GREGORY SANABRIA: UN HIJO DE DIOS TORTURADO EN EL SEBIN

mayo 23, 2018

gregory-sanabria.jpg
“No hay que hacer justicia por propia mano,
pero está en nuestras manos que se haga justicia”
Alfredo Romero

A sus 28 años María Sanabria esperaba con gran emoción a su segundo bebé, un niño que pronto llegaría para llenarle la vida de bendiciones con su hermosa y tímida sonrisa, con alma de ángel y un corazón tan noble que lo haría sacrificarse a sí mismo por el beneficio de otros. Un niño que mientras crecía en su vientre le recordaba lo hermoso que era la vida y por quien valía la pena esperar hasta tenerlo entre sus brazos y cuidarlo por siempre.
Así llegó el 9 de febrero de 1994 y en la ciudad de San Cristóbal, estado Táchira, nació aquel ansiado y amado bebé a quien su mamá llamó orgullosamente Gregory Antonio Sanabria Tarazona.
Sin embargo, el tiempo pasó muy rápido ante los ojos de aquella abnegada madre quien de un momento a otro vio a su hijo llegar al bachillerato y posteriormente empezar a estudiar Ingeniería en Informática en la Universidad Experimental del Táchira (UNET), además de una licenciatura en Teología en el seminario de las Asambleas de Dios pues, nacido en el seno de una familia cristiana desde muy joven Gregory se había enamorado plenamente de Jesús como único camino de salvación y amor al prójimo.
Humilde y muy inteligente, Gregory aprendió a leer música antes del español y a pesar de que era feliz con sus hermanos y su adorada madre, no podía estar tranquilo ante tanta maldad e injusticias cometidas por el régimen de Maduro. Por lo que a partir del 2013 comenzó a luchar por los Derechos Humanos y llevar un mensaje de amor y esperanza en cada protesta a la que asistía.
Desde entonces, su compromiso con la libertad del país se fue profundizando cada día, por lo que su mamá, quien es también su confidente y mejor amiga, le suplicó de rodillas y llorando que abandonara las calles, que no se siguiera arriesgando pues temía que lo mataran o llevaran preso como a tantos otros. Al verla en aquel estado, Gregory intentó complacerla pero, no lograba estar en paz consigo mismo. “Es normal que las madres se preocupen por sus hijos” pensó cuando decidió salir de casa sin despedirse. “Venezuela nos necesita, es hora de que alguien haga algo y si yo no salgo cómo le podré pedir a otros que lo hagan, que la cuiden y defiendan en contra del tirano. No puedo mamá, siento mucho desobedecerte. Tú me enseñaste a creer en Dios y en este momento mi deber con Él es luchar por el oprimido, por el que sufre, por quien nos necesita pues solo cuando vemos en ellos a Jesucristo y salimos a socorrerlos es cuando somos verdaderamente cristianos” reflexionó aquel gocho ya en camino a las protestas.
Así pues, comenzó a relacionarse con los jóvenes que al igual que él salían a las calles esperando alcanzar la libertad y el bienestar para todos en una nueva y mejor Venezuela, ganándose muy pronto el respeto y cariño de sus compañeros durante los meses de protestas en las que le tocó correr y esquivar los innumerables perdigones, balas y bombas lacrimógenas con las que fueron atacados por el régimen durante sus protestas pacíficas las cuales solo dejaron muchos heridos, muertos y presos políticos en todo el país.
Al enfriarse las calles, desilusionado y aceptando la voluntad de Dios, regresó a casa con su familia para seguir orando, estudiando y ayudando en el mantenimiento y limpieza de la universidad, actividad que precisamente hacía el siete de octubre del 2014 cuando fue detenido y acusado de conspiración para la rebelión y querer cambiar violentamente la Constitución junto al alcalde de Caracas Antonio Ledezma, Lorent Saleh, Gabriel Valles, Juan Giraldo y Jhosman Paredes a quienes para la fecha no conocía en persona.
Desde entonces su vida pasó bruscamente de los brazos tiernos de su mamá y un aula de clases a una celda desde la cual no tiene ni una ventana para ver la luz del día. Durante los primeros interrogatorios fue torturado con bolsas, electricidad y golpes. Sus visitas fueron reducidas al mínimo desde un principio y sus familiares más cercanos han sido obligados a dejar el país por la persecución que han tenido del régimen, teniendo como único refugio para su sanidad mental y emocional ese Dios que su mamá le dio a conocer desde muy niño.
El pasado 16 de mayo, Gonzales López y Carlos Calderón, ordenaron que lo golpearan terriblemente, causando una gran ira y protesta por parte de todos los presos del SEBIN. Un drama que aún sigue llenando de lágrimas los corazones de los demócratas alrededor del mundo por lo que en unísono y junto a todos sus seres queridos exigimos su libertad.
#QueSeHagaJusticia, #LiberenAGregory, #LibertadparaTODOSlosPresosPoliticos
Sígueme en las redes: @nasbly

Anuncios

DIANNET BLANCO PRIETO UNA DEFENSORA DE LOS DERECHOS DE LA MUJER SECUESTRADA EN EL SEBIN

mayo 5, 2018

IMG-20180423-WA0028

“No hay que hacer justicia con propia mano,
pero está en nuestras manos que se haga justicia” Alfredo Romero

A principio de los noventa a las afueras de Guatire, estado Miranda, Diannet, una niña de once años durante las vacaciones de la escuela decidió aprender los principios básicos de primeros auxilios en el ambulatorio de su localidad. Su mentora, la señora Irma disfrutaba mucho de su compañía por su amabilidad y respeto ante el sufrimiento ajeno, así que se esmeró en responder las incontables preguntas de aquella precoz e inteligente chiquilla quien llegaba orgullosamente “a su trabajo” como se empeñaba en decirle a todo el mundo.
Tiempo después esa experiencia le sirvió para auxiliar a su mamá a quien le habían diagnosticado cáncer de seno. A sus catorce años su sueño no era pensar en la celebración de sus quince, ni bailar el vals, ni viajar como el resto de sus amigas sino más bien ver a su mamá sana y feliz a quien llena de amor y esperanza atendió como la mejor enfermera. Sin embargo, llegado el 23 de abril de aquel mil novecientos noventa y cuatro cumplió con su familia y la tradición venezolana.
Así, Dianora Teresa Prieto Muñoz, a pesar del dolor que la estaba consumiendo pudo ver a su hija vestida como una princesa, rodeada de muchas personas que la amaban y dispuestas a dar todo por ella, una imagen que se llevó con ella a la vida eterna meses más tardes cuando perdió la batalla en contra de aquella terrible enfermedad.
Al quedar huérfana de madre Diannet fue acogida por su abuela y tía paterna quienes se dieron la tarea de cuidarla y terminarla de criar. Desde los 15 hasta los 20 años perteneció a un grupo de monjas conocido como las Misioneras del Divino Maestro en donde aprendió a vivir la ayuda al prójimo como un apostolado y canalizar su dolor haciendo labores sociales como el brindarle comida y abrigo a los más necesitados.
En la UCV se graduó como Licenciada en Educación y posteriormente saco un diplomado en Derecho de las Mujeres y Equidad de Género. Ha recibido varios reconocimientos por ser un ejemplo a seguir por los jóvenes de su localidad al destacarse como defensora de los Derechos de la Mujer, ser voluntaria en la fundación Dr. Sonrisa animando a los niños enfermos y formar parte de la directiva de la fundación Educando País donde se destacó como ponente en los diversos talleres de formación ciudadana, liderazgo, violencia de género, resolución de conflictos, embarazo precoz, derechos sexuales y reproductivos.
Desafortunadamente, su destacada labor social fue interrumpida el pasado 20 de mayo del año 2017 cuando un grupo de efectivos del SEBIN allanaron el apartamento de la amiga que se encontraba visitando y se la llevaron detenida sin una orden judicial, la mantuvieron esposada haciéndole interrogatorios por dos días y todas sus audiencias han sido diferidas porque los oficiales no se dignan a transportarla hasta los tribunales.
En el SEBIN comparte una celda con casi treinta compañeras en las que se mezclan las presas políticas con asesinas, estafadoras, prostitutas y demás delincuentes. Sus días se han vuelto rutinarios durante los cuales se esfuerza en orar, leer, hacer ejercicios y sobre todo poner en práctica lo aprendido con las monjitas sobre el apostolado social para soportar aquel hacinamiento lleno de torturas psicológicas, emocionales y a veces hasta físicas sin perder la fe y la esperanza de que pronto será libre porque sabe que Dios y su mamita en el cielo están trabajando para hacer de ese sueño una realidad.

#QueSeHagaJusticia, #LiberenADiannet, #LibertadparaTODOSlosPresosPoliticos

Sígueme en las redes: @nasbly


BORIS QUIÑONES: UN MÉDICO DE ORIGEN INDÍGENA PRIVADO DE LIBERTAD

abril 29, 2018

IMG-20180429-WA0027
“No hay que hacer justicia con propia mano,
pero está en nuestras manos que se haga justicia” Alfredo Romero

Nacido el 28 de mayo de 1975 en una de las etnias indígenas de Venezuela Boris Humberto Quiñones León habla español, portugués, inglés, italiano y su dialecto nativo. A los 17 años se fue al estado Mérida para estudiar medicina en la Universidad de los Andes y al no haber cupos se inscribió en la licenciatura de Enfermería mención Terapia Intensiva, posteriormente, logró continuar sus estudios y graduarse como Médico Cirujano.

Desde sus inicios en la universidad perteneció a la Federación de Estudiantes desde donde abogaba por los derechos de sus compañeros y el bienestar de todos tanto en la sede universitaria como en su entorno. Por esa destacada vocación de servicio fue contratado durante las marchas en Caracas a principio del año 2017 para atender a los lesionados indistintamente de su posición política.

Al calmarse Caracas alguien lo llamó para que los ayudara con los lesionados dentro de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL) de Maracay. Siempre con su chaleco que lo identificaba como médico fue capturado junto con otros 21 hombres quienes fueron golpeados de manera bestial y cinco mujeres manoseadas vilmente luego de tumbar las puertas e invadir la autonomía universitaria.

Fueron presentados ante un Tribunal Militar, con las franelas ensangrentadas, con los pulmones colapsados y las cabezas rotas por los golpes pero, nunca hubo examen forense. Les imputaron tres cargos de leyes militares y el juez envió 11 para “El Dorado” estado Bolívar y 11 al penal “26 de Julio” en el estado Guárico. Las cinco mujeres se les asignaron casa por cárcel en Maracay.

Entre los que fueron trasladados hasta el “Dorado” 2 se contagiaron de paludismo a quienes Boris atendió mientras estuvo con ellos. Tres meses después, el juez militar les dio boleta de excarcelación a los 27 civiles, pero fueron secuestrado por la policía de Aragua y llevados a un Tribunal Ordinario que le otorgó libertad bajo medida cautelar a 22 de los upelistas, como los llamaban, y el resto fueron trasladados a otras cárceles de la siguiente manera: a una de las mujeres la dejaron en casa por cárcel, Kenny Colmenares y Mitchell Sosa a la “26 de Julio”, Alex González y Boris Quiñones a “Tocuyito.”

Sintiéndose frustrado, deprimido y sin salida Boris, aquel indígena nacido en medio de la selva con la luna de testigo y las estrellas iluminando el momento, intentó suicidarse por primera vez tomando cloro y luego ahorcándose invocando a sus ancestros a quienes clama incansablemente como niño asustado y perdido por su libertad. Ha tenido varios eventos hipertensivos graves y su gastritis ha empeorado a tal nivel que vomita sangre. A pesar de ello, sus familiares denuncian que no ha tenido acceso ni a médicos ni a medicinas por lo que desde el Foro Penal abogamos por una inmediata medida humanitaria por su bienestar, salud y liberación.

#QueSeHagaJusticia #LiberenABoris #LiberenATODOSlosPresosPoliticos

Sígueme en las redes: @nasbly