ser encarcelados simplemente por pensar distinto.

Con esa hermosa experiencia creí que había hecho el día, sin embargo; mi sorpresa fue mayor al descubrir que Munira Muñoz, nuestra anfitriona, era la hermana de Mamá Liz aquel ángel quien había pasado una temporada tras las rejas por tan solo visitar y adoptar sentimentalmente a nuestros presos políticos. Mi corazón brincó de emoción al poder conocer incluso a la señora Munira de Añez esa abuela encantadora quien acobijó en su vientre a esa ser tan noble y maravilloso. Me sentí en una nube de bendiciones al estar rodeada de tanta gente brillante y bondadosa con quienes comparto mi gran amor: VENEZUELA.

Por lo que he llegado a la conclusión que el concepto de Defensores Activos que se encuentra en la página web del FP se queda corto porque no se trata solo de la promoción, educación y defensa de los Derechos Humanos sino también de reunir a todo aquel quien lucha por el bien de los demás y envía una pequeña onda de esperanza (a ripple of hope) capaz de derribar los muros más poderosos de opresión y resistencia.

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ALFREDO ROMERO: UN ÁNGEL DETRÁS DEL FORO PENAL

enero 27, 2018

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El pasado 28 de noviembre de 2017 fui a la Universidad de Miami para una juramentación de defensores activos del Foro Penal que contaría con la presencia de Alfredo Romero. Debido a que no tengo carro y las distancias en esta ciudad son tan largas llegué cuando el evento ya había empezado pero a tiempo de escuchar la ponencia de Romero.

Desde hacía meses deseaba escribir sobre el Foro Penal pero viviendo el sueño americano en el que hay que buscar el tiempo para descansar, con tanto trabajo, no había encontrado el momento ni para investigar al respecto.

De allí, que cuando Romero comenzó a hablar como todo un profesor experto en la materia, yo me convertí en su alumna más atenta. Su introducción, bien memorizada, se encuentra en la página web del Foro Penal:

La organización no gubernamental Foro Penal está constituida como Asociación Civil conformada por una Junta Directiva, presidida por un Director Ejecutivo. En cada estado de Venezuela existe un Coordinador Regional.  El equipo de abogados que integran formalmente el Foro Penal prestan sus servicios pro bono en la asistencia jurídica de personas detenidas arbitrariamente. Contamos además con abogados que fungen como colaboradores eventuales, a nivel nacional.

El Foro Penal cuenta también con una red que supera los 4000 voluntarios, activistas no abogados, que conforman el grupo de “Defensores Activos” de la organización y que actúan en la promoción del respeto a los Derechos Humanos y la asistencia a víctimas y familiares. (Ver: https://foropenal.com/nosotros/#que-es-foro-penal)

En síntesis, eso es el Foro Penal, sin embargo; teniendo a su Director Ejecutivo en frente no pude perder la oportunidad de acercarme y tomarme una foto. Cuando ya estaba a dos pasos de él con muchas otras personas alrededor queriendo retratarse también, nuestras miradas se encontraron y con aquella hermosa y calidad sonrisa quedé cautivada y muda. Una amiga tuvo que ayudarme para pedirle su número de teléfono e invitarlo a la presentación de mi libro en la URBE a escasos dos días.

Sabía que sería muy poco probable que asistiera a mi evento por lo que no me sorprendió su ausencia. Un par de días después, el dos de diciembre, cumpleaños de mi papá, me sentí muy melancólica porque nuevamente me había quitado el habla y no quiso que ni lo felicitara. Me ocupé todo lo que pude, haciendo alguna labor social pues, había aprendido que ante el dolor nada como ayudar a los demás. Ya en la noche y en la soledad de mi cuarto, me acordé de Romero, le envié unas fotos del evento con un simple mensaje: “lástima que no fuiste”.

Para mi asombro y fascinación, me contestó disculpándose, diciéndome que realmente lo tenía pendiente y que deseaba leer mi libro. Luego intentamos cuadrar para entregarle una copia pero con su agenda tan apretada fue imposible vernos, aunque con ese hermoso detalle, me había despertado aun más la curiosidad de escribir sobre aquel hombre detrás del Foro Penal.

Mis objetivos eran muy claros, pero la vida real es muy dura y suele desenfocarnos con el intenso trabado y las cuentas por pagar. El 7 de diciembre, me desperté con una terrible noticia, Wendy Bandera, una joven periodista venezolana de 25 años de edad había sido puñaleada por su esposo en Miami.

Esa tragedia me afectó terriblemente, no solo por ser compatriotas si no porque eran primos segundos, se conocían de toda la vida y sin embargo, su relación terminó mal, muy mal. A mí me habían juzgado muchísimo por haberme casado tan rápido y además por la iglesia, y por mucho tiempo tuve que soportar los reproches de gente “muy santa” y “libre de pecado”, casadas o no pero con una lengua mas afilada que una hojilla.

Esa noticia la compartí con varios amigos pero solo uno, a pesar de no ser realmente mi amigo, me contestó lamentando la muerte de esa pobre muchacha. Su mensaje, como siempre fue breve pero muy consolador y es que Alfredo Romero, siente a cada venezolano que está dentro o fuera de Venezuela como un hermano a quien desea volver a ver feliz en esas tierras que nos parió.

El 7 de enero volví a escribirle para felicitarlo, ya eran 49 años, y aunque no me lo dijo me imagino que al verse al espejo habrá recordado las palabras de su padre: “luego de los 30 la vida se hace muy corta”. Sé que estuvo por aquí, en Miami, pero de nuevo tan atareado; me quedé con las ganas de entregarle el libro.

Una semana después, celebramos la fiesta de la Divina Pastora, una marea de sentimientos encontrados llenaron mi alma, los recuerdos de mi familia y amigos con quienes cada año caminábamos una de las procesiones más grandes del mundo. Luego de tres años y medio en el exilio por haber participado en las protestas del 2014 no podía dejar de orar por los presos políticos, sus familiares y sus defensores, casi todos del Foro Penal, quienes han asumido el riesgo de vivir cada día para el bienestar de otros en una sociedad en la que ser opositor al gobierno es casi como una sentencia de muerte.

Así nos despertamos el 15 de enero con unos videos perturbadores de Oscar Pérez pidiéndonos ayuda porque estaban rodeados. Pérez era el policía piloto más buscado por el régimen de Nicolás Maduro por haberse revelado en su contra públicamente y desde un helicóptero mostrado una pancarta con el número 350 haciendo referencia al artículo de la Constitución Nacional que declara que el pueblo desconocerá cualquier régimen que viole los Derechos Humanos.

Ese día, el mundo entero fue testigo de la masacre más horrenda y descarada de un tirano, Oscar Pérez luego de rendirse fue asesinado junto con sus compañeros entre los que se contaban civiles. Mis vecinos, todos cubanos, me contaron que ni Fidel había sido tan malo porque a la final siempre negó sus crímenes. No como Maduro y sus compañeros quienes públicamente se glorificaron de su supuesta proeza.

Ese crimen me hizo acostarme entre lágrimas y levantarme con ellas. Habíamos abandonado a unos compatriotas en las manos de un carnicero y en las redes sociales de lo único que se hablaba era que nos habían matado nuestra única esperanza y que jamás saldríamos de esa dictadura, lo cual me niego a creer porque mientras Dios esté vivo todo es posible.

Mientras tanto al frente de toda esa tragedia, abogando por los derechos de las víctimas y de sus familiares, se encontraban nuevamente aquellos héroes del Foro Penal. Alfredo Romero, desde un principio con esa templanza que lo caracteriza dio a conocer vía Twitter que estaban evaluando los hechos y las evidencias para emitir un pronunciamiento, que no se hizo esperar, así como tan poco el dedicarle su programa de radio de los martes trasmitido por RCR (Radio Caracas Radio) y que el resto del mundo puede seguir por Periscopé.

Mi corazón estaba roto en mil pedazos pero nuevamente viendo a Romero en acción haciendo su trabajo, sacrificando horas de sueño y de tiempo con su esposa y sus hijos, me hicieron activar, reanudando mis labores sociales y seguir escribiendo; sin duda, escribir sobre uno de los venezolanos más destacados a nivel nacional e internacionalmente era un gran reto y privilegio.

Escribir la biografía de Alfredo Romero desde la distancia y teniendo tan poco tiempo para poder entrevistarlo me hicieron buscar alternativas. Siempre había pensado que la mejor forma de conocer a un artista era por medio de su obra y por suerte, Romero es canta-autor y en su página web: www.romeroalfredo.com se encuentran disponible doce de sus canciones.

Al escuchar y analizar cada una de esas piezas musicales descubrí al hombre romántico y apasionado quien se inspiró en su esposa para escribir por lo menos cinco de ellas. En sus obras también florece su amor por Venezuela y las tristes historias que han venido enlutando a nuestra nación y a su propia alma al tener que despedirse de su papá para quien escribió los hermosos versos de El Señor de Carayaca.

Otro de los privilegios que he tenido al estudiar la vida de Romero, fue leer su libro “Relatos de Muerte en Vivo: Historias Reales de una sociedad en crisis”, con el cual me sumergí en las profundidades de su corazón al revivir el entierro de su padre Alfredo Romero Amar, así como también, de las penosas realidades de algunos perseguidos políticos, presos e incluso asesinados por el régimen.

Cada historia relatada en su libro nos confronta a una realidad espantosa propia de cine-ficción y con la cual nos sentimos de alguna u otra forma identificados simplemente por haber salido a protestar y levantar nuestras voces en contra de un régimen que no tiene piedad con millones de personas quienes deseamos un futuro mejor para Venezuela.

Romero nació en la ciudad de Caracas, estudió Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello, realizó una maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Georgetown, Washington, DC y otra en Derecho Público Financiero en la Universidad de Londres.

Es socio de la firma de abogados Himiob Romero en la que comparte liderazgo con su buen amigo Gonzalo Himiob Santomé, además es profesor de Derecho en la Universidad Central de Venezuela, de la Universidad Católica Andrés Bello y fue parte del equipo de académicos y expertos del Centro de Derechos Humanos (Carr Center for Human Rights Policy) de la Universidad de Harvard de 2015 al 2016.

Recientemente, recibió el Premio Robert F. Kennedy Human Rights 2017 y con total humildad dijo que el galardón representaba un reconocimiento a las víctimas que están en las rejas, en el exilio o que han perdido a un ser querido y se lo dedicó a todos los miembros del Foro Penal, su familia y los venezolanos quienes han creído en ellos.

Y es que más allá de los premios y reconocimientos que ha ganado Alfredo Romero alrededor del mundo por su trabajo como defensor de los Derechos Humanos, lo que lo caracteriza y lo distingue es su pasión por el bienestar de las personas, en especial de los más necesitados, razón por la que dejó la comodidad de las finanzas para fundar la Asociación Civil Vive (Victimas Venezolanas de Violaciones a los Derechos Humanos) que posteriormente se fusionó con el Foro Penal, desde el cual ha asistido a miles de personas de forma directa e indirectamente.

Su labor social le ha cambiado la vida, incluso, a un grupo de indígenas en la región zuliana, donde moría un niño por día por desnutrición, realidad que documentó con ayuda de su equipo de Pon tu Denuncia, sección de la Entrevista del Observador de RCTV (Radio Caracas Televisión, otro medio opositor al régimen cerrado en revolución) y que posteriormente mostró a Patricia Velázquez quien hoy en día los ayuda por medio de su fundación.

Por lo que en definitiva, para mí, Alfredo Romero Mendoza es un ángel y al ritmo de su canción “Que no pase” respiro y dejo que el viento toque mi cara mientras reflexiono en su vida amenazada directamente con armas para conformarse con esos abrazos de felicidad de las personas que salen de las cárceles. Un ángel que necesita de nuestra ayuda porque como dijo Oscar Pérez: “Los buenos somos más pero estamos dispersos”, por lo que nos urge unirnos y persistir hasta que nuestras acciones sean más fuertes que las palabras, nuestras oraciones escuchadas y nuestro legado sea la libertad.