NO QUIERO MORIR SOLA

agosto 12, 2018

Por Nasbly Kalinina
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El 27 de Julio murió mi abuelo Ciro Barrera y con él van tres familiares de parte de padre que pierdo desde la distancia y sin poder despedir. Hace un par de días me enteré que Carolina, mi abuela sentimental, quien el 6 de agosto cumplió 98 años, está en cama esperando que Dios la llame.
Al recordar a mi abuelo viene a mi mente aquel viejo que vivió en mi casa cuando era una niña y por quien todas las tardes salía corriendo para recibirlo. Se me hace un nudo en la garganta ante aquellas escenas tan remotas que evocan un periodo de felicidad familiar. Con su muerte perdí al único abuelo sanguíneo que me quedaba.
Cuando pienso en Carolina las lágrimas afloran sin darme tiempo de detenerlas porque aquella viejita vino a llenar el gran vacío que dejaron mis abuelas al morir cuando yo estaba muy pequeña. Fue ella quien me enseñó a tomar té antes de irme a Inglaterra, disfruté las navidades, me tomé las fotos al graduarme de abogada y lingüista y a quien le dedique mis primeros versos de principiante:
Su nombre es Carolina,
su apellido Soto
Y juntos dibujan
el más bello rostro.

Al pensar en la muerte me lleno de espanto al saberme sola en un país lejano al igual que millones de compatriotas que hoy están esparcidos por el mundo entero por un mal gobierno que nos condenó al exilio al perseguirnos, negarnos la comida, las medicinas y un porvenir mejor en nuestro hogar.

Busco en las redes sociales y me encuentro con casos de venezolanos asesinados, muertos en situaciones atroces o incluso de forma natural pero al no tener quien reclame sus cuerpos se hacen campañas preguntando por algún familiar.

Recuerdo aquellas madres quienes perdieron a sus hijos en el asfalto luchando por la libertad que nunca conocieron, mientras la mirada angelical de Neomar Lander se contrapone contra la de aquel que nos dejó sumidos en la catástrofe más grande de nuestra historia.

Pienso en los viejitos de los que me habla mi mamá quienes han muerto por depresión ante la ausencia de los seres queridos que se han ido tratando de sobrevivir en libertad.

Miro a mi alrededor y al encontrarme sola me dan ganas de llorar porque no quiero correr con la misma suerte de morir lejos de casa como tantos compatriotas quienes como yo se han visto obligados a dejar de lado sus amores. Me niego a creer que esta pesadilla continúe por mucho más tiempo y prefiero confiar en los magistrados del TSJ en el exilio, en esa diáspora que lucha por volver, en ONGs como el Foro Penal y en esos jóvenes que a pesar de las circunstancias se mantienen firme en nuestro país.

Poco a poco he ido presentando a cada una de esas personas más allá de lo que simbolizan a través de sus instituciones para que sigamos su ejemplo sin perder la fe porque indistintamente de nuestra propia realidad todos tenemos la misma madre que nos vio nacer y que nos recuerda lo mucho que nos necesita.

A pesar de nuestras diferencias, de las ganas de sobresalir de algunos y la arrogancia de otros, lo único seguro que existe es que algún día dejaremos este mundo y dependerá de cada quien el nivel de fraternidad, solidaridad y patriotismo que heredarán las nuevas generaciones. No quiero morir sola, pero si es mi destino entonces que Dios se apiade de mi alma y muestre su misericordia con Venezuela para que renazca mucho más hermosa.
@nasbly

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EL PAÍS DE LAS MUJERES BELLAS

agosto 5, 2018

Por Nasbly Kalinina
Maritza Sayalero 1979
(Tomada de la Web)

Nací en San Fernando de Apure el 3 de octubre de 1979 año en que Maritza Sayalero Fernández ganó por primera vez el Miss Universo lo cual marcó los sueños de las jóvenes de mi generación pues, altas o no, nos daba ilusión participar en el Miss Venezuela y seguir los pasos de Cristal Montañez, Irene Sáez, Maite Delgado, Viviana Gibelli, entre muchas otras.
Así a temprana edad hice que mis padres me inscribieran en un curso de modelaje y a pesar de que muchos me decían que sería modelo de radio tomé las clases muy en serio al igual que mis compañeras. Con el tiempo entendí que no todas habíamos nacido para participar en un certamen de belleza pero no por eso dejábamos de ser hermosas. Que lo importante era lo que teníamos que ofrecer más allá de unas medidas perfectas porque un saludo con una sonrisa cálida vale más que una corona.
Sin duda, muchas de las adolescentes de mi época sufrimos por no ser lo suficientemente altas y no ir al Miss Venezuela o por esperar el primer beso de nuestro príncipe azul sin imaginarnos que pronto llegaría el lobo a robarle su color a Caperucita. Así nos espantamos con el Caracazo y nos horrorizamos en las dos intentonas de golpe, pero jamás pensamos que el terror vendría a quedarse por largos años y secuestraría a tantas personas como a Rosa Virginia González quien se encuentra en el Sebin de Aragua sufriendo torturas y apartada de su niña.
Por más que Luis Herrara Campins dijo en su discurso inaugural que había recibido un país hipotecado y que en toda nuestra historia democrática haya habido corrupción, los jóvenes tenían futuro, nuestro país era un ejemplo a seguir y era receptor de inversionistas extranjeros que apostaban a una Venezuela próspera y brillante.
Y es que con tanto tiempo sin ver a mi familia comienzo a reflexionar sobre nuestra historia para tratar de entender en que momento perdimos nuestros sueños y pasamos a ser perseguidos por querer tener una vida digna gracias a nuestro trabajo y esfuerzo.
Me pongo melancólica y deseo volver, reírme de esta pesadilla, abrazar a mis padres, hermanos, vecinos y compañeros; conocer a Rosa y a su hija en una Venezuela en la que los presos políticos no existan, distinguir en los extraños aquella alegría que nos caracterizó pero que la inseguridad, la escasez y la desesperanza nos han robado.
Sueño con nuestra libertad, poder escoger donde quiero estar y que al viajar los agentes de inmigración no me pregunten si he ido a quedarme sino más bien que me den la bienvenida y me vuelvan a decir lo mismo que la primera vez que salí de casa: ¡Venezuela, el país de las mujeres bellas!
@nasbly


GONZALO HIMIOB SANTOMÉ: EL INTELECTUAL DEL FORO PENAL

julio 15, 2018

Gonzalo Himiob Santomé
Luego de haber escrito sobre Alfredo Romero, me sentí en deuda con Himiob quien también es director del Foro Penal. Al decidirme, la distancia y el tiempo limitado para entrevistar aquel colega, tan entregado a la defensa de los Derechos Humanos, serían nuevamente mi mayor reto en mi proyecto, pero no una limitante, así que empecé a investigar en las redes sociales sobre él y lo que encontré fue muy interesante pues fue como hallar a un hermano mayor con el que se tienen muchas cosas en común.
Nacido en Caracas el 5 de octubre de 1969, me lleva exactamente 10 años, aunque en experiencia profesional parecen treinta. Abogado egresado de la Universidad Católica Andrés Bello, se especializó en Ciencias Penales y Criminológicas. Es socio fundador del Escritorio Jurídico Himiob, Romero y Asociados; miembro fundador del Foro Penal desde el 2004, profesor universitario, escritor y músico. Ha recibido múltiples reconocimientos a nivel nacional y recientemente a nivel internacional el premio IABA/FIA Lexis-Nexis por la Defensa del Estado de Derecho en América Latina otorgado por la Federación Interamericana de Abogados.
A nivel personal está casado con Wen Dugarte, quien despierta al hombre romántico y soñador oculto detrás de la rigidez de las leyes y los fríos edificios de los tribunales. Tiene dos hermosos hijos, Sofía y Luis Gonzalo, quienes son su mayor motor de vida e iluminación en la lucha por una Venezuela en la que se haga justicia y en la que todos podamos vivir en libertad. Es un apasionado al país en el que nació, creyente en Dios, admirador de la naturaleza y en especial de aquel cerro llamado Guaraira Repano, mejor conocido como el Ávila, que inspiró su primera novela “Ausencias deja la Noche”, en la cual combinó de manera exquisita la magia, el mito y la realidad social de nuestra época.
Un hombre de principios solidos que ejerce valientemente el Derecho en un país donde las leyes son el adorno de un Estado donde reina la impunidad y la opresión es el castigo para quienes se oponen abiertamente a los actos ilegales y crueles. Un pensador que ama tanto al prójimo que ha creado un lema que se ha grabado en nuestros corazones.
Así cuando escuchamos decir que “No hay peor castigo para un preso político que el olvido” se nos hace imposible desligar aquellas palabras de aquel humilde señor de lentes que nos guía y orienta con su persistencia, paciencia e inteligencia el camino en la defensa de los derechos humanos de quienes no son simplemente parte de una estadística sino de quienes tienen un nombre y apellido, una familia que los espera porque son inocentes y su único delito es pensar diferente.
Gracias a esa prestigiosa fama de hombre luchador y honesto en el 2009 Miguel Henrique Otero, presidente editor del diario El Nacional, uno de los periódicos más importantes del estado y de marcada línea opositora al régimen, le pidió que escribiera un libro sobre la persecución y discriminación por motivos políticos en el país lo que originó una reseña de la historia actual de los casos más emblemáticas que hasta ese año se habían cometido, lo que hizo de “El Gobierno de la Intolerancia” una obra de lectura indispensable para todos los estudiosos de la realidad de Venezuela en la era de Chávez.
Su creatividad literaria ha sido su refugio y modo de expresar su sensibilidad lo cual se evidencia en su otra novela llamada “Sentir la Sed” y sus tres poemarios que desnudan al hombre refinado y caballeroso quien ve a su mujer no como aquella que deba de estar detrás como una sombra sino más bien a su lado como su compañera en las buenos y malas.
Un buen amigo quien no se restringe al reconocer públicamente que sus premios son compartidos con su socio y compadre Alfredo Romero por su ejercicio mutuo del derecho en un país donde muchos se preguntan si vale la pena seguir estudiando las leyes cuando ven perdida toda posibilidad de ganar un caso de forma honesta e inteligentemente y a lo que él les responde que “Nunca son tan importantes las luces de la razón, del conocimiento y de la ley como cuando se camina en la más absoluta oscuridad.”
Un hermano que en definitiva nos llena de orgullo que haya nacido en nuestra amada Venezuela y que esté allá luchando por ella, dejando el miedo aún lado, para salir cada día a abogar por los más necesitados y recordándonos que mientras existan hombres como él, inteligentes y bien formados, capaces de dar lo mejor de sí para el rescate de nuestra tierra el milagro llegará tarde o temprano porque como bien dice la carrera “no es de velocidad sino de resistencia”.
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LA DEPRESIÓN EN LOS PRESOS POLÍTICOS

julio 7, 2018

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“No hay peor castigo para un preso político que el olvido”
Gonzalo Himiob

Son las 3 de la mañana, me he despertado con muchas ganas de llorar sin razón aparente, la soledad en estás cuatro paredes se hace más profunda cuando me siento enferma y el deseo de ver a mi familia me envuelve. Escucho unas gotas de lluvia a través de la ventana y el olor a tierra mojada penetra mi cuerpo como recordándome que soy libre a pesar de la distancia y de que desde hace cuatro años no he podido volver a casa. “Soy libre”, repito en mi mente, mientras mi corazón se siente preso al no poder estar con los seres que más amo.
Hace algunos años sufrí una depresión severa producto de un estrés emocional. En aquel entonces me explicaron los diferentes tipos de depresiones existentes y al parecer la mía se debía a un desequilibrio en los químicos cerebrales y necesitaría tomar una pequeña dosis de antidepresivos para dejar de sentirme triste, lo cual no sonaba del todo mal hasta que me dijeron que sería de por vida.
No podía creerlo, luego de todo lo que había estudiado y de las veces que me había ido de casa cómo era posible que me dijeran que algo estaba mal en mi cerebro. Tenía que ser un error, un gigantesco y macabro error. Para mí, la doctora era una paranoica a quien debía de complacer para la tranquilidad de mi mamá, así que por un tiempo me tomé mi pastilla diaria hasta que me sentí mejor y las dejé. Desafortunadamente, las ganas de llorar volvieron una y otra vez que trataba de abandonarlas, por lo que terminé resignándome a no poder vivir sin ellas.
En el 2014 me vi obligada a emigrar a los Estados Unidos y en los primeros años me tocó vivir varios eventos traumáticos que me hicieron desear la muerte un par de veces al sentir que era la única forma de salir de aquella pesadilla. Por suerte y con la bendición de Dios logré recibir la ayuda médica necesaria y cuando me sentí emocional y psicológicamente estable comencé a estudiar todo lo referente a la depresión hasta dar con una fórmula para dejar los antidepresivos para siempre.
Para la fecha, llevo casi un año sin ellos, aunque no niego que en varias oportunidades me he sentido tentada por el estrés de estar lejos de mi familia y sola en un país donde cada quien vive su vida sin importarle lo que pase con el otro. Me he juramentado como Defensora Activa de los Derechos Humanos de la mano del Foro Penal y desde entonces me he ido involucrando con diferentes presos y familiares de ellos quienes han tocado mi corazón como nadie.
El ayudar a mis semejantes ha estado en mí, creo que desde que nací, y aunque siempre he estado envuelta directa o indirectamente en diferentes organizaciones no gubernamentales ninguna otra me había llenado tanto como el de abogar por los presos políticos. Cuando escuché que Boris Quiñones, un joven médico intentó quitarse la vida, sentí como si una lanza cruzaba mi alma y en un acto de total desesperación al identificarme con el dolor de aquel hermano me uní a la campaña mediática por su liberación del Foro Penal y todo su equipo.
Desde aquello han pasado varios meses y con gran gratitud hacia el Foro Penal, sus directores y a todas las personas que se abocaron en este caso celebro que Boris hoy esté excarcelado. Sin embargo, al reflexionar sobre la depresión y los presos políticos, vienen a mi mente personas como Lorent Saleh, José Alberto Marulanda, Rosa González y el resto de los inocentes que permanecen secuestrados por el régimen únicamente por pensar diferente.
En la soledad de mi habitación y el frío de la noche mi corazón vuela hacia ellos, se posa en sus camas y cuida sus sueños para protegerlos de la depresión que llega a atacarlos sorpresivamente como una fiera salvaje para robarles toda esperanza al sentirse olvidados. A ellos mi mensaje de amor y por ellos revelo mi historia para que entiendan que aun estando libres podemos ser presa de aquella alimaña.
No hay nada de qué avergonzarnos, somos hijos de Dios, frágiles y sensibles quienes en su momento hemos vivido diferentes grados de sufrimiento que nos han quebrado pero que no nos han vencido, ni lo harán mientras que estemos atentos y listos para defendernos.
En nuestra sociedad la depresión es un tabú y aún en países tan desarrollados como en el que vivo existe un nivel muy alto de personas que luchan día a día contra ella sin decirlo por miedo al desprecio público y así es cuando se ven casos de famosos como Robín Williams y Anthony Bourdain quienes a pesar de tener fama, dinero y amigos en un momento de desolación optaron por el suicidio.
Ni ustedes en esas rejas, ni nadie quien esté haciendo atacado por la depresión, están totalmente solos. Dios siempre está con nosotros y basta con que creamos de verdad para que nos mande un ángel a salvarnos, bien sea a través de la forma de un amigo, un ser querido o hasta un desconocido. Dios nos cuida pero es nuestra decisión aferrarnos a él, mientras los Defensores Activos seguimos unidos y apoyando a sus abogados hasta verlos en libertad, pues como dice el doctor Romero: “No hay que hacer justicia con propia mano, pero está en nuestras manos que se haga justicia”

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ROSA VIRGINIA GONZÁLEZ: UNA FLOR EN CAUTIVERIO

junio 30, 2018

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“No hay que hacer justicia con propia mano,
pero está en nuestras manos que se haga justicia” Alfredo Romero

Anoche salí a caminar por el lugar donde vivo y con la mirada pérdida en mis recuerdos no me di cuenta del carro que venía cuando fui a cruzar la calle. Ante mi cara de espanto el señor me dijo sonriente: “Tranquila, mi camioneta no atropella flores”, lo cual le agradecí enrojecida y apenada por mi imprudencia.
Seguí mi recorrido, reflexionando en que aún existen caballeros y que no todos los hombres nos quieren encerrar por pensar distinto. Ello por las memorias que vinieron a mi mente de las mujeres quienes están presas por haber alzado sus voces en miras de un mejor futuro tanto para ellas como para sus hijos y cuya razón hoy abogo por mis hermanas; sí, mis hermanas porque aunque ni siquiera nos conocemos somos hijas de la misma madre patria y están allí por defenderla.
Desde la distancia me encuentro con Antonieta, madre sentimental de Rosa González quien fue detenida el 13 de enero del 2018 en el centro de Cagua, mientras compraba comida, y llevada al SEBIN de Aragua. Escuché su historia con detenimiento tratando de no llorar cuando me dijo que siendo Rosa inocente fue apartada de su niña de seis años quien no entiende porqué su mamá no está a su lado.
Intento conocerla mejor y Antonieta llena de amor me cuenta que Rosa es una humilde luchadora social, estudiante de Derecho, a quien le gusta disfrazarse de payasita para alegrar a los niños de bajos recursos y que se ha ganado varios reconocimientos en su pueblo por ser un ejemplo a seguir.
La señora Antonieta me muestra las cartas de Rosa hacia Camila, su hija, y al leerlas mi corazón explota ante una mamá desesperada quien le suplica a su pequeña que no la olvide, que entienda que es el amor más grande de su vida y que es precisamente ese sentimiento lo que le da fuerzas para soportar su cautiverio en esas cuatro paredes donde lleva meses sin poder cumplir con sus deberes de madre.
Vuelvo a repasar sus escritos y denoto que una de las cosas que más extraña de su niña es lo mucho que la hace reír con sus ocurrencias infantiles.
Veo la hermosa sonrisa de Rosa en sus fotos en la Web y no logro imaginarme su rostro apagado por el sufrimiento de estar separada de su hija en una cárcel en la que no puede salir a tomar sol, ni ir al baño cuando lo necesita por lo que ha tenido fiebres muy altas y perdido mucho peso.
Antonieta me envía unas fotos de Camila en la que su mirada decaída y triste refleja lo mucho que extraña a su mami a quien no ha podido ver ni abrazar en varios meses. Los llantos de la niña quiebran a sus familiares que ya no encuentran como consolarla mientras les piden clemencia a unos jueces que se han hecho los sordos ante el sufrimiento de otra familia que paga con creces el pensar diferente.
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LORENT Y YAMILE SALEH: DOS CORAZONES SECUESTRADOS EN EL SEBIN

junio 10, 2018

Yamile y Lorent
“No hay que hacer justicia con propia mano,
pero está en nuestras manos que se haga justicia” Alfredo Romero

Dicen que cuando un hijo sufre la madre sufre el doble y basta ver los ojos de Yamile para corroborarlo, una mujer quien a pesar de que está libre su corazón está preso junto al de su retoño en el SEBIN donde ha sido torturado física y psicológicamente sin piedad simplemente por pensar diferente y desear un mejor país donde los Derechos Humanos sean respetados y los jóvenes puedan soñar con un mejor futuro dentro de sus tierras.
Desde el secuestro de Lorent, Yamile se ha convertido en su voz, exigiendo su liberación y la de todos los presos políticos. Una madre que no ha descansado ni descansará hasta que eso suceda porque su alma al igual que la de él tiene sed de justicia y libertad.
Al verla desde lejos se percibe con claridad la imagen de su hijo pero quien logra acercarse descubre que dentro de esa imagen se dibuja el mapa de la pequeña Venecia suramericana, porque amar a su niño es amarlo con todas sus pasiones y la pasión más grande de Lorent se llama Venezuela.
Lorent es un tachirense con sangre árabe, quien desde muy joven sintió el llamado agonizante de su país, un llamado perturbador que lo despertaba en las noches y le suplicaba que luchara por el fin de las injusticias. El llanto de las madres que perdían a sus hijos y los hijos que perdían a sus padres en medio de tanta violencia auspiciada por un gobierno que había prometido que la delincuencia y los niños en las calles se terminarían en un par de años. Así, de un día al otro se encontró en una protesta en las calles, luego en otra de hambre abogando por los presos políticos y después en el exterior rechazando la salida de Venezuela del Sistema Interamericano de Derechos Humanos.
Lorent Saleh se convirtió en muy poco tiempo en un problema para el régimen y como tal debía ser castigado para que tanto el cómo sus seguidores se calmaran. Olvidando que se puede encerrar un cuerpo pero no las ideas y aunque confinen a unos, pronto se levantaran otros, porque los venezolanos amamos a nuestro país y desde donde sea siempre existirá quien desee seguir luchando por esas tierras.
La separación física de Lorent y Yamile representa al resto de las familias venezolanas divididas por la violencia, la cárcel y la distancia. Por otro lado, su unión emocional, simboliza el amor nacido y forjado en aquella nación en la que se ha nacido, crecido y a las que unos se niegan dejar mientras otros añoran regresar.
Hace unos años Lorent atendió el llamado de nuestra patria y con ello, una lanza cruzó el pecho de Yamile. Cientos han caído ante la crueldad del régimen, miles han sido presos injustamente y millones esperan por un salvador que llegue a ponerle fin a esta tragedia.
El amor hacia el prójimo no se obliga, el amor por un país no se exige, el amor por el mundo entero no se puede demandar ni a gritos ni a golpes. El verdadero amor nace de lo más profundo de nuestro ser y brota en acciones tangibles como cuando una madre alimenta con su pecho a su bebé hambriento.
No es cuestión de seguir esperando si no de preguntarnos a nosotros mismos cuanto amor hay en nuestro corazón para ponerlo en acción.
Venezuela nos implora por sus hijos como Yamile nos ruega con sus ojos que ayudemos al suyo.
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GREGORY SANABRIA: UN HIJO DE DIOS TORTURADO EN EL SEBIN

mayo 23, 2018

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“No hay que hacer justicia por propia mano,
pero está en nuestras manos que se haga justicia”
Alfredo Romero

A sus 28 años María Sanabria esperaba con gran emoción a su segundo bebé, un niño que pronto llegaría para llenarle la vida de bendiciones con su hermosa y tímida sonrisa, con alma de ángel y un corazón tan noble que lo haría sacrificarse a sí mismo por el beneficio de otros. Un niño que mientras crecía en su vientre le recordaba lo hermoso que era la vida y por quien valía la pena esperar hasta tenerlo entre sus brazos y cuidarlo por siempre.
Así llegó el 9 de febrero de 1994 y en la ciudad de San Cristóbal, estado Táchira, nació aquel ansiado y amado bebé a quien su mamá llamó orgullosamente Gregory Antonio Sanabria Tarazona.
Sin embargo, el tiempo pasó muy rápido ante los ojos de aquella abnegada madre quien de un momento a otro vio a su hijo llegar al bachillerato y posteriormente empezar a estudiar Ingeniería en Informática en la Universidad Experimental del Táchira (UNET), además de una licenciatura en Teología en el seminario de las Asambleas de Dios pues, nacido en el seno de una familia cristiana desde muy joven Gregory se había enamorado plenamente de Jesús como único camino de salvación y amor al prójimo.
Humilde y muy inteligente, Gregory aprendió a leer música antes del español y a pesar de que era feliz con sus hermanos y su adorada madre, no podía estar tranquilo ante tanta maldad e injusticias cometidas por el régimen de Maduro. Por lo que a partir del 2013 comenzó a luchar por los Derechos Humanos y llevar un mensaje de amor y esperanza en cada protesta a la que asistía.
Desde entonces, su compromiso con la libertad del país se fue profundizando cada día, por lo que su mamá, quien es también su confidente y mejor amiga, le suplicó de rodillas y llorando que abandonara las calles, que no se siguiera arriesgando pues temía que lo mataran o llevaran preso como a tantos otros. Al verla en aquel estado, Gregory intentó complacerla pero, no lograba estar en paz consigo mismo. “Es normal que las madres se preocupen por sus hijos” pensó cuando decidió salir de casa sin despedirse. “Venezuela nos necesita, es hora de que alguien haga algo y si yo no salgo cómo le podré pedir a otros que lo hagan, que la cuiden y defiendan en contra del tirano. No puedo mamá, siento mucho desobedecerte. Tú me enseñaste a creer en Dios y en este momento mi deber con Él es luchar por el oprimido, por el que sufre, por quien nos necesita pues solo cuando vemos en ellos a Jesucristo y salimos a socorrerlos es cuando somos verdaderamente cristianos” reflexionó aquel gocho ya en camino a las protestas.
Así pues, comenzó a relacionarse con los jóvenes que al igual que él salían a las calles esperando alcanzar la libertad y el bienestar para todos en una nueva y mejor Venezuela, ganándose muy pronto el respeto y cariño de sus compañeros durante los meses de protestas en las que le tocó correr y esquivar los innumerables perdigones, balas y bombas lacrimógenas con las que fueron atacados por el régimen durante sus protestas pacíficas las cuales solo dejaron muchos heridos, muertos y presos políticos en todo el país.
Al enfriarse las calles, desilusionado y aceptando la voluntad de Dios, regresó a casa con su familia para seguir orando, estudiando y ayudando en el mantenimiento y limpieza de la universidad, actividad que precisamente hacía el siete de octubre del 2014 cuando fue detenido y acusado de conspiración para la rebelión y querer cambiar violentamente la Constitución junto al alcalde de Caracas Antonio Ledezma, Lorent Saleh, Gabriel Valles, Juan Giraldo y Jhosman Paredes a quienes para la fecha no conocía en persona.
Desde entonces su vida pasó bruscamente de los brazos tiernos de su mamá y un aula de clases a una celda desde la cual no tiene ni una ventana para ver la luz del día. Durante los primeros interrogatorios fue torturado con bolsas, electricidad y golpes. Sus visitas fueron reducidas al mínimo desde un principio y sus familiares más cercanos han sido obligados a dejar el país por la persecución que han tenido del régimen, teniendo como único refugio para su sanidad mental y emocional ese Dios que su mamá le dio a conocer desde muy niño.
El pasado 16 de mayo, Gonzales López y Carlos Calderón, ordenaron que lo golpearan terriblemente, causando una gran ira y protesta por parte de todos los presos del SEBIN. Un drama que aún sigue llenando de lágrimas los corazones de los demócratas alrededor del mundo por lo que en unísono y junto a todos sus seres queridos exigimos su libertad.
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