EL INFIERNO DE DYLAN CANACHE Y EL RESTO DE LOS MENORES EN EL HELICOIDE

marzo 21, 2018

 

@nasbly

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    El 13 de enero del 2018 fue un día totalmente normal y corriente en la casa de la familia Canache, Ana como siempre se despertó bien temprano para limpiar la casa y hacer el desayuno. A eso de las ocho llamó a Dylan para que fuera a comer. Unos minutos más tardes se sentó a la mesa aún con cara de sueño y al ver la arepa con mantequilla protestó: “¡¿Solo esto mamá?!”. “Sí, hijo. Ya sabe que la cosa esta dura y no se consigue mucho por ahí, pero vamos, coma y dele gracias a Dios porque en estos días hay muchos que hasta se acuestan sin nada en el estómago”.

    Eso no era noticia nueva para Dylan, en su liceo ya era normal que sus compañeros dejaran de ir porque no tenían que comer y algunos hasta se habían desmayado del hambre. Nacido y criado en la era de la llamada revolución desde muy joven entendió que solo se podía estar a favor o en contra del régimen. De allí que por medio de las redes sociales comenzó desde los 14 años a seguir a todos los grupos de la resistencia que iban en contra del régimen de Maduro, quien para él, era el único causante de todos los males de la sociedad.

   En su mente inocente el salir a protestar y conocer a los líderes de la oposición era como protagonizar una película en la que pertenecía al bando de los héroes que enfrentaban a los villanos. Así que cada vez que alguien mencionaba la palabra “protesta” él comenzaba a invitar a sus amigos del Facebook a salir y unirse a la “batalla” como sucedía en sus comiquitas favoritas.

   “Su arma”, una patineta, con la que paseaba por toda Altamira alardeando de su valentía al brincar sobre obstáculos y desde paredes muy altas; pero aquel sábado no había protesta, ni bandidos a quienes gritarles consignas en contra del régimen por lo que decidió irse a rumbear con sus amigos y pasarla bien pues, a la final, los héroes también necesitaban distraerse, pensó sintiéndose muy orgulloso de sí mismo. Sin embargo, los partidarios de Maduro tenían otros planes para aquel joven con espíritu luchador y rebelde.    

    En la madrugada del domingo una amiga de Dylan fue detenida en una fiesta y obligada a llamarlo para que la fuera a buscar en la estación de Antímano del metro de Caracas donde una comisión de funcionarios de la Dirección de Investigaciones del SEBIN lo detuvieron como si aquel menor de edad con su patineta realmente tuviera súper poderes capaces de derrocar al régimen por sí mismo.

    Por su parte, Ana, la abnegada madre; casi se enloquece al ver que su hijo no llegaba a casa y no fue hasta que contactó al Foro Penal y por medio de su coordinadora Mariela Suárez que logró saber que Dylan se encontraba detenido en el Helicoide. Ese mismo día por la tarde fue presentado ante el Tribunal 4to de Control de Menores del Área Metropolitana de Caracas, presuntamente por el delito de instigación pública, sin la presencia de sus padres y con un defensor público que le fue asignado, por lo que hasta ese momento el joven aún seguía sin entender nada de lo que estaba sucediendo y gracias a su ávida imaginación mantuvo la calma como si todo fuera parte de una película.

    Le fue otorgada una medida de libertad bajo fianza en la que se requería presentar unos fiadores que no se hicieron esperar para ayudar al adolescente de 16 años. Desafortunadamente, los planes del régimen eran detener al menor bajo cualquier circunstancia y no le permitieron volver a casa si no que al contrario lo enviaron a una celda del Helicoide en donde lo han mantenido detenido desde entonces sin ver a sus padres.

    El calabozo en el que se encuentra lo llaman “Preventiva 1” que mide 10 metros cuadrados aproximadamente. Cuando entró a aquel lugar sintió el mal olor proveniente principalmente del baño que tiene filtraciones y problemas de desagüe; además del sudor del resto de los reclusos, quince en total, trece de los cuales son detenidos comunes y otro menor llamado Andi de 17 años.  

    Notó las paredes grasosas, húmedas y llenas de moho, unas colchonetas tiradas en el piso sobre las que cucarachas se paseaban alegremente y en donde entendió tendría que dormir mientras estuviera en aquel infierno propio de una escena de terror. “Todo es parte de la película”, se seguía diciendo así mismo mentalmente para tratar de controlar el pánico que empezaba a sentir, “ahora es la parte de suspenso y pronto llegarán mis padres a rescatarme”.

    De un momento a otro, la alegría en sus ojos se fue apagando, la sonrisa transformando en amargura producto de los maltratos físicos y psicológicos. Su único aliado es Andi quien también es víctima de los otros reclusos por su inocencia casi infantil y por cuya razón el ángel de los presos políticos los ha puesto en las manos de los abogados del Foro Penal quienes no descansaran hasta verlos libres.

    Cuando les llevan las comidas insípidas recuerda aquella arepa con mantequilla que su mamá le había preparado con tanto amor, recuerda las veces que lo abrazaba y le decía cuanto lo amaba, recuerda lo feliz que era en su hogar protegido por todos sus familiares e intenta entender por qué ahora se encuentra en aquel infierno, porque por más que se lo pregunta la explicación no llega, la imaginación ya no le da respuesta, los héroes ya no existen y sus miedos lo están enloqueciendo.   

#QueSeHagaJusticia #LibertadAlosMenores.

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LA ORTOGRAFÍA: Ensayo sobre su pertinencia en el siglo XXI

febrero 3, 2014

El español es una lengua que está constituida por innumerables reglas que pretenden guiar su empleo. Tales reglas, han sido aglomeradas dentro de una disciplina llamada gramática de la cual, se desprende la ortografía que viene a ocuparse del estudio de la escritura correcta. En efecto, la RAE (2010) establece:

La ortografía contribuye decisivamente a evitar la dispersión en la representación gráfica de una misma lengua, dispersión que, llevada al extremo, haría difícil y hasta imposible la comunicación escrita entre sus hablantes y comprometería su identificación como miembro de una sola comunidad lingüística. (p. 15)

Sin embargo, en los últimos tiempos se ha venido discutiendo sobre la necesidad de jubilar la ortografía e incluso algunos extremistas, más recientemente, han sentenciado que la ortografía es un código de exclusión. Por lo que en este ensayo, nos proponemos a defender la justa tradición de mantenernos firmes en el empleo de las reglas ortográficas como forma de cuidar la unidad del idioma a lo largo y ancho de nuestro mundo, por considerar que es vital para nuestra lengua respetar sus principios básicos constitutivos.
El mundo está lleno de reglas, ellas van desde las establecidas por Dios hasta las que mantenemos en nuestras casas pasando por las leyes de tránsito y las normas ortográficas, por lo que hablar de exclusión en cuanto a la aplicación de un grupo de normas dentro de un idioma es absurdo. Así como los mandamientos, son una guía para nuestra vida en el mundo, las reglas ortográficas lo son para la escritura y más que verlas como una forma de sanción o castigo para quienes las incumplen, hay que entender el verdadero sentido para el cual fueron establecidas que es dirigir y orientar nuestra escritura.
Así mismo, tenemos que destacar que en muchos casos el conocimiento nos hace sentir poderosos y no todos sabemos canalizar ese poder de forma adecuada porque mientras unos emplean lo que aprenden para enseñar a los demás, otros lo usan para humillar y sentirse superiores, pero eso no tiene nada que ver con el dominio de la pobre ortografía, sino más bien con la actitud que cada uno tome ante la vida y eso no nos da derecho a solicitar la jubilación de la misma.
A manera de ilustración, imaginémonos la siguiente situación: un domingo en misa, nos encontramos a una de esas señoras que se las pasa día y noche rezando y que se conocen la palabra de Dios al revés y al derecho, les preguntamos algo y no solo nos mira como a un insecto, sino que también nos contesta de mala manera. Una persona de poca fe diría que por eso no cree en Dios y vive como se le da la gana y que quizás las leyes de Dios son pura charlatanería. Otra persona que sí tiene una gran devoción, no le daría importancia porque a la final va a la iglesia por Dios y no por los hombres, así que pensaría que el pecado lo lleva quien actuó mal. De tal manera, que la persona de poca fe podría pedir que se jubilara la Ley de Dios porque a la final ni siquiera los que la predican, la practican, mientras que la segunda persona se aferraría a la importancia de mantener en vigencia dichos mandamientos por ser ellos los que nos orientan el comportamiento, incluso, en situaciones tan difíciles como esas, donde de seguro, la segunda persona simplemente recordaría el más importante de todos los mandamientos: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Otro caso, podría ser el de las señales de tránsito. Imaginémonos ahora un típico lunes al mediodía cuando todos salimos a la calle casi al mismo tiempo, montarnos en nuestro carro y encontrarnos que no sabemos si agarrar a la derecha o la izquierda porque no tenemos ninguna referencia de cuál es el sentido de la vía. Las mujeres, en estos casos, nos dejamos llevar por aquello llamado sexto sentido; así que digamos que agarramos hacia la derecha, pero resulta ser que nos encontramos a un carro de frente porque a su conductor le pareció lo contrario. De tal forma, que figúrense el caos que se podría producir en todas las ciudades a nivel mundial, si alguna mente brillante se le ocurriera que deberíamos de jubilar las reglas de tránsito y le tomáramos la palabra.
Finalmente, ubiquémonos dentro de un hogar dónde los padres establecen las reglas de convivencia y les dicen a sus hijos que no deben de llegar después de las diez, cada uno debe de ayudar en las labores de la casa y salir bien en clases. Uno de los jóvenes quien tiene diecisiete años y se cree el súper poderoso porque está por cumplir la mayoridad le propone a sus hermanos que ya es tiempo de jubilar las normas del hogar porque están cansados de recibir órdenes y es tiempo de hacer lo que se les dé la gana, por lo que al caer la tarde cuando los padres regresan a su casa se encuentran con una fiesta de adolescentes, bebiendo alcohol, bailando indecentemente e incluso a una parejita haciendo el amor en su cama. Sin duda, un cuadro “muy hermoso” y todo por haber apoyado esa idea “tan fascinante” de jubilar las reglas establecidas por los padres quienes son los que tienen y deben de tener la autoridad en el hogar.
En fin, los ejemplos sobre la jubilación de las reglas pueden ser innumerables pero estos nos dan una clara idea de que en todos los ámbitos bien sea social, familiar o religioso las normas son establecidas para nuestro propio beneficio. Pretender hablar de una exclusión, por el solo hecho de tener que acatarlas, es una simple excusa inventada por quienes tienen una gran flojera mental de esforzarse en lograr dominarlas.
Ahora bien, estas ideas están íntimamente relacionadas con el mantenimiento de la ortografía debido a que ella busca orientar al escritor para que sepa cómo debe de escribir cada palabra correctamente y ser entendido por quien lo lee. Ciertamente, tendremos que admitir que, por diversas, razones que normalmente van de lo históricas a lo etimológicas, nuestro sistema ortográfico dispone de varias posibilidades para representar un mismo fonema como por ejemplo, el fonema /j/, para cuya escritura usamos los grafemas j (jinete) y g (giro) (RAE, 2010).
Si bien es cierto que esos detalles son los que más incomodan a los estudiantes del idioma, por ser una de las normas más difíciles de aprender, no es menos cierto, que los retos nos hacen más capaces de afrontar la vida que de por si está llena de dificultades. Derrumbarnos por algo tan simple, como es el aprendernos unas reglas que han sido diseñadas para cuidar nuestro lenguaje a lo largo y ancho de nuestra esfera terrestre, es una debilidad personal más que de nuestro sistema idiomático.
Lo que, en todo caso, se puede proponer son algunos cambios a las reglas que pueden llegar a ser ambiguas, pero hay que entender que la mayor parte de las reformas realizadas en los sistemas ortográficos de las lenguas que han contado con escritura desde sus orígenes han sido parciales y progresivas (RAE, 2010: 20).
A manera de conclusión, debemos recordar que en un mundo sin reglas, reina el caos, de modo que un lenguaje sin ellas no llegaría ni siquiera a existir, por lo que la pertinencia de la ortografía aún en nuestro siglo es total y definitiva. En todo caso, es censurable la forma en que algunas personas corrigen a otras, pero eso no tiene nada que ver con la norma, sino más bien con la actitud de nosotros mismos.

BIBLIOGRAFÍA

– Real Academia Académica: Ortografía (2010).