SEÑORITA

septiembre 28, 2018

Capture+_2018-09-28-09-55-42-1.png
Dedicado a mis abuelas sentimentales Elsa de Cappuccio † y Carolina Bermejo de Soto quien murió en la noche del 27 de septiembre de 2018

A finales de los años mil novecientos treinta Elsa Carolina estaba por cumplir sus dieciocho años, daba clases a los niños de primaria en el colegio Inmaculada y tenía muchos admiradores. —Y ¿Cómo no? —decía su madre, Doña Brunilde si su hija mayor era muy hermosa y ella misma la había preparado para ser toda una ama de casa. —Ya Elsa Carolina está lista para casarse: Sabe cocinar, coser, lavar, planchar y mantener una casa brillocita como un sol —repetía con mucho orgullo ante sus vecinas las tardes de los martes en que se reunían a tomar café.
Así pues, les insistía a sus hijos mayores que le presentaran a la joven casadera lo mejor de sus amistades para que tuviera la oportunidad de contraer matrimonio lo más pronto posible. —Una mujer a sus veinte años debe estar casada y esperando a su primer hijo —le comentaba muy sabiamente a su hija todos los días para que fuera escogiendo novio. —Sor Juana dice que un noviazgo debe durar por lo mínimo cuarenta meses para que los contrayentes puedan conocerse bien y yo a eso le añado el poder preparar la boda del año, porque los pormenores de una ceremonia como esa quitan mucho tiempo, hija mía —hacía hincapié doña Brunilde para que Elsa Carolina tomara consejo. —Mi abuela siempre me decía: “si en la vida quiere vivir debe ver, oír y callar” —le repetía una y otra vez a sus hijos, quienes la escuchaban muy atentos y con todo respeto mientras comían.
Hasta que por fin llegó el día en que la joven acogió los consejos de su madre y aceptó a uno de sus pretendientes quien tuvo la vivacidad de ir a verla a su colegio y ganarse la confianza de sus alumnos que le insistieron a su maestra en admitir al General Norberto como su novio porque era guapo y trabajador ocultando que además les llevaba caramelos a todos para que le hablaran bien de él a Elsa Carolina. La bella maestra era muy querida por sus estudiantes, porque se negaba a pegarles y gritarles cuando se portaban mal; acciones que para la época eran muy comunes en los planteles educativos.
Ella por el contrario les decía cosas como: “Ustedes me van a entender si se callan”, “ustedes prefieren la clase o el estar hablando tonterías”. Causando un inmediato cambio en la actitud de los niños quienes hacían silencio y escuchaban con atención a su maestra. Cuando Elsa Carolina no iba al colegio se preguntaban: ¿Dónde está la señorita? Y corrían a su casa a buscarla.
Cuando el General Norberto y Elsa Carolina se casaron, el marido le prohibió seguir trabajando e incluso no le permitía salir sola a ninguna parte. Los niños continuaron preguntando por la señorita y fueron a su nuevo hogar a buscarla, pero su esposo no le permitía verlos. —Esos no son sus hijos —le recriminó hasta que dejaron de preguntar por ella.
Con el tiempo, Elsa Carolina, se habitúo tanto a las labores domésticas y a su soledad que cuando nació su prole comenzó a relatarles historias fantásticas de princesas y sirenas en las que las heroínas siempre alcanzaban sus sueños y eran los seres más felices de la tierra.
Un día la encontraron dormida con una gran sonrisa y sin aliento. Se encontraba en el cielo rodeada de ángeles quienes la llamaban “Señorita” con un coro muy melodioso y risueño…

Tomado de Historias para Ana: Génesis de Nasbly Kalinina

Anuncios

LA DEPRESIÓN EN LOS PRESOS POLÍTICOS

julio 7, 2018

lorent2 (Tomada de la red)

“No hay peor castigo para un preso político que el olvido”
Gonzalo Himiob

Son las 3 de la mañana, me he despertado con muchas ganas de llorar sin razón aparente, la soledad en estás cuatro paredes se hace más profunda cuando me siento enferma y el deseo de ver a mi familia me envuelve. Escucho unas gotas de lluvia a través de la ventana y el olor a tierra mojada penetra mi cuerpo como recordándome que soy libre a pesar de la distancia y de que desde hace cuatro años no he podido volver a casa. “Soy libre”, repito en mi mente, mientras mi corazón se siente preso al no poder estar con los seres que más amo.
Hace algunos años sufrí una depresión severa producto de un estrés emocional. En aquel entonces me explicaron los diferentes tipos de depresiones existentes y al parecer la mía se debía a un desequilibrio en los químicos cerebrales y necesitaría tomar una pequeña dosis de antidepresivos para dejar de sentirme triste, lo cual no sonaba del todo mal hasta que me dijeron que sería de por vida.
No podía creerlo, luego de todo lo que había estudiado y de las veces que me había ido de casa cómo era posible que me dijeran que algo estaba mal en mi cerebro. Tenía que ser un error, un gigantesco y macabro error. Para mí, la doctora era una paranoica a quien debía de complacer para la tranquilidad de mi mamá, así que por un tiempo me tomé mi pastilla diaria hasta que me sentí mejor y las dejé. Desafortunadamente, las ganas de llorar volvieron una y otra vez que trataba de abandonarlas, por lo que terminé resignándome a no poder vivir sin ellas.
En el 2014 me vi obligada a emigrar a los Estados Unidos y en los primeros años me tocó vivir varios eventos traumáticos que me hicieron desear la muerte un par de veces al sentir que era la única forma de salir de aquella pesadilla. Por suerte y con la bendición de Dios logré recibir la ayuda médica necesaria y cuando me sentí emocional y psicológicamente estable comencé a estudiar todo lo referente a la depresión hasta dar con una fórmula para dejar los antidepresivos para siempre.
Para la fecha, llevo casi un año sin ellos, aunque no niego que en varias oportunidades me he sentido tentada por el estrés de estar lejos de mi familia y sola en un país donde cada quien vive su vida sin importarle lo que pase con el otro. Me he juramentado como Defensora Activa de los Derechos Humanos de la mano del Foro Penal y desde entonces me he ido involucrando con diferentes presos y familiares de ellos quienes han tocado mi corazón como nadie.
El ayudar a mis semejantes ha estado en mí, creo que desde que nací, y aunque siempre he estado envuelta directa o indirectamente en diferentes organizaciones no gubernamentales ninguna otra me había llenado tanto como el de abogar por los presos políticos. Cuando escuché que Boris Quiñones, un joven médico intentó quitarse la vida, sentí como si una lanza cruzaba mi alma y en un acto de total desesperación al identificarme con el dolor de aquel hermano me uní a la campaña mediática por su liberación del Foro Penal y todo su equipo.
Desde aquello han pasado varios meses y con gran gratitud hacia el Foro Penal, sus directores y a todas las personas que se abocaron en este caso celebro que Boris hoy esté excarcelado. Sin embargo, al reflexionar sobre la depresión y los presos políticos, vienen a mi mente personas como Lorent Saleh, José Alberto Marulanda, Rosa González y el resto de los inocentes que permanecen secuestrados por el régimen únicamente por pensar diferente.
En la soledad de mi habitación y el frío de la noche mi corazón vuela hacia ellos, se posa en sus camas y cuida sus sueños para protegerlos de la depresión que llega a atacarlos sorpresivamente como una fiera salvaje para robarles toda esperanza al sentirse olvidados. A ellos mi mensaje de amor y por ellos revelo mi historia para que entiendan que aun estando libres podemos ser presa de aquella alimaña.
No hay nada de qué avergonzarnos, somos hijos de Dios, frágiles y sensibles quienes en su momento hemos vivido diferentes grados de sufrimiento que nos han quebrado pero que no nos han vencido, ni lo harán mientras que estemos atentos y listos para defendernos.
En nuestra sociedad la depresión es un tabú y aún en países tan desarrollados como en el que vivo existe un nivel muy alto de personas que luchan día a día contra ella sin decirlo por miedo al desprecio público y así es cuando se ven casos de famosos como Robín Williams y Anthony Bourdain quienes a pesar de tener fama, dinero y amigos en un momento de desolación optaron por el suicidio.
Ni ustedes en esas rejas, ni nadie quien esté haciendo atacado por la depresión, están totalmente solos. Dios siempre está con nosotros y basta con que creamos de verdad para que nos mande un ángel a salvarnos, bien sea a través de la forma de un amigo, un ser querido o hasta un desconocido. Dios nos cuida pero es nuestra decisión aferrarnos a él, mientras los Defensores Activos seguimos unidos y apoyando a sus abogados hasta verlos en libertad, pues como dice el doctor Romero: “No hay que hacer justicia con propia mano, pero está en nuestras manos que se haga justicia”

#LiberenATODOSlosPresosPolíticos
Sígueme en las redes: @nasbly