LILIAN TINTORI: ¿TE CASAS CON VENEZUELA?

agosto 30, 2016

Nasbly Kalinina

Preámbulo

Esta es la primera vez que me atrevo a publicar una historia biográfica sin la autorización previa de mi protagonista y la razón por la que me permito hacerlo es por el momento histórico que nuestro país está viviendo. Este jueves 1° de septiembre Venezuela necesita a todos los demócratas del mundo entero para alzar la voz por la libertad, la unión, la paz y sobre todo por la reconciliación de nuestro pueblo.

Vamos Venezuela que Dios y la Santísima Virgen nos han dado su bendición enviándonos sus ángeles para protegernos y desterrar al demonio de los corazones de nuestros opresores.

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lilian-tintori-610x378Era el 19 de septiembre del año 2024, Lilian Adriana Tintori de López se despertó antes de que salieran los primeros rayos del sol matutino, su corazón brincaba de emoción porque ese día su primogénita, Manuela Rafaela, cumplía quince años. Deseaba ser la primera en felicitarla por lo que se acercó a la puerta de la habitación de su hija para verla mientras dormía. Al mirarla en su cama, inocente y hermosa no podía creer que ya su niña era una señorita. Tenía una liga de sentimientos encontrados: por un lado estaba feliz por su cumpleaños pero por el otro se daba cuenta que los años habían volado y su pequeña pronto dejaría el nido en búsqueda de sus propios sueños. A su memoria comenzaron a llegar recuerdos del pasado y por unos minutos se perdió en ellos.

El rostro de Lilian reflejaba la madurez de sus 46 años y la sombra de tanto sufrimiento soportado en aquella ciudad de Caracas que representó una dicotomía en su vida. En ella nació el 5 de mayo de 1978, se graduó como licenciada en Educación Preescolar, sacó una maestría en Comunicación Política, trabajó como presentadora de radio y televisión, se consagró como deportista, se casó con su eterno amor Leopoldo López con quien tuvo a sus hijos Manuela y Leopoldo Santiago; pero también fue allí donde le arrancaron el corazón al separarla de su esposo quien fue encarcelado injustamente en Ramo Verde.

Viendo a su hija, Lilian sonrió al recordar sus propios años de soltería en los que su motor era el vivir cada día al máximo estudiando y haciendo deportes. Su padre oriundo de Buenos Aires se llenaba de orgullo al verla destacarse como toda una deportista mientras que su madre venezolana, católica y más tradicional oraba para que su hija fuera más femenina, se enamorara y formara su propia familia.

Para sorpresa de sus padres justamente el haberse destacado en el deporte como campeona nacional de kitesurf fue la razón por la que un día en el año 2003 le presentaron a Leopoldo Eduardo López Mendoza igualmente caraqueño, político, economista, quien le llevaba siete años de edad y era en aquel entonces el alcalde de Chacao con la necesidad de un asesor en deportes. Esa noche Leopoldo le habló de sus proyectos de vida, de su amor por Venezuela, de su carrera política y de cómo estaba siendo perseguido políticamente mientras que Lilian se sentía fascinada ante aquel hombre tan brillante, apasionado por la justicia social, además de apuesto y soltero.

Al recordar aquel momento tan maravilloso Lilian sintió la misma emoción de aquella noche cuando conoció a su alma gemela. Una combinación de torpeza con timidez, deseo por conocer más sobre él, ansiedad por el futuro a su lado, ganas de congelar aquel instante para seguir mirándolo con unos ojos brillantes de admiración, escuchar aquella voz que aumentaba los latidos de su corazón y contemplar aquella sonrisa que la hicieron ruborizar como niña.

Otro recuerdo la invade y esta vez fue en el año 2006 en que Leopoldo se arrodilló ante ella y le hizo dos preguntas: Lilian, ¿Te quieres casar conmigo?, ¿Te quieres casar con Venezuela? En aquel momento lloró de felicidad sin saber la magnitud del compromiso que estaba adquiriendo con aquella segunda interrogante. La boda se llevó a cabo el 19 de abril de 2007. Fue un evento maravilloso en el que el novio llegó con un liqui liqui blanco, la novia con un largo vestido que le destacaba la cintura y con un toque de orquídeas amarillas en el cabello, los niños del cortejo también se vistieron con los típicos trajes llaneros creando de esa manera una ceremonia totalmente venezolana. A las afueras de la iglesia la multitud los esperó para felicitarlos y llenarlos de bendiciones.

“Dos años después de la boda, llegaste tu mi hija adorada. Es increíble que luego de tenerte entre mis brazos tan frágil y pequeña ya seas toda una damita, una quinceañera” Le dijo Lilian a Manuela en su pensamiento, para no despertarla. “Luego llegó tu hermano, Leopoldo Santiago, en el 2013 para completar nuestra familia. Realmente nunca me imaginé que se podría amar tanto” y diciendo esto también en su mente recordó los sucesos del 2014 los cuales empañaron su felicidad al igual que a la de tantos otros venezolanos.

Lilian cerró los ojos, respiró hondo mientras sentía su cuerpo rígido y pesado ante las memorias que veía como escenas de una terrible pesadilla. Desde el 2013 Nicolás Maduro, el entonces ilegítimo presidente de Venezuela, había hecho público su deseo de encarcelar a Leopoldo por sus opiniones en contra del gobierno llenando de inquietud a Lilian  quien comenzó a orar todos los días por su esposo, con dos hijos pequeños pensar en algo así le aterraba. Leopoldo por su parte, siempre le levantaba el ánimo diciéndole que eso no sucedería. Que él estaba cumpliendo con su deber de líder político al expresar las molestias del pueblo venezolano el cual se sentía desamparado ante un nivel de delincuencia espeluznante.

Con ese argumento, Leopoldo López junto a María Corina Machado y Antonio Ledezma, también líderes opositores al régimen de Maduro, llamaron a tomar las calles en todo el país de forma pacífica para protestar por el alto nivel de inflación, la inseguridad y la escasez de los productos básicos. Ese llamado dio pie a que miles de personas, en su mayoría estudiantes, a nivel nacional comenzaran a manifestar su descontento al sentir que no tenían un futuro próspero y libre. Lastimosamente, la Guardia Nacional los reprimió fuertemente causando por lo menos 43 muertes razón de la que se valió el régimen de Nicolás Maduro para emitir una orden de captura en contra de Leopoldo acusándolo entre otras cosas de instigación pública, daños a la propiedad pública y asociación para delinquir.

Por varios días Leopoldo se escondió para tomar la decisión más importante de su vida: Huir con su familia y dejar a tras a su amada Venezuela, quedarse en la clandestinidad o entregarse para arrancarle la máscara al dictador ante el mundo entero. Durante ese período de meditación pasó el mayor tiempo con su esposa y sus hijos. Lilian se desvivió por complacerlo con un nudo en su garganta, con unas ganas reprimidas de llorar porque sabía que la decisión ya estaba tomada. Leopoldo era un hombre muy valiente y nada ni nadie le haría doblegar sus principios. Ella lo entendía, lo admiraba y apoyaba pero no por ello dejaba de sentir miedo ante aquella inminente entrega de su marido a un régimen déspota y egoísta.

Así el 18 de febrero de 2014 ante una enorme multitud rodeado de familiares, amigos y seguidores se entregó a las autoridades afirmando que Lilian le había dado mucha fuerza siendo su pilar para estar allí, que todo aquello era por todo el pueblo venezolano que estaba sufriendo, por los jóvenes y si su encarcelamiento valía para que Venezuela despertara definitivamente, bien valdría la pena. Pidió que siguieran en la calle pero de forma pacífica y que no perdieran la fe jurándoles, en nombre de todos los niños de Venezuela, que vencerían y que muy pronto tendrían una Venezuela libre y democrática.

Mientras hablaba Lilian estaba allí, a su lado, en silencio, sin darle credibilidad a lo que estaba sucediendo. Su esposo, su mejor amigo, el padre de sus hijos realmente se entregaba ante unos verdugos que podían matarlo dejando huérfanos a sus niños: Manuela de cuatro años y Leopoldo Santiago de uno. Sentía como si una espada cruzaba su corazón pero siguió firme, llenándolo de fuerza con todo el poder del amor que había crecido en ambos desde la misma noche que fueron presentados.

Aquella escena fue inolvidable no solo para Lilian sino para miles de venezolanos quienes lloraron de rabia y frustración por semejante injusticia. “¡No te entregues!” gritaban los presentes mientras toda Venezuela seguía de cerca aquel momento en que una familia que había sido inspiración para tantos era separada. Unos años a tras habían protagonizado un cuento de hadas cuando el alcalde más popular se casó con una famosa rubia, dulce y querida por todo el país. “Todos somos Leopoldo” gritaban una vez más las masas mientras Lilian sostenía con fuerza su rosario para no desmayar.

A partir de ese día, Lilian se transformó, pisó su dolor y se convirtió en una verdadera luchadora. Su fe en Dios, la disciplina aprendida en los deportes y el amor a su familia hizo que el Espíritu Santo la llenara de fuerza. Así comenzó su más dura batalla para rescatar a su príncipe azul, devolverle el padre a sus hijos quienes lloraron a su lado y sufrieron humillaciones por querer verlo en la cárcel de Ramo Verde. Ese dolor de esposa y madre la hizo transmutar en una heroína desafiando el régimen más cruel en la historia de Venezuela, cruzó las fronteras del país para abogar por todos los presos políticos. Gritó hasta que el mundo entero la escuchó ganándose la admiración de todos los demócratas y ayudó a miles por medio del programa Rescate Venezuela llevando al país  medicinas y comida en medio de una escasez alarmante de insumos médicos y alimentos.

Aquella nueva Lilian inspiró a muchas personas y la hizo ganar diferentes reconocimientos por su lucha por la paz, los derechos humanos y la democracia. Premios que recibió con una sonrisa en nombre de Leopoldo pero con el alma en casa añorando a sus hijos y deseando ser nuevamente la esposa y madre abnegada en su hogar apoyando la carrera de su marido y saliendo a nadar en el Orinoco en cada aniversario, prepararles la comida y ver a sus niños crecer al lado de su padre.

Las circunstancias hicieron a Lilian una guerrera, el apoyo de su familia y de todo un país le permitieron continuar en medio de las tensiones y las amenazas, las oraciones y bendiciones de millones de personas alrededor del mundo, principalmente de venezolanos en el exilio que deseaban regresar a su tierra, la llenaron de esperanza; pero fue su auténtico amor por la libertad no solo por los presos políticos sino de toda una nación la que hicieron de aquella mujer un ejemplo a seguir por las siguientes generaciones.

Leopoldo por su parte desde la soledad de su celda no solo la admiraba sino que cada día se enamoraba más de ella. Así un día durante aquellas visitas conyugales en las cuales solo podían susurrarse al oído para tener un poco de privacidad ante la presencia de un guardia que silbaba durante todo el rato le dijo: “Lilian, hace unos años al pedirte que te casaras conmigo te pregunté si te casabas con Venezuela y con los años entendí que esa interrogante fue equivocada porque al casarme contigo era yo el que se casaba con nuestro país. Eres valiente, soñadora, romántica, hermosa y valiosa como estas tierras que nos parieron por lo que TU ERES VENEZUELA al igual que todas las mujeres quienes aman y luchan con pasión por una patria libre y próspera por ello apenas salga de aquí lo primero que quiero hacer es volver a casarme contigo. Eres el amor de mi vida, sin rivalidades entre tú y el país porque ustedes dos son un mismo ser, Venezuela vive en ti y tu vives en ella, una no puede separarse de la otra y seré el hombre más afortunado del mundo si me aceptaras nuevamente como tu compañero por el resto de la eternidad”.

Esas palabras la hicieron volar en una nube convirtiendo aquella sucia celda con un colchón mal oliente y llena de cucarachas en un jardín de flores. Sus penas fueron olvidadas y con un beso sellaron nuevamente su amor inmortal. Una escena que en diferente circunstancia hubiera causado la envidia de muchas personas quienes nunca han encontrado esa alma gemela que les haga temblar hasta la última célula de su cuerpo.

Ante aquella memoria, Lilian abrió los ojos, sintiéndose muy dichosa y sobretodo muy bendecida. Su hija se despertaba y corrió a felicitarla. Manuela se sintió la quinceañera más feliz del planeta porque aquella noche no solo iría con toda su familia a darle gracias a Dios por su cumpleaños sino que también bailaría el vals con sus abuelos, su hermano y con el hombre más importante en su vida: su papá, Leopoldo López, quien hacía años estaba en libertad reorganizando el país junto a todos los venezolanos demócratas: Ledezma, Capriles, Machado, Allup…

En medio de toda esa felicidad, Lilian no dejó a un lado su trabajo social, por suerte ya no tenía que viajar con tanta frecuencia al exterior y cada domingo salía a correr con miles de personas que llegaban desde todo el país para compartir un rato con ella, Leopoldo y sus hijos quienes ya eran todos una atletas al igual que sus padres. Subían hasta el Cerro el Ávila desde donde contemplaban aquella Caracas soñada que aun demostraba las heridas causadas por un hombre quien llegó al poder para dividir a un pueblo y quien al morir dejó como heredero a un tirano.

En la cúspide, Lilian pedía orar por los abatidos tanto de la oposición como del oficialismo durante aquellos años de represión, por la unión de las familias y la reconciliación plena del país dejando atrás todo aquello que distinguió a unos venezolanos de otros…mientras, los ángeles caídos susurraban sonriendo: Fuerza y Fe.

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JOSÉ ANTONIO COLINA: SOBERANÍA, JUSTICIA Y SOLIDARIDAD

abril 3, 2016

1610004_913761988672343_7975379593468977901_nEra el diecisiete de abril del dos mil catorce y la señora Gisela Pulido se encontraba en la habitación de su hijo José Antonio quitándole el polvo a las fotos que colgaban sobre una de las paredes. En una de ellas se observaba a un subteniente esbelto con su uniforme de gala azul quien posaba orgulloso al lado de sus padres al graduarse de Licenciado en Ciencias y Artes Marciales, en otras se revivían momentos en los que recibió varios de los tantos reconocimientos por su destacada labor como estudiante, no en vano se había graduado Magna Cum Laude en su especialización en Seguridad y recibió muchas condecoraciones durante su ejercicio militar.

Gisela al igual que su esposo Antonio Colina se sentía muy honrada al tener a un hijo tan excepcional, sin embargo, ese día en que su tesoro estaba cumpliendo cuarenta años no pudo evitar llorar en la soledad de aquella fría habitación que se hacía cada año más enorme por la ausencia de aquel con quien Dios le había dado la dicha de ser madre y que por defender sus principios tuvo que huir a Miami para no ser injustamente encarcelado por el gobierno.

—Vieja: ¿Qué hace llorando? Feliz y agradecida es lo que debe de estar porque nuestro hijo está libre por los miamis y no en las manos de unos verdugos que ya hasta nos lo hubieran matado. Vaya y lávese esa cara que ya están por llegar la niña María Eugenia y el joven Víctor Manuel con los regalos que nos mandó nuestro muchacho— Ordenó el señor Antonio disimulando el dolor que él también sentía. Ya eran más de diez años sin ver a José Antonio y por más que quisieran evitarlo su ausencia ya les apretaba el pecho a ambos. Así luego de ver salir a su esposa de aquella helada habitación, no por el frío si no por el vacío que había dejado su pequeño, se permitió bajar la guardia con un profundo suspiro cargado de amor ante aquellos recuerdos que se habían transformado en anhelo de volver a ver y abrazar a su tan extrañado retoño.

A eso del mediodía María Eugenia Escalona les tocó la puerta de su casa. Ella y Víctor Manuel habían conocido a José Antonio Colina durante las protestas en la plaza Altamira y desde entonces se habían hecho muy buenos amigos. En aquella oportunidad iban a visitar a los esposos Colina para entregarles unos regalos que les había enviado su hijo desde Estados Unidos. María Eugenia acababa de pasar un par de semanas en aquel país donde se actualizaron con las noticias del gobierno venezolano.

—¡Buenos tardes, señora Gisela y señor Antonio! ¿Cómo están? Espero que bien, por aquí les traigo los regalitos que les mandó su hijo—. Los saludó María Eugenia con un abrazo y un beso a ambos.

—¡Buenos tardes mi niña! Tú siempre tan encantadora y risueña. Ven, pasa y siéntate por aquí, a mi lado, para que me cuentes cómo viste a mi muchacho— Comentó Gisela mientras combatía con sus lágrimas de emoción ante la mirada controladora e imponente de su marido.

—Con mucho gusto, pues a eso he venido; pero antes les voy agradecer que me den un vasito con agua porque Víctor Manuel me tiene dando vueltas desde esta mañana. Cuando le dije que venía a verlos se empeñó en traerme para aprovechar y correr un rato en el complejo Los Criollitos. Ya sabe que él es fanático del béisbol y aunque no sabe ni como agarrar un bate se llena de orgullo con tan solo pisar el mismo terreno donde se formaron Bob Abreu, Andrés Galarraga y Omar Vizquel. Allá lo dejé y me vine, cuando vi la hora no quise perder ni un minuto más para traerle la encomienda de José Antonio.

—Yo se lo dije a mi vieja. La niña María Eugenia va a llegar a las doce en punto porque ella estudió en ese colegio inglés tan prestigioso llamado San Joaquín y Santa Ana y los que allí se forman salen muy responsables y puntuales— Comentó el señor Antonio para luego ordenarle a su esposa que le trajera el agua a la invitada a lo que esta obedeció con gran emoción trayendo a además unos sánduches de jamón y queso para compartir mientras hablaban.

—Muchas gracias a ambos. Ahora sí, les cuento que José Antonio está más radiante que nunca, ya saben que es un luchador incansable, capaz de levantarse de cada caída por muy dura que sea y de ayudar a otros a hacer lo mismo. Es precisamente por ese afán de auxiliar a sus compatriotas que creó la fundación conocida como VEPPEX que significa Venezolanos Perseguidos en el Exilio el cual tiene como fin principal el reunir a todas las personas perseguidas por este régimen socialista del siglo veinte uno y que se encuentran en el sur de la Florida para trabajar juntos y derrotar este sistema totalitario fracasado. No les niego que duerme poco. Equilibrar su trabajo como jefe de almacén de una compañía para poder subsidiar sus gastos personales mientras lleva las riendas de esta organización requiere de mucho esfuerzo de su parte, pero ya lo conocen; le gusta emprender misiones de carácter transcendental y generalmente peligrosas así que estas actividades las ha ejercido con la responsabilidad y seriedad que lo caracterizan. De hecho, creo que es ese dinamismo el que lo mantienen en forma de cuerpo y mente pues, me parece increíble lo bien que está luego de todo lo que ha tenido que vivir— Enfatizó María Eugenia mientras recordaba que su amigo había sido acusado de terrorista por el gobierno de Hugo Chávez Frías al responsabilizarlo de las explosiones de las bombas en el consulado de Colombia y la Embajada de España en Caracas razón por la que tuvo que huir a Colombia donde permaneció por treinta días en donde los paramilitares le hicieron saber que no estaba a salvo teniendo que irse a pedir asilo a los Estados Unidos.

En efecto, José Antonio Colina fue víctima de la venganza de Chávez por haber sido uno de los militares que en el dos mil dos en la plaza Altamira le exigieron la renuncia a su comandante en jefe. A Colina no le gustaba que el presidente usara a la Guardia Nacional para reprimir a la población cuando habían pequeñas manifestaciones y a pesar de que no lo conoció en persona participó en una conspiración para impedir que ganara las elecciones.

A su llegada a los Estados Unidos fue detenido por los agentes de inmigración y encarcelado por dos años y cuatro meses debido a las acusaciones que pesaban en su contra. Por esa misma razón no le dieron el asilo político pero le dieron una protección de las Naciones Unidas contra la tortura porque el juez a cargo de su caso determinó que su vida corría peligro si lo regresaban a Venezuela. Esa condición es la que le permite vivir en los Estados Unidos hasta que cambie la situación política en Venezuela.

En la prisión del condado de Wakulla en la Florida, donde fue recluido, se ganó el respeto de los otros detenidos gracias a sus habilidades en el baloncesto el cual ha sido siempre su deporte favorito. Mientras jugaba con los reclusos recordaba a sus amigos del barrio con quienes pasó mucho tiempo mejorando sus habilidades en este juego y quienes ya estaban muertos debido a que eran delincuentes o drogadictos. Sabía que la diferencia entre ellos y él era que venía de una familia bien establecida en la que el padre le exigió siempre mucho orden mientras que su madre le inculcó una verdadera fe en Dios. Enseñanzas que no solo lo salvaron de caer en malos pasos durante la adolescencia sino que también lo ayudaron a tener la fuerza para mantener sus principios durante aquellos años de soledad y encierro.

—José Antonio es un digno reflejo de la educación que le dieron sus padres y un ejemplo a seguir para los jóvenes sobre todo para aquellos quienes creen que las personas que provienen de clase baja no tienen otro camino si no la miseria y el vandalismo. Como sociólogo el conocer estos casos reales de personas emprendedoras capaces de renacer desde el agobio de la clandestinidad y de la cárcel es un tema de estudio y en lo personal me llena de mucho orgullo contar con individuos así entre mis amistades pues mi abuela Ana Mercedes siempre decía que más valía tener pocos amigos que con su ejemplo nos mostraran el buen camino a seguir que el estar rodeado de aduladores que nos guiaran hacia la maldad y a nuestra propia destrucción —Comentó Víctor Manuel quien había llegado justo cuando María Eugenia comenzaba a poner al día a sus anfitriones de su único y amado hijo José Antonio Colina.

—Su abuela era una sabia. Definitivamente, es mejor estar solo que mal acompañado. En cuanto a nuestro hijo sabemos que para él, el país está primero, porque sin país no hay familia, no hay nada. Por eso desde aquí cuenta con nuestro apoyo incondicional porque a pesar de lo duro que sabemos que le ha tocado durante su exilio allá puede hacer mucho más que desde aquí donde quizás ya nos lo hubieran matado— Dijo el señor Antonio sin disimular lo mucho que extrañaba a su hijo.

El tiempo pasó volando y la tertulia se extendió hasta eso de las cinco de la tarde cuando María Eugenia le entregó las medicinas y los regalos que José les había enviado. Sin olvidar que el único temor de su amigo era no encontrarlos con vida. De esta manera se despidieron con un fuerte abrazo. Ya montados en el carro, Víctor Manuel le pidió a María Eugenia hacer unos minutos de oración para pedirle a Dios y a la Virgen que el sueño de Colina de que nunca más un venezolano tuviera que irse del país porque otro lo quiera se hiciera realidad muy pronto porque él mismo no se podía imaginar estar lejos de sus seres amados sin tener la posibilidad de volver a verlos hasta que los culpables de su desdicha desaparezcan en la clandestinidad del olvido debido al trauma causado por su incompetencia para regir a un estado al que dividieron para hundirlo en llanto.

Nasbly Kalinina.