PEDRO TROCONIS: DEL FORO PENAL AL TRIBUNAL SUPREMO DE JUSTICIA

marzo 2, 2018

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“No hay que hacer justicia por propia mano, pero está en nuestras manos que se haga justicia” Alfredo Romero

El 21 de julio de 2017 la Asamblea Nacional designó y juramentó a 33 magistrados para sustituir a los jueces del régimen de Nicolás Maduro. Al ver el listado de nombres me llené de emoción al descubrir que dos de mis amigos y colegas se encontraban en ella. Pedro José Troconis Da Silva como principal de la Sala de Casación Penal y Rafael Antonio Ortega Matos como suplente de la Sala de Casación Social. Ambos caraqueños, egresados de la Universidad Santa María y profesores de la Universidad Fermín Toro en Barquisimeto en donde tuve el gusto de conocerlos primero como alumna y posteriormente como colegas.

La juramentación se llevó a cabo en la plaza Alfredo Sadel bajo la mirada de millones de venezolanos dentro y fuera del país. El orden y la justicia se deslumbraban en aquellos rostros de valientes guerreros quienes llegaban desbordando conocimiento y experiencia al ver sido sometidos previamente ante un Comité de Postulaciones que recibió 305 aspirantes.

Desafortunadamente, la emoción duró muy poco dado que un par de horas después del acto, el régimen de Maduro los desconoció y acusó de usurpar funciones del Poder Judicial. En los siguientes días los juristas Ángel Zerpa, Jesús Rojas Torres y Zuleima González fueron detenidos por lo que el resto se vieron obligados a exiliarse y hoy se encuentran dispersos entre Panamá, Chile, Colombia y Estados Unidos.

Una vez a salvo, Troconis concedió un par de entrevistas en las que explicó que el asedio hacia él y los demás magistrados fue tremendo. Las casas de sus familiares y amigos más cercanos habían sido violentadas con armas y pasamontañas para verificar si se encontraban con ellos, además de exponerlos a interrogatorios para que les dijeran donde se encontraban.

Desde la distancia seguí de cerca las noticias que me llenaban de angustia tanto por los juristas como por sus familiares quienes también sufrían con ellos. En agosto Troconis y yo nos encontramos en un evento en Weston. Dejando aún lado los títulos propios entre colegas me saludó con ese calor amistoso que aún desbordaba el olor a mi tierra (Barquisimeto).

Hablamos un rato como buenos amigos y entre las cosas  que me dijo fue: “Si tu pasión es escribir, escribe. No pierdas tiempo, cada uno debe enfocarse en lo que le gusta. No permitas que nadie te desaliente. Aunque te encuentres en otras tierras tus estudios te pertenecen y nadie puede quitártelos”. Él nunca supo el impacto que me generó al aumentar mi autoestima pisoteada durante años por los mismos latinos quienes al saberme inmigrante no dudaban en humillarme por no ser americana ni tener dinero.

Sus palabras se me quedaron grabadas en el corazón por lo que al escuchar que el 13 de octubre de 2017 los magistrados tomarían posesión de su cargo en la OEA, haciendo de ello un caso inédito en la historia mundial por ser el primer Tribunal Supremo de Justicia en ser constituido fuera de su territorio jurídico, decidí que haría todo lo posible para apoyarlos en su noble labor. Realmente deseaba que el mundo entero conociera a nuestros magistrados, hombres honestos, capaces, quienes lo arriesgaron todo para que en Venezuela pudiera haber justicia.

Sin embargo, dado la curiosidad mediática que crearon, los magistrados se hundieron en un hermetismo casi desolador; por lo que dejando a un lado el tema del TSJ, me enfoqué en mi libro y posteriormente en el Foro Penal del cuál Troconis había sido coordinador en el Estado Lara ayudando así a muchos jóvenes quienes fueron injustamente privados de libertad solo por salir a protestar. Entre los detenidos figuraban jóvenes estudiantes, de buenos principios y valores quienes soñaban con un futuro mejor.

Desde el Foro Penal, Troconis demostró con hechos que la protección de los Derechos Humanos y el cuidar de cualquier persona que sea reprimida e injustamente detenida siempre había sido su norte y el convertirse en magistrado representaba su sueño de poder impartir justicia de una forma transparente, imparcial y expedita.  

Sin duda, la vocación innata del magistrado, de todos los abogados y voluntarios del Foro Penal también se ha evidenciado en el buen trato que les dan a las víctimas y sus familiares quienes de forma generalizada han afirmado que se han sentido satisfechos con el profesionalismo con el que han sido atendidos desde que han solicitado los servicios de defensa gratuita en el centro de denuncias.

Cuando el presidente del TSJ legítimo Miguel Ángel Martín rompió su hermetismo, el pasado viernes 24 de febrero de 2018, las expectativas de los venezolanos puestas en ese órgano colegiado resurgieron al igual que mis ansias de escribir sobre ellos. El magistrado Miguel Ángel había aceptado la invitación de la doctora Carmen Cecilia Pérez para explicar que efectivamente seguían trabajando dignamente para recuperar el orden constitucional perdido en el régimen de Maduro.

Así por primera vez me acerqué al Interamerican Institute for Democracy donde pude corroborar por medio de Lizandra Garriga, assistente ejecutiva del instituto, que los magistrados se reúnen todas las semanas para tomar decisiones administrativas y judiciales en esas instalaciones prestadas porque no tienen dinero para rentar una sede propia.

En definitiva, esos juristas dejaron sus familias y las comodidades de sus hogares en Venezuela para vivir en el exilio como cualquier otro inmigrante con sus limitaciones y carencias por seguir sus convicciones y hacer justicia desde el ente más elevado de nuestro sistema jurídico; así que para ellos todo mi respeto y apoyo porque estoy convencida que con personas tan íntegras y comprometidas con Venezuela pronto conquistaremos la libertad.

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PATRICIA ANDRADE: ALGO MÁS QUE MISERICORDIA

abril 24, 2016
Madre:
 Porque me pariste te amo,
Porque me acogiste te aclamo.
Hoy tengo dos madres:
Una que está agonizando,
Y otra que me ha adoptado.

      12931027_10154794612829899_5340607029699089182_nAna María Montilla e Inés Gabriela Araujo Dickens se conocieron durante el tour de quinceañeras que hicieron en el año mil novecientos noventa y cuatro. Siendo la primera colombiana y la segunda venezolana se sintieron sumamente identificadas a nivel cultural y desde entonces se hicieron muy amigas manteniéndose en contacto, en principio a través de cartas, y más adelante por medio de las redes sociales. Así un día durante el mes de febrero del año dos mil dieciséis Ana María le envió el siguiente correo electrónico a Inés Gabriela:

“Querida Inés Gabriela: Te tengo una historia maravillosa para tu nuevo libro. Una amiga mía llamada Patricia Andrade es una mujer increíble que debes de incluir en tus biografías de venezolanos en el exilio. Ella es la creadora de la fundación Venezuela Awareness cuyo principal propósito es promover la democracia y los derechos humanos por lo que cada año viajo a Miami un par de semanas para ayudarla y apoyar a tu pueblo por medio de este grupo de compatriotas tuyos que están organizadas en Estados Unidos. El trabajo de Patricia es extraordinario pero antes te explicarte más a fondo sobre lo que hace te voy a contar sobre cómo nos conocimos.

     Resulta ser que en el año mil novecientos noventa y nueve cuando regresaba a Bogotá desde Miami me tocó parar en Caracas. Recuerdo que el vuelo estaba un poco vacío y con el cansancio del trabajo realizado en Estados Unidos traté de dormir pero unos niños que estaban sentados a mi lado no me lo permitieron. Estaban tan contentos porque iban a visitar a sus abuelos en Venezuela que no dejaban de cantar teniendo que resignarme a escucharlos. Sus padres muy apenados al ver mi cara de cansancio trataron de calmarlos sin éxito. Pedí un café y les dije que no se preocuparan. Nos presentamos y les hablé sobre mi voluntariado en ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados). Patricia quedó fascinada con mi labor social por lo que intercambiamos nuestros datos para mantenernos en contacto.

     Ese viaje fue divertidísimo porque sus hijos eran bien alegres, de hecho, cuando ya estábamos por aterrizar en Venezuela Patricia les dijo a sus niños que esas montañas que veían eran La Guaira a los que ellos contestaron felizmente Hawái. Patricia al pensar que no le habían escuchado bien les repitió que era La Guaira pero ellos insistieron a coro que era Haaaaaaawái. Lo que al resto de la tripulación nos causó mucha gracia.

     Durante ese viaje aprendí que Patricia nació en Puerto Ordaz, estado Bolívar, ciudad sureña venezolana en donde se encuentran los parques naturales de La Llovizna y el de Cachamay en el que se pueden disfrutar las caídas de agua del río Caroní. Ella proviene de una familia católica amplia y muy unida. Sin embargo, al casarse se fue a los Estados Unidos para acompañar a su esposo quien realizó su formación universitaria en Georgia.

     Desde que se mudó a Miami sus viajes a Venezuela para reunirse con sus abuelos, tíos, primos y amigos de siempre habían sido frecuentes. De tal manera que ese vuelo en que la conocí fue uno más de los que continuamente realizaba mientras que para mí fue un simple paso para volver a mi casa en Bogotá. En ese momento no tenía idea que estaba conociendo a una de las mujeres que más he admirado en mi vida. Y es que Patricia es así, natural, solidaria, amistosa, cordial, luchadora y sobre todo con un espíritu misericordioso que le ha permitido ganarse el respeto de quienes, como yo, hemos tenido el gusto de conocerla.

    Un par de meses después de ese viaje la llamé a su celular. Imagínate en ese tiempo aun matando fiebre con esos teléfonos que hoy en día son tan indispensables como nuestras tarjetas de crédito. En esa conversación, Patricia me contó que al partir de Puerto Ordaz le entraron unas ganas de llorar incontrolables a lo que su esposo tuvo que consolarla recordándole que pronto volverían porque siempre iban una o dos veces al año. No le dije nada, pero me pareció que eso fue un mal presentimiento y en efecto, el tiempo me dio la razón, porque en el año 2003 Nicolás Maduro quien entonces era el presidente de la Asamblea Nacional la acusó como miembro de la CIA por lo que no pudo volver a Venezuela; empezando así su autoexilio.

     A pesar de que ya era ciudadana americana, luego de aquellas declaraciones de Maduro junto a Cilia Flores, y posteriormente reafirmadas por Chávez y Diosdado Cabello en sus respectivos programas televisivos, entendió que nada ni nadie le garantizarían su libertad e integridad física en el territorio venezolano.

   Y es que en la era de Chávez el protestar dentro y fuera de Venezuela era un delito, así los espías del régimen fueron reseñando a las personas que se manifestaban abiertamente como opositores. Inocentemente, Patricia se empeñó en darse a conocer entre los venezolanos porque en aquellos años esa comunidad que residía en Miami era muy pequeña y la mayoría de las personas provenían de Caracas. En cada protesta estaba ella, dando la cara por el país y organizándose con otros venezolanos anónimos entre los que se ligaron simpatizantes y agentes encubiertos.

    Desde que entendió que a Venezuela no podría volver se sintió huérfana de madre porque a pesar de que Estados Unidos la había adoptado abrigándola dentro de un sistema de instituciones sociales que sí funcionan como la educación, seguridad, salud…; no era igual, la felicidad jamás volvió a ser completa porque ya no podría volver a los brazos de la madre que le había dado la vida, sentimiento que se agudizó en el año dos mil catorce en que murió la viejita que la había traído al mundo y a quien no pudo visitar para darle el último adiós.

     A pesar de que es una víctima más del exilio, Patricia no descansa en su lucha por conseguir la libertad de los presos políticos y de ayudar a los venezolanos que han llegado a Estados Unidos huyendo de las violaciones a los derechos humanos que se han incrementado con Nicolás Maduro, quien para mi pesar y las de muchos de mis compatriotas, se dice que es colombiano.

     Patricia ve con gran preocupación que Venezuela vive una guerra espiritual en la que se ha sustituido a Dios y a la Virgen por el dios poder y el dios dinero por lo que no descansa en demostrar su misericordia ante los que sufren persecución, carecen de comida y trabajo. Para ella el regreso de los principios y valores es fundamental en la construcción de un mejor país y la solidaridad no es una palabra es un acto que se contagia a través del ejemplo.

     En cuanto a los venezolanos que llegan a Estados Unidos, que hoy en día les toca dormir hasta en el piso, les recuerda que tienen que adaptarse y ser agradecidos sin olvidar a la patria que se ha dejado atrás y con la esperanza de que sus hijos luchen para devolverle la salud perdida por aquella enfermedad llamada comunismo.

     Así que mijita si usted no escribe la historia de Patricia Andrade su libro sobre los exiliados va a quedar muy soso porque el trabajo realizado por esta mujer ha servido principalmente para arrancarle la careta al difunto Chávez y posteriormente a sus herederos quienes han violado los derechos humanos en un sistema no democrático. Le recomiendo además que vaya a la página web de la fundación Venezuela Awareness para que se documente mejor sobre su trabajo en que también se mantiene viva la memoria de las personas que han perdido la vida por oponerse al régimen de Nicolás Maduro.  

     Bueno, con este abrebocas sobre la vida de Patricia me despido para que lo vayas pensando, cualquier cosa me avisas y te pongo en contacto con ella.

     Besitos, Ana María”

 

Luego de leer ese correo, Inés Gabriela, le agradeció a su amiga colombiana por haberle introducido a Patricia Andrade y desde ese momento comenzó a investigar sobre las actividades  de aquella venezolana quien se había ganado la admiración y respeto de Ana María.  Al buscar información en internet descubrió que en el año dos mil diez Andrade había sido escogida como uno de los cien latinos más influyentes en Estados Unidos y en el dos mil doce recibió una distinción de parte del Congreso de los Estados Unidos de América por su defensa de la democracia y los derechos humanos en Venezuela.

Ante aquel hallazgo, Inés Gabriela se apresuró en llamar a su paisana para contactar una cita y conocerla en persona. El encuentro entre ambas se dio una tarde en un restaurante en el Doral cercano al depósito donde almacenaba las donaciones de Venezuela Awareness Foundation (VAF) y que luego eran distribuidos entre las familias venezolanas que recién llegaban al país. Al encuentro Patricia asistió con una de sus mejores amigas llamada Carol Quintero quien también era una activista venezolana-americana quien representaba a los Venezolanos Voluntarios Anónimos en Miami (VEVAM).

Ambas mujeres cautivaron a Inés Gabriela con su sencillez y amabilidad, contestando todas las preguntas que tenía para Patricia y que luego fueron incluyendo también a Carol.

—Patricia: ¿Por qué reconocieron su trabajo en el Congreso de los Estados Unidos?              —Inquirió Inés Gabriela quien ya sabía la respuesta porque la había leído en la Internet pero quien deseaba escucharla directamente de la boca de su nueva muza.

—La distinción me la dieron de la mano del Congresista Republicano por la Florida, Mario Diaz-Balart, por la defensa de los Derecho Humanos en Venezuela y constante lucha en contra de los abusos del régimen del ya fallecido Hugo Chávez lo cual ha servido para quitarle la careta a ese sistema político que le ha destruido las esperanzas a los venezolanos de tener un futuro de libertad y prosperidad.

—¿Qué la hizo emprender esa labor dentro de las comodidades de este país tan lejano siendo ya usted ciudadana americana? —preguntó Inés Gabriela, esta vez, tratando de descubrir las verdaderas intenciones de Patricia: ¿sería que no era solo altruismo lo que movía a esa mujer?,  ¿Dinero?, ¿Poder?, ¿Fama? ¿Qué había detrás de todo aquel trabajo tan desgastante tanto mental como físicamente?

—El amor a mi madre patria porque desde que llegué aquí tengo dos madres: Venezuela porque fue el país que me parió y Estados Unidos porque fue el país que me adoptó. Cuando se emigra, no podemos olvidar nuestras raíces y menos cuando la madre que nos parió está agonizando y tantos hermanos están sufriendo la oscuridad, el frío y soledad de las cárceles por tan solo tratar de protegerla. Hoy en día Leopoldo López es la cara visible de quienes como él han luchado por la libertad de Venezuela. Génesis Carmona, la ex reina de belleza, es apenas unos de los rostros de los tantos caídos por protestar. José Antonio Colina y Gisela Parra son dos de los miles de exiliados que han tenido que huir para no correr con la misma suerte de López o Carmona. Cuando realmente se ama, es imposible tener tranquilidad cuando el objeto de nuestro amor está sufriendo tanto. Cuando se ama ningún sacrificio es suficiente. Pero sobre todo, cuando realmente se cree en Dios y en la Virgen las oraciones se vuelven en acciones y la felicidad es la lucha por la salvación de todas las almas —Sentenció Patricia mirando fijamente a una Inés Gabriela que se sintió apenada por haber dudado de la buena fe de aquella noble mujer luchadora, emprendedora y con una clara escala de valores morales que la han hecho brillar en su carrera de defender a los más necesitados.

—En la larga lista de presos políticos y personas torturadas que maneja la fundación que creé  en el año dos mil cuatro —Continuó Patricia— se encuentran no solo protestantes sino también ciudadanos que alimentaron a los estudiantes que se pronunciaron en contra del régimen y hasta abogados que los asistieron. Un trabajo nada fácil porque hasta hace poco el mundo aseguraba que en Venezuela había democracia cuando en realidad Chávez y posteriormente Maduro han sido más crueles con sus opositores que Marcos Pérez Jiménez lo que se evidencia no solo con los brutales ataques de los policías nacionales, militares y hasta cubanos encubiertos en contra de los manifestantes si no también, con los casos de desaparecidos y ajusticiados que han proliferado especialmente desde las protestas del dos mil catorce; y ni hablar de las constantes llamadas que los estudiantes fichados reciben en las que se les advierte que no sigan protestando pues, esa es la nueva modalidad de persecución y amenaza. Con ese escenario tan sombrío, ¿Cómo callar?, ¿Cómo quedarme con los brazos cruzados? Estudié Derecho no para colgar mi título en la pared sino para defender las causas en las que creo y la libertad de Venezuela es sin duda mi mayor desafío —dijo una Patricia segura de sí misma y esperanzada en que mejores tiempos vendrán para aquella tierra de gracia. Sentimientos que Inés Gabriela compartía plenamente porque la fe había sido la virtud mejor aprendida y heredada de su familia al igual que su amor no solo por sus compatriotas si no por los seres humanos en general.

—A las afueras de este restaurante se encuentra un busto de nuestro Libertador y a su lado Patricia junto a un grupo de voluntarios han puesto unas cruces con el nombre de cada uno de los caídos durante las protestas del dos mil catorce y cada mes le trae flores para mantener vivo el recuerdo de estos valientes e inocentes venezolanos que salieron un día a alzar su voz por una mejor Venezuela, así mismo, ella ha organizado jornadas de asesoría legal para educar a la comunidad venezolana para que no sigan siendo víctima de las constantes estafas de abogados inescrupulosos que se están aprovechando de la desesperación con la que llegan a Estados Unidos por la falta de alimentos, medicamentos, inseguridad y persecución. De igual forma, Patricia siempre ha promovido la ciudadanía entre los residentes latinos porque con ello podemos votar y evitar la deportación —Comentó Carol a la vez que saludaba a una mujer hermosamente vestida con una falda con la bandera venezolana, sombrero típico y un par de corazones en sus mejillas y quien se llamaba Diana Rivaz, mejor conocida por sus amigas como Maraquita, por su flamante vestimenta con la que se paseaba por toda la ciudad del Doral o Doralzuela porque es casi como vivir en Venezuela.

Inés Gabriela quedó tan fascinada con este trio de mujeres venezolanas que se tomó varias fotos con ellas para compartirlas en las redes sociales y presentarlas con gran orgullo como sus nuevas amigas aunque sabía que se llevaba un reto entre sus manos pues el resumir la vida de Patricia Andrade en un par de páginas no sería tarea fácil.

 

 

 


HORACIO MEDINA: EL MEJOR PAÍS DEL MUNDO

marzo 20, 2016

Hijo de inmigrantes: ¿A dónde te llevaron las olas?,

Luego que con un pito te mandaron a la horca.

Llora tu patria, llora nuestra Patrona,

Desde lo lejos porque la dejaste sola.

Era el mes de julio del año dos mil cinco y el país se encontraba muy revuelto, desde ya el principal tema de conversación en las calles eran las elecciones presidenciales del siguiente año en que muchos ciudadanos esperaban salir del régimen de Chávez.

También se hablaba de los perseguidos políticos, de los ex trabajadores de Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA) y en especial de un señor llamado Horacio Medina a quien le habían dictado una medida cautelar privativa de libertad en diciembre y de quien se decía había huido a Estados Unidos.

En medio de ese escenario fue que Paula Brito se graduó de periodista en la Universidad Central de Venezuela y no en vano se había apasionado tanto con la situación política del país. La señora Josefina comenzó a preocuparse por la salud de su hija, pues, día y noche se la pasaba atenta a todas las noticias que en algunos casos sonaban muy alarmistas ante la crítica de los esposos Brito. De allí que la convencieron de pasarse una temporada en Miami para que despejara su mente y decidiera donde quería trabajar.

En Miami, Paula rentó un apartamento cerca de la playa para disfrutar de la brisa marina y bajar todos los días a leer en el café desde el que podía ver el plácido mar. En las tardes iba a degustar la gran variedad culinaria del bulevar para luego recorrer las tiendas y quemar las calorías probándose toda la ropa que podía para complacer a su madre y volver con una docena de maletas con vestuario nuevo.

Luego de una semana se sintió fastidiada y quiso volver a casa por lo que se quedó en el apartamento organizando su viaje de regreso. Llamó a una pizzería para que le llevaran una grande con queso para no tener que salir a perder el tiempo. Cuando sonó el timbre, se acercó a la puerta, verificó por el hoyuelo, vio que en efecto era su tan ansiosa comida pero al abrir la puerta se sorprendió al reconocer al repartidor.

Horacio Medina vestido de jean, camisa y capucha con el logo del restaurant para el que trabajaba, le sonrió, la saludó y le entregó la pizza a una Paula que le tomó varios minutos para reaccionar e invitarlo a pasar. Él se disculpó diciendo que aún le faltaba un par de horas antes de terminar la jornada. Intercambiaron sus números telefónicos y debido a la insistencia de aquella recién graduada periodista quedaron en verse esa misma noche en una librería.

A eso de las nueve de la noche Horacio Medina con una mirada cansada se encontró con una Paula llena de curiosidad. Hablaron hasta casi las once, hora en que cerraron la librería, se despidieron con la promesa de volver a verse con lo que fue el inicio de una hermosa amistad. Paula volvió a casa a desorganizar su viaje pues ahora tenía la oportunidad de conocer una parte crucial de la historia venezolana de mano de uno de los protagonistas más emblemáticos de la época.

En pocas horas, la periodista, había aprendido que Horacio Medina era hijo de inmigrantes de las Islas Canarias quienes llegaron a Venezuela durante el régimen de Pérez Jiménez. Nació en Caracas el veinte de mayo de mil novecientos cincuenta y tres justamente el año en que aquel dictador asumía el poder lo que quizás, irónicamente, marcaría su vida al ser muchos años después víctima de otro tirano militar quien llegó al poder de forma democrática para instalar uno de los peores gobiernos que ha tenido el país sureño.

Al contrario de la idea que tenía Paula de Horacio, él venía de una familia muy humilde, con quien vivió por muchos años en varias de las zonas más modestas de la ciudad capitalina. Su papá quien fue carpintero terminó manejando taxis para mantener el hogar y murió a temprana edad de un infarto. Su mamá fue conserje en un edificio en el que Horacio llegó a ir varias veces para ayudarla limpiando las escaleras y ganar su propio dinero. Posteriormente, también trabajó en una compañía familiar en la que de motorizado cobrador pasó a ser despachador y facturero.

De esa manera, desde temprana edad, Horacio aprendió a combinar su vida laboral, social y estudiantil de forma eficaz hasta graduarse de ingeniero en la Universidad Central de Venezuela  donde fue presidente del Centro de Estudiantes y llegó a tener muchos amigos quienes pertenecían, en su mayoría, a la izquierda dado que durante los años setenta y seis y setenta y siete era la tendencia que predominaba en el ámbito universitario.

Con su título en mano logró entrar a trabajar en PDVSA en donde ascendió continuamente hasta la llegada de Chávez al poder. Dentro de sus cargos más destacados se cuenta la presidencia de la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleos de Venezuela lo que le permitió conocer mucho más personas dentro de las diferentes divisiones de la misma.

Siempre había pensado que los militares tenían el deber de proteger la patria más no de gobernarla y menos alguien que había tratado de dar dos golpes de estado que llenaron de sangre las calles del país. Sin embargo, al ver tanta gente que él admiraba creyendo en el discurso que aquel vendió durante la campaña presidencial dudó sobre su posición y se preguntó a sí mismo si estaba equivocado y si era hora de darle una oportunidad a los militares de asumir la presidencia.

— ¿Cómo es posible que un hombre tan bien formado cómo usted se haya dejado influenciar hasta el punto de poner en tela de juicio su opinión sobre los militares al frente de un país?— Preguntó Paula mientras caminaban a orillas de la playa. Sus continuas entrevistas se habían vuelto mucho más relajadas a medida en que su amistad se iba afianzando.

—Hija, ya te he dicho varias veces que una de las virtudes más difíciles de adquirir es la humildad y ello se pone en evidencia principalmente cuando nos toca ceder ante nuestras posiciones. En ese tiempo yo estaba rodeado de muchas personas altamente calificadas a las que llegué a admirar mucho y cuando uno ve que la gran mayoría de una sociedad cree en una salida uno no puede ser tan terco, tiene que bajar la guardia y evaluar los hechos con ojo crítico. Es decir, ser humilde y eso fue lo que hice aunque el tiempo me demostró que yo y la minoría estábamos en lo correcto.

Paula recordó en ese momento que Horacio era un hombre que había sido humillado públicamente al ser despedido por el mismísimo presidente en cadena nacional con un pito junto a otros seis compañeros. Que fue a él a quien le correspondió anunciar el paro petrolero de abril del dos mil dos ganándose con ello el odio y persecución del regente y apoderado del país teniendo que asilarse en la ciudad de Miami a la que llegó luego de escapar de Venezuela por tierra hasta Colombia desde donde viajó a Aruba y luego a Estados Unidos.

Se imaginó lo terrible que tuvo que haber sido tanto para él como para las otras dos personas que lo ayudaron a llegar a Colombia, el estrés originado por el miedo de ser reconocido y capturado, la rabia y la tristeza de tener que dejar el país que tanto amaba junto a su familia y amigos a quienes quizás jamás podría volver a ver.

Por más que Paula intentaba entender lo que Horacio había vivido para salvarse de la revancha de su poderoso enemigo no pudo imaginarse el sufrimiento que una persona en aquellas circunstancias sentía. Ante sus dudas, Paula se comunicó con su amiga Inés Gabriela para que la ayudara a descifrar aquella situación que para ella era ajena, pedido que aquella le correspondió de la siguiente manera.

 

Vivir en el exilio es:

Como amanecer en oscuridad

Oscuridad interminable e infinita,

Infinita por la soledad en otras tierras,

Tierras ajenas

Que por mucho que uno quiera

Jamás serán las maternas

Porque siempre se será extranjero,

Aun para quienes como uno

Nacieron de otras que no fueron ellas.

Es vivir con una opresión en el pecho,

Con una ausencia,

Ausencia de los amores que se recuerdan

Amores que se llevan en el alma

Y que desde lo lejos se incrementan.

El exilio es estar preso

En una jaula disfrazada de libertad

En la que todo es ajeno

Y en la que nuestros sentidos se entristecen

Al no reconocer los olores y sabores

Con los que fuimos creciendo.

 

Paula le leyó el poema a Horacio quien lo complementó diciendo que el exilio era para él, todo lo que Inés Gabriela había descrito pero además como un ardor que le quemaba el alma, un sentimiento de soledad infinita, un terror al verse sin dinero en un país donde nadie lo esperaba y en el que tuvo que empezar desde cero lo que a los cincuenta y dos años le aterró mucho más.

—A un mes de llegar a Miami me detectaron cáncer en la lengua y me sentí desesperado, sin rumbo, extrañando más que nunca a mi familia, mi casa, mi país, todo lo que por tantos años había sido el eje de mi vida, y que por la soberbia de un hombre había perdido.— Agregó Horacio con lágrimas en los ojos y sin ánimo de ocultarlas, la confianza que ya le tenía a aquella joven que podría ser su hija le permitió demostrar lo frágil que era su alma ante tanto dolor que hasta le había hecho sufrir un infarto.

Paula se quedó sin palabras y le dio un fuerte abrazo porque no solo era un amigo y compatriota si no un ser humano con mucha falta de cariño al estar lejos de su patria sin poder regresar.

Los años pasaron. Hoy, Horacio Medina goza de una mejor situación económica y afectiva porque debido a su constancia y perseverancia ha logrado asesorar diferentes empresas petroleras y su actual esposa le ha brindado el amor que tanto añoraba. Recostado en su sofá favorito reflexiona y se da cuenta de que aún se siente extranjero en USA pero que tristemente también se siente ajeno en Venezuela porque el país que dejó es muy diferente al de estos días. Lamenta que durante sus años en el exilio no ha podido estar con su familia durante momentos de alegría y duelo pero se siente agradecido por los nuevos amigos con quienes ha aprendido a valorar mucho más aquello que llaman: solidaridad.

Hace poco Paula regresó de Caracas y pasó a visitar a la feliz pareja. La señora Medina les ofreció una limonada bien fría para que se refrescaran mientras se ponían al día y es que sabía que cuando ese par se encontraba no dejaban de hablar sino hasta que el cansancio los vencía. La situación del país ocupaba la mayor parte de la tertulia y como siempre Horacio ratificó su confianza en que algún día regresará a una nueva y mejor Venezuela porque cree en la reserva moral heredada de los ancestros y que sigue vive en los jóvenes valientes y guerreros por la que hay que apostar.

Horacio está convencido que Venezuela es el mejor país del mundo y que para salir de las nubes negras, oscurecidas por poner los intereses sobre los principios, hay un camino que es el proceso electoral por lo que en Miami forma parte de la secretaría ejecutiva de la Mesa de la Unidad Democrática –MUD– porque sabe que el secreto del cambio está en la unidad por encima de cualquier interés particular y aunque nunca ha pertenecido a ningún partido político los defiende. Con esas ideas Paula regresó a su apartamento a eso de la media noche llena de optimismo soñando en celebrar junto a su amigo la nueva realidad.

Nasbly Kalinina.


EL PAÍS DE LAS MUJERES BELLAS

septiembre 17, 2015

Nací en San Fernando de Apure el 3 de octubre de 1979 año en que Maritza Sayalero Fernández ganó por primera vez el Miss Universo lo cual marcó los sueños de las jóvenes de mi generación pues, altas o no, la mayoría crecimos con la ilusión de participar en el Miss Venezuela y seguir los pasos de Cristal Montañez, Irene Sáez, Maite Delgado y Viviana Gibelli, entre muchas otras.

Así a temprana edad hice que mis padres me inscribieran en un curso de modelaje y a pesar de que muchos me decían que sería modelo de radio tomé las clases muy en serio al igual que la mayoría de mis compañeras. Con el tiempo entendí que no todas habíamos nacidos para participar en un certamen de belleza pero no por eso dejábamos de ser hermosas. Que lo importante era lo que teníamos que ofrecer más allá de unas medidas perfectas y que un saludo con una sonrisa cálida y un gesto amable valían más que una corona.

Y es que la mayoría de las adolescentes de mi generación sufrimos por no ser lo suficientemente altas y no ir al Miss Venezuela o por esperar el primer beso de nuestro príncipe azul, sin imaginarnos que estábamos viviendo en un paraíso en el que pronto llegaría el lobo a robarle su color a Caperucita. Así nos espantamos con el Caracazo y nos horrorizamos en las dos intentonas de golpe, pero jamás pensamos que el terror vendría a quedarse por tantos años.

Por más que Luis Herrara Campíns haya dicho en su discurso inaugural que había recibido un país hipotecado y que en toda nuestra historia democrática haya habido corrupción, los jóvenes tenían futuro, nuestro país era el ejemplo a seguir por sus vecinos y receptor de inversionistas extranjeros que apostaban a una Venezuela próspera y brillante.

Y es que con tanto tiempo sin ver a mi familia extraño el poder tener la libertad de escoger donde quiero estar y lloro por no tener la capacidad de ayudar a las personas que amo y que están allá acorraladas con una inflación que les ha robado los sueños a los jóvenes de representar a nuestro país y volver a casa a triunfar en cualquier carrera que les guste como lo hicieron los ídolos de nuestra generación.

Anhelo volver a mi país, reírme de esta pesadilla, abrazar a mis padres, hermanos, vecinos y compañeros. Reconocer en los extraños aquella alegría que nos caracterizó por muchos años pero que la inseguridad, la escasez y la desesperanza nos han robado.

Sueño con viajar y que los agentes de inmigración al mostrar mi pasaporte no me pregunten si vine a quedarme sino más bien que me den la bienvenida y me vuelvan a decir lo mismo que la primera vez que salí de casa: ¡Venezuela, el país de las mujeres bellas!


ESTRUCTURA ORGANIZATIVA CIRCUNSCRIPCIÓN JUDICIAL DEL ESTADO LARA

abril 17, 2014

http://lara.tsj.gov.ve/decisiones/decisiones_tribunal.asp?id=013&id2=


Una oración por Venezuela

noviembre 12, 2013

Repitamos estás palabras todas las veces que podamos durante el día. Con mucha fe porque el Divino Niño siempre nos escucha, con mucho amor por nuestro país porque ese sentimiento es el más noble, con mucha esperanza porque no hay mal que dure cien años… y recordando que la familia que reza unida permanece unida y Venezuela es una gran familia. Luchemos juntos con la mejor de las armas que Jesucristo nos dejó: la oración. Jesús foto


ROSARIO DE LIBERACIÓN Y SANIDAD PARA VENEZUELA

abril 23, 2013

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Con un rosario diremos en las cuentas de los misterios:

“Si Jesús libera a Venezuela, quedamos  verdaderamente liberados

Luego, diremos 10 veces estas 4 súplicas:

“Jesús ten piedad del pueblo venezolano”

“Jesús sana a tu pueblo venezolano”

“Jesús sálvanos”

“Jesús libéranos”

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. Así como era en un principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Al terminar los “5 misterios” decimos:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal.

Líbranos Señor de todo mal. (3 veces)

“Jesús ten piedad del pueblo venezolano”

“Jesús sana a tu pueblo venezolano”

“Jesús sálvanos”

“Jesús libéranos”

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal.

Líbranos Señor de todo mal.

Salve

Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia. Vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te Salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea pues, Señora, abogada nuestra vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de Tu vientre, ¡oh clemente!, ¡oh piadosa!, ¡oh  dulce Virgen María!: Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, Para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

(Versión reducida para hacerla cada vez que podamos durante todo el día. Recordemos que en la perseverancia está el éxito).